Dirigir II Blog Antonio Argandoña Profesor del IESE

En una entrada anterior inicié una explicación de la tarea de dirigir, que acababa en el contenido ético de esa tarea. Continuo desarrollando esta idea.

Para la tarea de dirigir, el desarrollo de virtudes o vicios es importante por varias razones:

El directivo debe saber que los aprendizajes morales se producen siempre, en los que toman las decisiones, los que las autorizan, los que tendrían que promoverlas o impedirlas, los que las ejecutan y, a menudo, también en los que las observan, y esto ocurre tanto si el decisor lo sabe y lo tiene en cuenta como si no.
Los aprendizajes morales se producen a partir del para qué de las acciones, es decir, de la intención del agente. Por eso no se puede juzgar la moralidad de una acción (por ejemplo, una donación a una persona necesitada) solo por su resultado externo (la necesidad atendida), sino que hay que considerar también la intención del agente (por compasión para con esa persona o por vanagloria y lucimiento personal).
Toda decisión se debe evaluar desde diversos puntos de vista: por sus resultados económicos y psicológicos, por los aprendizajes operativos, y también por los evaluativos o éticos. No basta que la decisión sea económicamente apropiada, sino que debe ser correcta desde todos los puntos de vista, y conseguir esto es responsabilidad del directivo.
Las consecuencias de esos aprendizajes no son automáticas, sino que dependen de la calidad moral de las personas y de la organización, es decir, de su misión y objetivos, estructura organizativa, incentivos y cultura, así como de las circunstancias del momento (crisis económica, euforia por los éxitos, dificultades financieras, conflictos, etc.).
Las decisiones tienen consecuencias en la conciencia de cada uno, pero van más allá. Por ejemplo, el empleado al que su jefe le ordena mentir al cliente puede recibir la aprobación de sus superiores, pero ha aprendido a mentir, y puede considerarse autorizado a mentir a la empresa – y su jefe no entenderá la relación entre aquella orden y esas consecuencias. Una decisión que provoque aprendizajes evaluativos negativos se llama inconsistente, porque da lugar a cambios de conductas que sabemos que se producirán, pero no cómo, cuándo y con qué consecuencias, entre otras razones porque esto dependerá de factores como la frecuencia y signo de esos aprendizajes, del grado de confianza que se haya desarrollado en la organización, de lo que esté ocurriendo en el entorno de la empresa, etc.
Las decisiones no se presentan aisladas; muchas forman parte de estrategias, políticas o proyectos continuados o repetidos; en otras se produce una interacción repetida entre el directivo y el empleado y, en todo caso, sus consecuencias quedan en el agente. De modo que la evaluación de una acción se proyecta en el tiempo. Salvo en algunas decisiones puntuales de gran importancia, lo relevante no es el contenido moral de cada una de ellas, sino el carácter del agente.
Las responsabilidades morales de los directivos van más allá de sus decisiones personales concretas, porque alcanzan también a la misión, la organización, la estructura, los incentivos y la cultura de la empresa. Los directivos que quieren crear y mantener organizaciones éticas tienen que conocer cómo se pueden desplegar estructuras, sistemas, personas y culturas que hagan posibles las conductas éticas y dificulten las no éticas.
Los Comentarios de la Cátedra son breves artículos que desarrollan, sin grandes pretensiones académicas, algún tema de interés y actualidad sobre Responsabilidad Social de las Empresas.

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