Creando buen ambiente en el trabajo ||Blog Antonio Argandoña

Ya sé que muchas empresas tratan de crear buen ambiente en el trabajo. Pero la lectura de una entrada en un blog me sugiere hacer una recomendación a mis lectores. La entrada (aquí en inglés)la escribe una abogada laboralista, y consiste en la sugerencia de tener un código de conducta para los empleados. No el típico código ético, en el que aparecen unos cuantos deberes de la empresa (trato digno, no discriminar, respeto a las minorías, conciliación trabajo-familia) y otros cuantos (a veces, muchos) deberes de los empleados (evitar el conflicto de intereses, no aceptar regalos que puedan suponer un soborno, no hacer negocios que puedan suponer competencia a la empresa, no utilizar indebidamente los activos y recursos de la empresa…).

Se refiere a un código de conducta para las relaciones entre empleados, con temas como ser sincero y honesto en el trato, evitar conductas ilegales o no éticas (se supone que los empleados ya saben cuáles son), cumplir los compromisos y obligaciones, asumir la responsabilidad de la conducta propia… Vamos, lo que debieron aprender en su casa, cuando eran pequeños, aunque, por lo que parece, nadie se lo enseñó.

Me parece que hacer del lugar de trabajo un ámbito agradable forma parte de la Respnsabilidad social de la empresa, incluso de los deberes morales de la organización hacia su personal. Lo de un código de buena conducta no lo veo claro: entra dentro de la mentalidad juridicista de convertir la ética y la Responsabilidad social en un conjunto de deberes, elaborados más o menos democráticamente, pero exigidos de manera más o menos coactiva.

En cambio, me parece que es bueno que la dirección, sobre todo la dirección de personas, tenga siempre en cuenta que ese ambiente laboral forma parte de los derechos de los trabajadores (aunque no estén en el Estatuto de los Trabajadores), y que son necesarios para conseguir que los empleados se sumen a los objetivos de la empresa. Porque, no lo olvidemos, la empresa es una comunidad de personas que participan de unos objetivos comunes, por razones que pueden ser muy diferentes en cada caso. Y esos objetivos incluyen ese ambiente en el que se respeten los derechos humanos y laborales (esto es el mínimo), las personas aprendan (conocimientos, capacidades, actitudes y valores), reciban satisfacciones, aprendan también a pensar en los demás (en los clientes, claro, pero también en los colegas) y, en consecuencia, a incorporar todo esto a su práctica diaria. ¡Ah!, y esto no debe convertirse en un ejercicio de relaciones públicas. Y si mi lector se dedica a estas cosas, no me pregunte cómo se hace, porque ese es su deber: personal, profesional y ético.

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