Las católicas practicantes y el uso de anticonceptivos

A raíz del pulso entre los líderes religiosos y el gobierno de Obama con motivo de la polémica sobre la obligación de financiar anticonceptivos en todos los seguros médicos, la Casa Blanca defendió su política alegando que hasta el 98% de las mujeres católicas habían usado métodos contraceptivos. Si eso fuera así, ¿por qué los obispos ponen el grito en el cielo? ¿Acaso no han desertado de sus filas en este asunto sus propias correligionarias?

El dato del 98%, continuamente citado, se reveló más como un rumor político que como una estadística real. Quienes analizaron el estudio del Guttmacher Institute [de donde procedía el dato] señalaron que la muestra era selectiva y sus conclusiones contradictorias (cfr. Michael Cook, “Fudging the figures on contraception”, MercatorNet, 14-02-2012).

Para empezar, se basaba en una encuesta realizada entre mujeres de 15 y 44 años, de modo que no podía decir nada sobre las mayores de 45. Por otra parte, una tabla mostraba que el 11% de las católicas sexualmente activas que no querían quedarse embarazadas no empleaban método contraceptivo alguno.

Las católicas practicantes han sido influidas más por la cultura popular que por las enseñanzas de la Iglesia sobre la sexualidad y la reproducción

Qué dicen las católicas que van a la Iglesia

De todos modos, nadie pretende negar que muchas mujeres católicas discrepan de la enseñanza de la Iglesia sobre los anticonceptivos. No hace falta que vengan el Guttmacher Institute ni la Casa Blanca a contárnoslo. Tampoco necesitamos que nos expliquen por qué a muchas católicas que nunca van a la iglesia no les preocupa lo más mínimo una de sus enseñanzas morales más arduas.

Lo que no sabemos es por qué algunas católicas practicantes que asisten a misa –y a veces incluso, aunque sea ocasionalmente, a la Confesión– piensan que pueden rechazar esa enseñanza.

¿Tienen las madres católicas practicantes una idea adecuada sobre la enseñanza de la Iglesia en lo relativo a la planificación familiar? Después de cuatro décadas de discrepancia sería sorprendente que todas la tuvieran. Y cuando esa enseñanza es presentada de manera correcta a católicas practicantes, ¿están más receptivas?

Cuando se ha encuestado a las mujeres católicas sobre este asunto siempre se les pregunta “si han utilizado alguna vez” los métodos anticonceptivo. Pero nadie ha preguntado a las católicas practicantes que no siguen las enseñanzas de la Iglesia sobre la planificación familiar por qué no lo hacen. Esto es lo que se plantea un nuevo estudio, What Catholic Women Think About Faith, Conscience, and Contraception, cuyas autoras son Mary Rice Hasson, abogada e investigadora en el Ethics and Public Policy Center y directora del proyecto “Women, Faith, and Culture”, y Michele M. Hill, codirectora del mismo proyecto.

Cerca de una de cada cuatro mujeres que asisten a misa de forma habitual muestran interés en aprender más sobre los métodos naturales de planificación natural

Aceptación y rechazo

Para responder a esta pregunta, la empresa especializada en sondeos Woman Trend realizó una encuesta nacional por Internet a mujeres católicas practicantes de entre 18 y 54 años, entre los meses de junio y julio del año pasado. (Las autoras advierten que los resultados del estudio son preliminares, pues aún falta completarlos con las conclusiones que se extraigan de unos grupos de discusión y unas entrevistas en profundidad a otras 100 mujeres).

De las 824 mujeres encuestadas, la mitad asiste a la iglesia al menos una vez a la semana. La otra mitad va a la iglesia menos de una vez a la semana, pero al menos asiste varias veces al año.

Las respuestas indican que, por lo menos en este asunto, estas católicas practicantes han sido influenciadas más por la cultura popular que por las enseñanzas de la Iglesia sobre la sexualidad y la reproducción. El 85% de las encuestadas creen que pueden ser “buenas católicas” incluso si no aceptan algunas de estas enseñanzas, incluidas el 37% de las que las rechazan por completo.

El panorama, por supuesto, pinta mejor entre quienes asisten a misa de forma habitual. Entre las jóvenes (18 a 34 años) que asisten semanalmente, el 27% acepta por completo las enseñanzas de la Iglesia. Y entre quienes asisten semanalmente a misa y a la vez se confesaron alguna vez el año pasado, ese porcentaje aumenta hasta el 37%. Solo el 24% de las mujeres que van a misa semanalmente rechazan por completo las enseñanzas de la Iglesia sobre la anticoncepción, y entre las que se confiesan ese porcentaje cae al 12%.

De todos modos, incluso entre la mayoría discrepante no todas están cerradas al mensaje de la Iglesia. Hasson y Hill señalan que cerca de un tercio de este grupo de mujeres creen erróneamente que la Iglesia les reconoce el derecho a que ellas decidan qué métodos de planificación familiar son los moralmente aceptables. Muchas no rechazan que la autoridad de la Iglesia tenga algo que decir.

Principales razones para la contracepción

A veces por error y otras por convicción, el 53% de las mujeres que discrepan en parte o por entero de las enseñanzas de la Iglesia sobre la contracepción invocan un “derecho moral” de las parejas a decidir qué método de planificación familiar pueden emplear.

Hay otras dos razones que aparecen citadas con frecuencia. El 46% dice que las mujeres tienen “el derecho a disfrutar del placer sexual sin preocuparse del embarazo”; y el 41% piensa que los métodos de planificación familiar natural no son efectivos para espaciar o posponer el embarazo.

Las autoras creen que detrás de estos puntos de vista hay dos dinámicas: la influencia de una corriente cultural dominante que tiende a separar el sexo y la procreación para prometer “el placer sexual sin consecuencias”, y las carencias por parte de la Iglesia en la presentación de la doctrina en esta materia.

Esto último se puede deducir del hecho de que el 72% de las encuestadas confían en que pueden aprender algo sobre la fe en las homilías de la misa del domingo, pero solo el 15% de las de ese grupo acepta plenamente las enseñanzas de la Iglesia sobre la sexualidad y la reproducción. La homilía dominical, dicen las autoras, “parece una oportunidad perdida para formar la conciencia en el tema de la contracepción”.

Respecto a las influencias culturales, parte del escepticismo sobre los métodos de planificación familiar natural parece responder (si bien las autoras no dicen nada de esto) a la mala fama que les cuelgan de forma sistemática la mayoría de los planificadores familiares de moda y los medios de comunicación.

Más receptivas de lo que parece

Sin embargo, las mujeres católicas pueden ser más receptivas a las enseñanzas de la Iglesia de lo que parece a primera vista. Un dato importante que revela el estudio es que las encuestadas están más predispuestas a tener hijos que la estadounidense media. En concreto, el número medio ideal de hijos para las católicas practicantes es 3,5 (o 4, si el dinero no fuera un condicionante), mientras que el de la estadounidense media es 2 o menos.

Dicen también las autoras que “cuando las enseñanzas de la Iglesia sobre la planificación familiar se presentan de forma adecuada, muchas mujeres católicas tienden a no rechazarlas por completo”.

A este respecto, cabe distinguir tres grupos de mujeres: “las fieles”, que aceptan plenamente las enseñanzas de la Iglesia y representan el 13% en la encuesta; “las discrepantes”, que rechazan por completo esas enseñanzas y son el 37%; y el “medio flexible”, que acepta algunas partes y rechaza otras. Además, hay que tener en cuenta que un número significativo de mujeres situadas en ese “medio flexible” (cerca de la mitad de las que van a misa una vez a la semana) se muestran receptivas a aprender más de las enseñanzas de la Iglesia sobre la contracepción y los métodos de planificación familiar natural.

Una oportunidad para la Iglesia

Como apuntan las autoras, la buena voluntad manifestada por muchas mujeres del “medio” representa una oportunidad para la Iglesia; los métodos de planificación familiar natural puede ser un buen punto de partida para transmitir la enseñanza de la Iglesia sobre la procreación.

Cerca de una de cada cuatro de quienes asisten a misa de forma habitual muestran interés en aprender más sobre estos métodos. Sería interesante escuchar a otras parejas sobre sus beneficios para la salud y la relación; qué dicen sobre ellos los médicos; qué ventajas tienen desde el punto de vista científico… En opinión de las autoras, estos puntos de vista pueden ser más persuasivos que los espirituales o doctrinales.

A la vez que muestran la buena disposición de muchas mujeres católicas, las autoras advierten a los pastores de la Iglesia que su tarea de formación no es en absoluto sencilla. La encuesta muestra que el 10% de las mujeres que practican han abortado (cifra que está por debajo de la media nacional), y el 17% de las mujeres más jóvenes ha recurrido a la contracepción de emergencia. Esto significa que la Iglesia tiene que informar mejor sobre los posibles efectos abortivos de la contracepción de emergencia “a la vez que argumenta de modo más convincente que la contracepción en sí misma está mal”.

Los obispos católicos se han opuesto al mandato anticonceptivo del gobierno de Obama. Denuncian que es un ataque al libre ejercicio de la religión al imponer –también a instituciones de inspiración religiosa– la obligación de financiar anticonceptivos, la píldora del día siguiente y la esterilización en el seguro sanitario.

Pero a la luz de las conclusiones del estudio What Catholic Women Think…, el mandato de la reforma sanitaria de Obama quizá pueda ser una bendición disfrazada. Al forzar a que la contracepción se coloque en el primer plano de la agenda pública de la Iglesia, esta tiene una oportunidad de oro para explicar y entablar una conversación con sus fieles sobre este asunto; el tipo de oportunidad que quizá no había tenido desde que Pablo VI promulgó en 1968 la encíclica Humanae Vitae.

El estudio realizado por las directoras del proyecto “Women, Faith, and Culture” muestra que esta conversación hace tiempo que debería haberse llevado a cabo.

Carolyn Moynihan es
subdirectora de MercatorNet,
donde se publicó originalmente este artículo (14-09-2012)

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