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¿Has estado alguna vez en Perú?
Publicado el 17/11/2014 por blogfamiliaactual
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¿Has estado alguna vez en Perú?Dicen que la distancia es el olvido. Es verdad. La distancia, en sus múltiples formas, suele ser motivo de muchas crisis de pareja: “Es que nunca está en casa”, “Sin darnos cuenta, nos empezamos a distanciar el uno del otro”, “Hace siglos que no salimos solos los dos”. Si no se hace nada, esos motivos tienden a consolidarse en razones que convierten la distancia en un abismo.

Al principio, no le damos importancia a ese imperceptible distanciamiento que nos está llevando sin darnos cuenta hacia una pendiente perversa, la cual nos va alejando lentamente de nuestra pareja. Dependiendo de su inclinación lo notaremos antes o después. A veces, no se activa esa pendiente (ya hemos dicho que es perversa), sino que ese distanciamiento se instala en nuestra relación sin provocar crisis alguna, sin que notemos siquiera que pase nada, pero sí que pasa, porque no estamos siendo como pareja todo lo felices que podríamos ser.

Esa distancia que dejamos que se vaya insertando en nuestra relación no es sino tibieza, esa enmascarada enemiga de la virtud y de las relaciones humanas. Lo achacamos a “la costumbre”, al “aburrimiento”, al “exceso de trabajo”, y seguimos pensando que el socorrido “pero yo te quiero” o el “basta con que nos queramos” son suficientes para apuntalar un arco que tiene que sostener el peso de los años.

La tibieza hace que desatendamos lo importante, que no tengamos en cuenta esos detalles que llenan una relación, que no nos miremos a los ojos, que no nos paremos de vez en cuando con el fin de que no se detenga el crecimiento de nuestro amor; así se depositan pequeñas partículas de arena, las cuales van formando muy poco a poco un delta que acaba separando la rivera en dos corrientes.

La forma de eliminar ese mortal sedimento pasa por desbordar el río, por no dejar que se instale la tibieza en nuestra relación. Es lo que propone la campaña publicitaria que lanzó hace un par de años el gobierno de Perú. Los anuncios son tan hermosos como el país que dan a conocer y algunos transmiten emociones e ideas que nos pueden servir en nuestra vida.

El anuncio en cuestión presenta a un alto ejecutivo que recibe un paquete remitido por él mismo hace veinte años. Contiene un vídeo que grabó en su juventud en un viaje a Perú. “Si eres feliz –se dice a sí mismo–, apaga este vídeo”. No lo hace, sino que sigue viéndose y escuchándose: “La vida es una sucesión de momentos y depende de ti cómo los vivas”. En pocos segundos, el hombre maduro y satisfecho se da cuenta de que, mientras ha triunfado profesionalmente, ha ido dejando que la tibieza fuera echando tierra en la relación con su mujer. “Recuerda cuando vinimos a Perú”, oye que le dice ese joven que fue. Acaba el vídeo y llama a su casa; para asombro de su esposa, no le dice como tantas veces que volverá tarde, sino únicamente le pregunta: “¿Has estado alguna vez en Perú?”.image

Para que no se asiente el acomodamiento, la rutina y la tibieza en nuestra relación, para que no crezca la distancia, para que nuestra rivera lleve siempre una corriente impetuosa, tenemos que hacer cosas juntos, dedicarnos tiempo, salir solos, buscar momentos de intimidad. No hace falta irse hasta Perú… aunque ¿por qué no?

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