El corazón está en nuestro inconsciente ||Blog Nuria Chinchilla profesora del IESE

El martes pasado en la sesión mensual del IESE Women’s Lobby contamos con la presencia del doctor Francisco Moya. Cuando charlábamos unos minutos antes en mi despacho, el dr. Moya me pidió que lo presentara como radiólogo (rama de la medicina que ha ejercido durante décadas) y paseante por el inconsciente:

“Cuando empiezas a pasear por el inconsciente descubres un mundo nuevo. Es como bucear. Hasta que no te sumerges, no sabes qué es lo que te vas a encontrar. Cuando llegas al corazón de las personas, descubres grandes cosas, por eso nunca debes juzgar, porque siempre te vas a equivocar.“image

El inconsciente, afirma, es un tirano que no parará hasta que nos demos cuenta de que algo pasa en nuestro centro. Por eso, el dr. Moya afirma que él no cura nada. Es la enfermedad la que te da un mensaje que debes escuchar: llevas dentro la curación.

“La enfermedad es un producto fabricado íntegramente por el Inconsciente, es una expresión de las emociones de la Persona. No podemos entender el origen y la evolución de la Enfermedad sin adentrarnos en el mundo Zeta. Si el desperfecto se ha producido en las profundidades, no podremos repararlo sin las herramientas propias de la profundidad Zeta. Por mucho que lo intenten las armas de la Razón, no conseguirán solucionar el problema; conseguirán un tratamiento sintomático, superficial, pero nunca llegarán a la causa profunda. Porque las emociones son el origen de todas las enfermedades, que serían una señal de alarma que el inconsciente nos envía para que solucionemos un conflicto emocional. Durante ese proceso, si se resuelve la causa emocional, el cuerpo será capaz de autosanarse.”

“Es nuestra emoción la que mueve los procesos moleculares. La simple observación sería suficiente para soportar esta inversión de la visión biológica, pero la ciencia oficial parece que nos ciega: cualquiera puede observar que se le pone “la cara roja” de forma inconsciente cuando siente una emoción de vergüenza y que, posteriormente, se da cuenta de que se ha puesto rojo. Cuando alguien tiene un examen puede tener diarrea, efecto ancestral de la emoción del miedo al enemigo que requería vaciar el intestino para alejarse más ágil del peligro. Ante un suceso contrario fuerte nos quedamos paralizados “con los pies pegados al suelo”; es la misma emoción próxima a la muerte que provoca en los animales inferiores un movimiento biológico definitivo como último recurso para conservar la vida: hacer de Don Tancredo para que la falta total de movimiento consiga que el depredador nos confunda con un objeto inanimado. En este caso la emoción paraliza hasta la musculatura voluntaria del mundo racional.”

La práctica del dr. Moya consiste en bajarnos hasta el inconsciente, manteniéndonos conscientes (“exploración consciente del inconsciente”), y una vez ahí, por medio de símbolos, ir “leyendo” esas emociones. Las emociones han de ser compensadas por la razón. Encontraremos improntas de actos, personas, acontecimientos… que han ido dejando huella en nosotros. Se trata de desimprontarnos para liberarnos de esos síntomas o enfermedades que el inconsciente -la emoción, nuestro centro- va mandando a nuestro cuerpo. El inconsciente escribe en mi cuerpo.

El dr. Moya trabajó durante muchos años centrado en las máquinas radiólogicas, dando la espalda al paciente. Hasta que empezó a sentir que quería ver a la persona. Veía a su alrededor, en el mundo médico, un interés eminentemente tecnológico y no humano. Pero tratamos a personas, no a máquinas. Somos únicos, cada uno tiene grabadas en el centro de su persona una serie de improntas que podemos recuperar. Si bajamos la frecuencia de nuestras ondas encefalográficas podemos recuperar esos momentos, esas vivencias, traerlas al presente y permitir que nuestra razón nos diga lo que hay que cambiar. Se trata de llegar a la raíz, tras cualquier llamada que nuestra psique nos haga, por medio de síntomas. Entonces hay que bajar hasta la onda Zeta y cambiar. Si no cambiamos, nuestro cuerpo va compensando, y de ahí que al librarnos de un síntoma o enfermedad, por ejemplo, con cirugía, la impronta no borrada que continúa en nuestro inconsciente envíe otros síntomas. Porque no hemos cambiado aquello que sabemos que nos produce los síntomas. Eso sí: solo cada uno de nosotros podrá decidir cambiar y llevarlo a cabo. Nadie más. Por eso el dr. Moya asegura que él no cura a nadie: tenemos la curación dentro de nosotros.

En este vídeo tenéis recogida la mayor parte de su intervención.

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