La educación está en peligro: la sucesión de 8 leyes diferentes ya hace mella en los estudiantes

Fuente: The Conversation.Fernando Tomé Bermejo: Prof. Doctor en Economía y Vicerrector de estudiantes y empleabilidad, Universidad Nebrija.

De manera recurrente se activa en los medios de comunicación el debate sobre la próxima reforma de la ley educativa. Es entonces cuando se extiende el uso del acrónimo de turno: LOECELOGSELOE, etc., para denominar a la ley que nos espera. 

Lo hemos vivido ocho veces en los últimos 40 años, con una duración media de cinco cada ley desde 1980. Cambios discutidos en temarios, asignaturas, debates en torno a la religión, la ética, la educación para la ciudadanía y la permanencia de la educación concertada. 

Desde el comienzo del actual periodo democrático hasta hace ocho años, el acuerdo para lograr una ley educativa estable dependía de las negociaciones bipartidistas entre Partido Popular y PSOE. Desde 2014, la progresiva irrupción de nuevas fuerzas políticas –el multipartidismo– ha complicado la posibilidad de ese acuerdo educativo de largo plazo.

Si a esa volatilidad de las leyes educativas sumamos el proceso de transferencias educativas a las comunidades autónomas, con un hito ineludible en la Ley Orgánica 9/1992, de 23 de diciembre, configuramos el actual puzle educativo. 

Un conocimiento fragmentado lustro a lustro

Una sucesión de generaciones educadas con leyes educativas diferentes, con un grado creciente de diferenciación por comunidades autónomas, que nos fragmenta en el conocimiento lustro a lustro, ley a ley y por comunidades autónomas.

Esta creciente diferenciación de lo que sabemos, combinada con los datos del porcentaje de población joven (de entre 20 y 24 años) que ha terminado la educación secundaria –un 75 %, según la Encuesta de Población Activa– presenta una paradoja destacable. 

Cuando alcanzamos el mayor porcentaje de población joven con un nivel educativo de secundaria, un elevado porcentaje de ese mismo segmento poblacional manifiesta ignorancia sobre lo sucedido durante la Transición a la democracia. 

El 75 % de los jóvenes no sabe quién es Tejero

La mayoría de los jóvenes (el 75 %) de entre 18 y 34 años no sabe quién es Antonio Tejero, mientras que el 60,4 % no sabe qué pasó en el intento de golpe de estado en 1981, según el estudio realizado por NC Report en febrero de 2021.

Para completar el panorama de la educación juvenil y el grado de formación, según el último informe del Consenso Económico (primer trimestre 2021), elaborado por la consultora PwC, Los jóvenes, la formación y el empleo en España, la tasa de paro entre 16 y 24 años ha alcanzado el 38 %, muy superior al de la mayoría de los países europeos. 

Además, para edades algo más altas de jóvenes, su desempleo también excede del conjunto de España: para los de 16 a 34 años, en media de 2020, se situó en el 24 %, el doble que la de los activos de 35 y más años. Según Eurostat, los jóvenes españoles muestran un peso excesivo de los estudios primarios y terciarios, en cambio, una manifiesta insuficiencia de los secundarios.

Más desempleo a más formación

Es decir, que cuando más elevado es el porcentaje de formación logrado por la población española, más elevada es también la cifra de desempleo juvenil, quizá por una formación alejada de las profesiones, combinada con desconocimiento de nuestra reciente historia. Es una población cualificada, carente de competencias profesionales demandadas por el mercado laboral técnico y con lagunas en conocimientos básicos de nuestra historia reciente.

¿Cuáles son esas carencias con las que llegan los estudiantes a la universidad? Obviamente, las derivadas de un sistema educativo poco duradero y fragmentado. Acumulamos décadas sin afrontar la educación con perspectiva de largo plazo y la concesión de transferencias en materia educativa ha incrementado las diferencias entre los estudiantes que llegan a la universidad. 

Antes compartíamos carencias, todos veníamos de un único sistema educativo nacional, sostenido en el tiempo. Ahora las carencias dependen del rendimiento académico del estudiante, de la comunidad autónoma y de los ocho cambios legislativos en materia de educación desde 1980.

¿Qué se debería aprender en secundaria?

¿Podríamos determinar qué conocimientos deberían tener y no obtienen en la ESO y Bachillerato nuestros jóvenes? Pregunta compleja de respuesta compleja. Antes, ahora, y probablemente en el futuro, podremos determinar posibles carencias diversas de conocimiento de los estudiantes que llegan a la universidad, pero no parece posible generar una lista concreta, cerrada y de común acuerdo al respecto. 

Lo que para algunos profesores universitarios es una carencia, para otros no, y esa discusión da para mucho. Ahora bien, que además no todos tengan carencias similares dificulta aún más la adecuación a la universidad.

Solo se estudia el último cuarto del siglo XX

¿Por qué no conocen los últimos acontecimientos? En algunas comunidades autónomas no se imparte el último cuarto del siglo XX hasta segundo de Bachillerato, lo que supone que los que no alcanzan ese nivel de educación no lo han visto nunca en clase. 

Un 24 % de la población no ha finalizado la educación secundaria, según la encuesta de población activa, y un porcentaje de ellos no asimila todos los conocimientos adecuadamente, según el informe PISA. A eso hay que añadir la fragmentación educativa por comunidades autónomas. 

Esto explica que los acontecimientos más recientes escapen al conocimiento general de un porcentaje significativo de los menores de 30 años. Bien es verdad que pueden acceder a la información por internet, pero dejamos en ellos esa responsabilidad.

¿Explica esto el elevado desempleo juvenil español, comparado con los niveles medios de la UE? No, para eso se deben revisar en profundidad las causas de ese mencionado espacio de formación profesional, aún no cubierto.

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