¿Y si aprovechamos el verano para aprender de forma diferente?

Fuente: Padres y colegios.

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SILVIA ÁLAVA // PSICÓLOGA //


Se acerca el verano y las vacaciones están a la vuelta de la esquina. Tanto niños como adultos, estamos deseando iniciar el periodo de descanso. Sin embargo, eso no significa que durante el periodo estival los niños dejen de aprender.

El cerebro no entiende de vacaciones y está preparado para aprender los 365 días del año. Eso no significa que debamos cargar a nuestros hijos y alumnos con una gran cantidad de tareas durante las vacaciones, sino que podemos invitarles a aprender de forma diferente. Así, podemos:

Aprovechar para favorecer la capacidad de investigación y trabajar el aprendizaje por proyectos. Podemos invitarles a hacer un reportaje, completamente libre, como ellos quieran, del lugar donde están de vacaciones. Da igual que sea el pueblo, la playa o la montaña, o como si este año se han tenido que quedar en casa. El objetivo es investigar acerca de ese lugar. Su pasado, los personajes históricos que allí vivieron, las batallas que tuvieron lugar… o puede que sea un nuevo barrio residencial y puedan investigar cuándo y cómo se formo, si se hizo para cubrir nuevas necesidades… Todo es válido. No es necesario darles unas pautas a seguir, dejemos que trabaje su imaginación, el objetivo es que disfruten de la tarea de investigación, que se vean inmersos en el proceso creativo y que sea su trabajo, no el de los adultos que les rodean.

Si quieren hacer un documental sobre la vida actual del pueblo, sus habitantes, con entrevistas a los vecinos, a los tenderos, el panadero, el pescadero, el carnicero… también vale. Se trata de que vean que hay formas diferentes de aprender y que todas son válidas. Que aprender no es sólo memorizar datos, sino resolver problemas, querer saber y conocer.

Que libremente escojan su forma de presentar los datos de su investigación, bien sea haciendo un mural, una obra de teatro, un reportaje grabado, una presentación con soporte informático, una guía de la ciudad… evitando el estrés de la calificación que obtendrán. No se trata de un trabajo para una asignatura, que cuente para nota, sino que se trata de una investigación para aprender, para acercarles la cultura y el conocimiento, para que sean ellos quienes dirijan su trabajo, y quienes tomen las decisiones, que puedan expresar su criterio, y que nos expliquen porque han querido hacerlo así. Si saben que el trabajo será evaluado, quizás les haga perder espontaneidad. ¡Cuantas veces los niños y adolescentes hacen las cosas por quedar bien o por la nota!

Además de esta forma potenciaremos la “motivación intrínseca”. Es decir, el trabajo no servirá como un medio para conseguir algo, como una buena nota, un premio de papá y mamá… sino para deleitarse en el placer de hacerlo, de querer superarse y favorecer el sentimiento de orgullo y de satisfacción por el trabajo bien hecho.

Y sobre todo, evitaremos la comparación. No se trata de un concurso para ver quien hizo el mejor trabajo, o una competición por ver quien saca las mejores notas. Sabemos que compararnos con los demás sólo nos sirve para comprar todas las papeletas de “la rifa de la infelicidad”. Fomentar la competitividad puede conllevar sentimientos de frustración y un perfeccionismo que no ayuda a dar la mejor versión de nosotros mismos, sino que nos lleva a sentir decepción, tristeza y enfado.

Existen dos tipos de comparación:

  • Hacia arriba, cuando nos comparamos con gente que tiene más cosas y/o que es mejor en una habilidad en concreto. (No se puede ser mejor en todo), entonces nos sentimos en inferioridad y esto puede afectar a nuestra seguridad y nuestra autoestima.
  • O hacia abajo: hay personas que lo que hacen entonces es rodearse de gente inferior en algunos aspectos. Así se auto engañan y piensan que son mejores en una determinada asignatura, al jugar al fútbol… como si eso les fuera a proporcionar un “extra” de felicidad o autoestima, cuando en absoluto es así.

Se trata por tanto de hacer las cosas lo mejor posible, que cada niño y cada niña esté orgulloso del trabajo que ha hecho, que sienta que lo hizo de la mejor forma posible y que se esforzó. De esta forma, además de aprender durante el proceso fomentaremos su seguridad, su confianza y su autoestima.


Para aprovechar al máximo el potencial del aprendizaje, quizás también podemos preguntarles:

  • ¿Por qué elegiste ese tema?, que tengan claro en todo momento el objetivo que querían cubrir, y si creen que lo han conseguido.
  • ¿Por qué tomaron esas decisiones? De esta forma aprenderán a exponer sus ideas y a defenderlas, algo fundamental para su futuro.
  • ¿Si tuvieron algún percance, y cómo lo solucionaron? En ocasiones las cosas no salen como teníamos previsto, la inteligencia está más relacionada con la capacidad de resolver problemas que con la de memorizar datos.
  • Y por último, en el caso de que tuviesen que volver a realizar el proyecto, ¿qué cambiarían? El objetivo es fomentar el pensamiento crítico y la capacidad de autocorrección. Sabemos que el aprendizaje se consolida mucho mejor cuando nosotros mismos nos damos cuenta de nuestros errores y somos capaces de corregirlos, que cuando la corrección proviene de otra persona.