¿Qué te parece lo de Chipre?

Publiqué hace un par de días una entrada titulada “¿Qué te parece lo de Chipre?” (aquí), que ha merecido unos cuantos comentarios de mis lectores, por lo que me ha parecido conveniente dedicarle una segunda entrega. Y, como soy un profesor, dejadme que la plantee en términos profesorales, como si fuese una clase.

Antonio Argandoña.-Profesor del IESE

Antonio Argandoña.-Profesor del IESE

  1. Pensemos en lo que le pasa en una empresa cualquiera que entra en concurso de acreedores o está en quiebra (sus activos son menores que sus pasivos): el juez ordena su liquidación, se venden sus activos y se dedica la suma recogida a pagar a los acreedores, de acuerdo con una prelación que establece la ley; los últimos en la cola son los propietarios; si no queda nada, ellos han perdido todo su capital; si aun así no hay para que todos los demás cobren, algunos de estos perderán parte de su dinero.
  2. Si un banco quiebra, ocurrirá lo mismo: se venderán sus activos y se dedicarán a pagar a sus acreedores, de acuerdo con el orden de prelación establecido por la ley. Los depositantes etán protegidos por el Fondo de Garantía de Depósitos, de modo que cobran directamente de este (dentro de los límites de la garantía, 100.000 euros ahora en Europa); el Fondo se convierte ahora en acreedor del banco quebrado, de modo que se pone a la cola para cobrar su parte, o mejor, el Fondo es ahora el nuevo propietario del banco en liquidación; si después de pagar a los demás queda algo, el Fondo recupera parte de lo que adelantó a los depositantes. Los últimos en cobrar, en todos los casos, son los propietarios de la empresa o del banco, pero si no hay dinero para todos, algunos acreedores perderán también parte de su dinero.
  3. Ahora pensemos en una empresa no financiera que anuncia que está en quiebra, pero propone a sus acreedores un plan para no desaparecer. Si los acreedores pueden estar de acuerdo en renunciar a parte de su dinero, concediendo una quita, o retrasando el cobro de sus deudas, o reduciendo los intereses, o convirtiendo su deuda en acciones de la empresa… Lógicamente, los que más pierden son los propietarios (los acreedores exigirán una operación acordeón: los accionistas perderán todo o parte de su dinero, y volverán a aportar dinero nuevo para la continuidad de la empresa), pero los otros acreedores también perderán algo, aunque, probablemente, preferirán esta solución a la de liquidación de la empresa, porque resolverán su problema antes, no tendrán que esperar años para cobrar, ahorrarán gastos de abogados y juicio, etc. y, sobre todo, porque quizás les interese que la empresa siga funcionando.
  4. Lo de Chipre, o lo de los bancos españoles, es un caso similar. No es el banco el que propone un arreglo privado, sino el gobierno, o el banco central, o la Unión Europea, probablemente porque los costes para la economía nacional y europea son mayores si el banco (grande) quiebra que si continúa. En este caso, los nuevos directivos del banco quebrado, con el gobierno y las autoridades europeas, propondrán un plan de salvamento en el que, lógicamente, los accionistas perderán todo o casi todo su dinero (caso de Bankia, con sus acciones valoradas en 0,01 euros) y otros acreedores perderán también algo. No sé las condiciones en que otros acreedores prestaron a esos bancos, pero sus contratos deben tener docenas de cláusulas sobre prioridad de cobro, quién va delante y quién va detrás, etc. La diferencia con una empresa no financiera es que en esta son sus gestores quienes negocian con los acreedores el reparto de las pérdidas; en el caso de Chipre, no ha habido negociación, sino decisión de las autoridades.

No pretendo con todo esto emitir un juicio a favor o en contra de las decisiones tomadas sobre los bancos de Chipre. El reparto de las pérdidas de los bancos quizás sea injusto, pero no será muy diferente del que resulta de una quiebra ruidosa en una empresa, en la que, al final, es el juez el que decide cuánto cobrarán unos y otros (aunque, es verdad, en este caso, no es una decisión judicial, sino política y, por tanto, es más probable que venga teñida por consideraciones menos claras).

En todo caso, y eso es lo que me interesaba comentar, lo que está pasando en Chipre no es algo raro, anormal: es un modo de resolver un problema de quiebra bancaria, no muy diferente de lo que ocurre cuando es una empresa cualquiera la que sufre el percance. ¿Por qué sufren una pérdida los depositantes? No la sufren los incluídos en la garantía, es decir, por los primeros 100.000 euros; los que son titulares de cifras mayores, en caso de quiebra de su banco, recibirían inmediatamente los 100.000 euros garantizados, y tendrían que esperar a todo el proceso de liquidación hasta ver si les toca una cantidad mayor. Incluso en este caso, un depositante que tenía, digamos 150.000 euros puede preferir que le devuelvan inmediatamente, digamos, 130.000, en vez de recuperar 100.000 ahora y esperar varios años a ver si le tocan 30.000, o más, o menos, cuando acabe todo.

¿Qué tiene que ver que muchos depositantes son rusos? Indudablemente, esto ha debido influir en las motivaciones, intereses y dificultades de la solución adoptada, pero, al final, la solución no habría sido muy diferente de, por ejemplo, el caso español, en que la gran mayoría de los depositantes son nacionales. Recuerde el lector: cuando una empresa quiebra, algunos acreedores cobran los primeros, pronto y con mayor seguridad (en un banco, los depositantes, hasta 100.000 euros, más los trabajadores, la seguridad social y algunos más); otros se ponen en la cola, y cobran más o menos, más pronto o más tarde; algunos pierden mucho y, desde luego, los últimos en cobrar son los propietarios. Los bancos no son una excepción en esto.

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