Los adolescentes lo están pasando mal. ¿Qué pueden hacer los padres?

La psicóloga Lisa Damour ofrece consejos para comunicarse, identificar emociones saludables y saber cuándo hay que intervenir.

Durante más de 25 años, la psicóloga Lisa Damour ha ayudado a adolescentes y a sus familias a navegar por esta etapa del crecimiento en su práctica clínica, en sus investigaciones y en éxitos de ventas literarias como Untangled: Guiding Teenage Girls Through the Seven Transitions Into Adulthood.

Este periodo, señaló, no tiene igual.

Según un informe publicado en febrero por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos, el 42 por ciento de los estudiantes de secundaria del país experimentaron sentimientos persistentes de tristeza o desesperanza en 2021, mientras que el 22 por ciento consideró seriamente la posibilidad de intentar suicidarse. Las adolescentes, así como los menores que se identifican como lesbianas, homosexuales o bisexuales, son quienes más dificultades tienen, pero los chicos y adolescentes de todos los grupos raciales y étnicos también informaron un empeoramiento de los síntomas.

Fuente: The  New York Times

Es normal que los adolescentes tengan sentimientos intensos y tempestuosos, pero, dado que estamos en medio de una crisis de salud mental en los adolescentes, ¿cómo pueden distinguir los padres entre una preocupación sana propia de su edad y síntomas de ansiedad o depresión?

Los adolescentes experimentan sus emociones con más intensidad que los niños y que los adultos. Por lo tanto, habrá muchas ocasiones en las que experimenten angustia, quizá varias veces al día.

Es probable que la mayor parte de esa angustia corresponda con sus circunstancias. Si un adolescente reprueba un examen, es lógico que se enoje. Si alguien le rompe el corazón, es lógico que esté triste. Lo que nos interesa saber es cómo gestiona sus sentimientos el adolescente; ver que use estrategias que le ofrezcan alivio y no lo dañen, como hablar con personas que se preocupen por él, encontrar distracciones temporales o resolver el problema.

Lo que no queremos ver (y donde nos ponemos alerta ante la posibilidad de un problema de salud mental) es una de dos cosas: una, que los adolescentes utilicen estrategias para encontrar consuelo que en realidad son costosas: por ejemplo, un adolescente que está muy angustiado y luego fuma mucha marihuana, o un adolescente que está pasando por un momento difícil con una amiga y luego se desquita con ella en las redes sociales.

Otra cosa que no queremos que ocurra es que los sentimientos “gobiernen sus acciones”, es decir, que se interpongan en la capacidad de un joven para hacer las cosas que debe hacer, como ir a la escuela o pasar tiempo con sus compañeros.

Si un adolescente llega a casa del colegio y parece triste o enojado, ¿cuál es la mejor manera en la que un adulto puede actuar?

Por lo general, lo único que necesitan de nosotros son dos cosas: una es curiosidad, interesarse en lo que están compartiendo y hacer preguntas. La otra es empatía, hacerles saber que nos entristece que se sientan así.

Tenemos pruebas científicas excelentes de que el mero hecho de expresar con palabras un sentimiento no deseado reduce la intensidad de esa emoción. Así que cuando son las 9 de la noche y tu hijo adolescente está frente a ti diciéndote de repente que se siente muy ansioso, infeliz o frustrado, lo más importante que tienes que recordar es que ya está en camino de sentirse mejor porque ha expresado esas emociones con palabras.

El ejercicio que uso en mi casa es que imagino que mi adolescente es una reportera y yo soy una editora. Ella me está leyendo su artículo más reciente. Mi labor es escucharla con tanta atención de tal forma que al final del borrador soy capaz de darle un titular, entendiendo que el titular es un resumen destilado y preciso de lo que ella dijo que no añade ideas nuevas. Eso les muestra que escuchas y también valida sus sentimientos.

¿Qué pasa si tu hijo adolescente te dice algo cruel?

Es muy normal que los hijos se enojen. Es de esperarse. A lo que sí le ponemos límites es a la expresión de ese enojo.

Cuando los adolescentes utilizan un lenguaje hiriente, quizá sea útil responder de una manera que desvincule el sentimiento de la forma en que se expresó. Podemos decir algo como: “Tal vez estés muy enojado conmigo y quizá tengas razón, pero no debemos hablarnos de esa forma, así que tómate un momento y regresa cuando estés más tranquilo”. Aunque el adolescente ponga los ojos en blanco, captará el mensaje y, con suerte, volverá a intentarlo cuando se haya calmado

Supongamos que un adolescente se enoja mucho y no quiere hablar al respecto, y a los 20 minutos parece estar perfectamente. ¿Es momento para entablar una conversación?

Si un chico está de mal humor y encontró la manera de estar de buenas, yo lo dejaría.

El tiempo funciona distinto para ellos. Es muy común que un adolescente que estuvo muy atribulado por alguna razón a las 4 p. m., para las 6 p. m. se sienta contento.

En tu libro hablas del valor de dejar que los chicos se expresen con sus padres a su manera, ¿qué significa eso?

Muchos padres se dan cuenta de que hacen preguntas importantes durante la cena y se quedan sin respuestas; con suerte, obtienen un monosílabo. Más tarde, por la noche, su hijo adolescente está muy conversador.

Los adolescentes se organizan en torno al impulso a la autonomía. Prefieren no estar sujetos a la agenda de un adulto. Cuando les hacemos preguntas en momentos que nos convienen, les estamos pidiendo que cooperen con nuestra agenda. Tenemos que estar abiertos a la posibilidad de que un adolescente se muestre más comunicativo cuando es él o ella quien inicia la conversación.

Eso puede significar que quieran hablar con nosotros en momentos que no esperamos o que incluso nos parecen inconvenientes y quieren hablar de cosas que quizá no sean el centro de nuestra atención, pero, si queremos cultivar y proteger nuestros vínculos con los adolescentes, un elemento importante es estar dispuestos a aceptar sus condiciones de interacción.

¿Los padres deberían intentar proteger a los adolescentes de situaciones o sentimientos difíciles?

No queremos que nuestros hijos sufran emocionalmente, pero tenemos que reconocer que no solo es inevitable, a menudo tiene algo de valor. La incomodidad psicológica brinda retroalimentación importante sobre el modo en que andan las cosas. Si un adolescente hace trampa en un examen y es descubierto, tiene que lidiar con la incomodidad real de resolver en problema en casa y en la escuela, y lo más probable es que esa experiencia ayude a evitar que vuelva a tomar una decisión similar.

Lo que queremos es preguntarnos lo siguiente: ¿Lo que enfrentan es incómodo o inmanejable? No siempre lo sabremos. Pero en general, si están lidiando con algo incómodo, lo ideal es tratarlo como una oportunidad para desarrollar habilidades saludables y procesar emociones dolorosas o incómodas.

Si hay motivos para pensar que están enfrentando o podrían enfrentar una situación inmanejable o abrumadora, probablemente sea buena idea intervenir. Podemos decir: “Estás enfrentando algo que es mayor a lo que se espera que manejes por ti mismo. Mereces recibir un poco de apoyo adicional. Veamos cómo sería dicha ayuda”.

Guía para ayudar a los adolescentes con su salud mental

Aquí hay respuestas a las preguntas más comunes sobre cómo identificar y tratar con empatía los problemas de ansiedad y depresión en los chicos.

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Los riesgos para la salud en la adolescencia experimentan un gran cambio. Hace tres décadas, las mayores amenazas para la salud de los adolescentes eran el consumo de alcohol en exceso, la conducción bajo los efectos del alcohol, los embarazos en la adolescencia, el tabaquismo y las drogas ilícitas. Hoy, son la ansiedad, la depresión, el suicidio, las autolesiones y otros trastornos mentales graves.

Entre 2001 y 2019, la tasa de suicidio de los jóvenes estadounidenses de 10 a 19 años se disparó un 40 por ciento, y las visitas a urgencias por autolesiones aumentaron un 88 por ciento.

Gestionar una crisis de salud mental puede ser un reto para los adolescentes y sus padres. A menudo es un territorio inexplorado que necesita ser navegado con la mayor sensibilidad. La siguiente guía puede ayudar.

La ansiedad y la depresión son distintas, pero comparten algunos indicadores. Primero hay que buscar si hay cambios clave en el comportamiento del menor, como un desinterés en comer o participar en actividades sociales que antes disfrutaba, alteraciones a los patrones de sueño o retraimiento de otros aspectos de la vida. Es difícil; estos comportamientos a veces pueden corresponder a la angustia adolescente natural. Sin embargo, un adolescente afligido puede expresar preocupación excesiva, impotencia o tristeza profunda, sobre todo durante periodos prolongados.

Saber si un adolescente está lidiando con el desasosiego o con un problema clínico “es la pregunta de los 64 tropecientos dólares”, dijo Stephen Hinshaw, experto en temas de salud mental adolescente en la Universidad de California en Berkeley. La cuestión que puede ayudar a realizar esta distinción difícil es un asunto de “persistencia, interferencia con el crecimiento, auténtico dolor (tuyo o de su parte)”.

Si los límites son demasiado confusos como para establecer la diferencia, puede ser de ayuda ir al pediatra o explorar si existe algún problema de carácter clínico.

El consejo de los expertos es contundente: hay que ser claros y directos y no rehuir las preguntas complicadas, pero también se recomienda abordar estos temas con compasión y sin culpa. Por desafiante que pueda parecer hablar de estos temas, los jóvenes a menudo están desesperados por ser escuchados. Al mismo tiempo, hablar con un padre puede resultar difícil.

“Sé amable, curioso y, a lo largo del tiempo, perseverante pero no insistente”, explicó Hinshaw. “En esta ecuación la vergüenza y el estigma son una parte enorme y si estás indignado y sentencioso puedes prepararte para la cerrazón”.

“Una buena cantidad” de adolescentes “prácticamente están rogando —sin decírtelo directamente— que te mantengas interesado y amoroso para abrir el diálogo”dijo Hinshaw.

Cuando los adolescentes tienen dificultades para abrirse, puedes intentar colaborar en algún pasatiempo común o en una actividad sin tocar el tema de su salud mental. Hay que ponerlos cómodos y terminarán por estar más dispuestos a compartir.

Para los adolescentes, estos temas “normalmente son muy difíciles de abordar con un padre o tutor”, dijo Nicole Nadell, profesora asistente de pediatría y psiquiatría en Monte Sinaí. “Sé primero paciente y escucha activamente y reflexiona lo que el adolescente dice, piensa y siente”.

Buscar ayuda es signo de fuerza, no de debilidad.

Las investigaciones muestran que el impulso suicida pasará si puede postergarse. Luego pueden atenderse los problemas subyacentes. Los investigadores dicen que el suicidio es “una solución permanente a un problema temporal”. Se necesita recibir ayuda para atravesar por este periodo de dolor insoportable que conduce a la ideación suicida. Consigue dicha ayuda.

Las autolesiones incluyen cortarse, golpearse, quemarse u otras formas de mutilación. Estos comportamientos puede parecer que causan dolor, pero en realidad buscan redirigir o ahuyentar el dolor emocional, dicen los expertos.

Las autolesiones sin fines suicidas son “predominantemente empleadas para volver a regularse”, dijo Emily Pluhar, psicóloga de niños y adolescentes en la Escuela de Medicina de Harvard. El comportamiento, explicó, puede en realidad ayudar a liberar un analgésico, un calmante natural al dolor que puede brindar una sensación de alivio. “Le ayuda a las personas a volver a regularse y sentirse más tranquilas”.

La dificultad es que dicho comportamiento a la larga no funciona para eliminar el problema subyacente y luego puede intensificarse.

Los cortes a menudo se hacen en las muñecas, tobillos o piernas. “La autolesión a menudo se esconde de los padres y los compañeros con manga larga y discreción. Si ves evidencia, intenta provocar una conversación, incluso si tu adolescente lo más probable es que por vergüenza intente minimizarlo o esconderlo”, dijo Hinshaw.

Si ves heridas que parecen poner al chico o chica en riesgo inminente, llama al 911 o acude directamente a emergencias.

Es crucial que, al descubrir los cortes, los padres o cuidadores reaccionen con preocupación y curiosidad compasiva, no con alarma (a menos que el peligro sea inminente). “Primero, muéstrate curioso antes que alarmado. La mejor forma de lograr que tu adolescente jamás te hable de ninguno de sus problemas claves es ponerte indignado o moralista o criticón”, comentó

Hinshaw.

Algunos expertos recomendaron tácticas para iniciar y fomentar una conversación sobre salud mental en general, entre ellas asegurarte de actuar de manera genuina y sincera –si el tema te pone nervioso, admítelo— y crear silencios y espacios adecuados para que el joven se exprese. Algunos expertos recomiendan intentar un “cambio de escenario”, como un paseo en auto o una actividad con menos contacto visual que puede hacer que la conversación se sienta más natural.

Luego: “Valida, valida, valida”, dijo Pluhar, de Harvard. “No tienes que concordar con su perspectiva, pero sí debes validar que su perspectiva importa y que la comprendes”.

El fin último es ayudar a que el adolescente halle la raíz del dolor emocional que lo lleva a autolesionarse. Una vez que tu hijo o hija esté listo, un pediatra u otro experto en salud puede ayudarte a encontrar un camino de consejería adecuado. Las investigaciones respaldan el empleo de varias formas de terapia cognitiva conductual, entre ellas la terapia dialéctico-conductual para ayudar a enseñar habilidades de afrontamiento. Estas habilidades ayudan a las personas a reconocer patrones de pensamiento y a encuadrar los temas de maneras más saludables.

Es importante comprender que las autolesiones no son lo mismo que la ideación suicida, que es un problema mucho más amplio que anula el instinto biológico de supervivencia. Dicho esto, las autolesiones que duran mucho tiempo y se van volviendo más severas pueden ser un predictor de comportamientos suicidas.

Puede que valga la pena sugerir alternativas saludables a las autolesiones a tu hijo o hija. Las investigaciones indican que el impulso puede desactivarse al retirar de la casa el objeto u herramienta que se usa para causar daño y emplear métodos sencillos como hacer ejercicio. Nadell, la médica de Monte Sinaí, sugiere algunos:

  • Hacer ejercicio intenso durante 20 minutos

  • Recurrir a la respiración meditativa y la relajación muscular

  • Llamar a un amigo o amiga

  • Salir a caminar

  • Llevar un diario

  • Usar agua fría o helada en el cuerpo para cambiar la temperatura corporal

  • ¿Cómo hallar el doctor adecuado para mi hijo? ¿Y cómo estar seguro que nos han dado el diagnóstico correcto?

    Hinshaw recomienda varios pasos concretos:

  • “Pregunta a otros padres, o participa en grupos de autoayuda/defensa, para tener una idea de los médicos en tu zona con reputación de realizar valoraciones/evaluaciones cuidadosas y de vanguardia en comparación con aquellos que son demasiado rápidos en su aproximación”.

  • “Pregunta al evaluador prospecto: ¿Cuántas evaluaciones de TDDA o ansiedad o depresión has hecho? ¿Cuántas horas suele demorar una evaluación de este tipo? ¿Cuántas de estas evaluaciones calculas que has hecho en las que confirmas el diagnóstico comparadas con aquellas en las que lo has descartado?”

  • Pregunta al prestador de salud si utiliza las escalas de calificación basadas en evidencia que suelen llenar padres y maestros y que constituyen medidas objetivas del desempeño social y académico de un joven. Estas herramientas de medición son importantes, dicen los expertos, porque los padres a menudo pueden recibir una imagen distorsionada del comportamiento de un menor; por ejemplo, el chico puede parecer malhumorado y conflictivo en casa o quejarse de lo difícil que es la escuela, mientras que en realidad se está desempeñando bien académicamente, tiene amigos y se adapta de forma adecuada.

  • Pregunta: “¿Contactas a su escuela en busca de información adicional? Para cualquier condición, ¿consigues un historial de desarrollo de los padres, desde la infancia en adelante, con sus hitos, déficits, fortalezas y los contextos que parecen acentuar frente a los que ayudan con los problemas en cuestión? ¿Reúnes los antecedentes familiares de condiciones similares?”

Los medicamentos psiquiátricos pueden ser potentes y efectivos. Pero también pueden tener efectos secundarios, interacciones riesgosas con las drogas y problemas de abstinencia. Así que los padres deben abordar el tema de la medicación con la misma actitud clara, inquisitiva y reflexiva que emplearían al buscar un terapeuta, pediatra u otro profesional que brinde ayuda en temas de salud mental en general.

“Una vez más”, dijo Hinshaw, “pregunta por médicos/psiquiatras con excelente reputación en esta línea. Y colabora con un médico/psiquiatra que busque la dosis más baja posible de la medicación correcta para las dificultades de tu adolescente”.

Lo ideal, dijo Nadell del Monte Sinaí, el médico que receta debería tener especialidad en psiquiatría infantil y adolescente. El desafío en muchos lugares del país es que no hay especialistas o solo aceptan cobrar en efectivo o con seguro privado. Eso significa, dicen los expertos, que los padres deberían insistir con sus pediatras o médicos de familia con el tema de su experiencia para asegurarse de que les expliquen los efectos secundarios y las interacciones con otros fármacos, así como las señales para saber si la medicina está surtiendo efecto y cuán difícil será retirarla.

Recuerda que a menudo la mejor línea de primer tratamiento en salud mental es la terapia cognitiva conductual y otras estrategias no farmacológicas. Estas estrategias le brindan a los jóvenes herramientas para lidiar con la ansiedad, el estrés y otros desafíos. Las investigaciones muestran que, cuando se requieren medicamentos, estos pueden resultar más efectivos si se usan en conjunto con dichas terapias.

Los expertos dicen que hay hábitos clave para promover la salud física y mental. El sueño es vital. Los jóvenes, cuyos cerebros están en desarrollo, necesitan entre ocho y diez horas de sueño. La falta de sueño puede interferir con su desarrollo, perjudicar dramáticamente su estado de ánimo y su capacidad de aprender. La actividad física también es clave para el bienestar mental y físico.