¿Tu hijo se inquieta cuando se queda sin batería en el móvil? Posiblemente también se ponga nervioso si pierde la conexión a Internet o no puede consultar sus mensajes. Estas son solo algunas de las situaciones más frecuentes asociadas a la nomofobia, un término que hace referencia al miedo o la ansiedad que aparece cuando una persona no puede utilizar su teléfono móvil o permanecer conectada.
Cada notificación, sonido o vibración activa un mecanismo de recompensa en el cerebro que impulsa a mirar la pantalla de forma casi automática. Esta búsqueda constante de estímulos se traduce en comportamientos como:
Así, el dispositivo se convierte en la respuesta automática frente al aburrimiento, limitando la capacidad de desarrollar otras formas de entretenimiento. Con el tiempo, esta dependencia no solo alimenta la nomofobia, sino que acaba provocando problemas deconcentración, alteraciones del sueño y un aumento de la irritabilidad.
Ante esta situación, los especialistas insisten en que el objetivo no debe ser demonizar la tecnología ni eliminarla por completo, sino enseñar a utilizarla de forma consciente y equilibrada. Algunas medidas sencillas pasan por establecer determinados momentos del día en los que no se utilicen dispositivos electrónicos o convertir el dormitorio en un espacio libre de pantallas para favorecer el descanso. A continuación compartimos algunas ideas:
Una práctica sencilla consiste en pedirle al adolescente que se detenga unos segundos antes de desbloquear el teléfono y se haga tres preguntas: ¿lo necesito realmente?, ¿lo estoy cogiendo por aburrimiento?, y ¿hay otra actividad que podría hacer en este momento? También es útil recuperar actividades que hayan podido perder protagonismo: hacer deportes de aventura, preparar recetas en familia o jugar a juegos de mesa educativos.
Esta estrategia consiste en reservar periodos concretos del día para realizar una única actividad y eliminar todas las distracciones posibles. Se recomienda empezar con periodos cortos, de entre 20 y 30 minutos, dedicados a leer, pasear o realizar cualquier otra actividad sin tener el móvil al alcance de la mano.
Otra opción son los retos. Un ejemplo es esta iniciativa desarrollada en el colegio Nevers Ikastetxea de Durango denominada ‘No Phone Challenge’, en la que el alumnado se comprometió a guardar el teléfono móvil durante una semana y a reflexionar sobre el papel que ocupaba en su vida diaria. El objetivo era ayudar al alumnado a desarrollar una relación saludable con esta herramienta.
Redactora de EDUCACIÓN 3.0 y community manager