Por qué la Ideología de Género debe ser rechazada

Foto de catálogo de Top Toy, la productora de juguetes más grande de Suecia.
Foto de catálogo de Top Toy, la productora de juguetes más grande de Suecia.

La creación de un “hombre nuevo” fue anhelada por las ideologías marxista y nazi, durante el siglo pasado. Hoy en día esta tentativa de la Revolución Cultural renace con la nefasta Ideología de Género, que apunta modificar nuestra concepción sobre hombre y mujer, no por la violencia de las armas, sino a través de una guerra cultural, cuyos tanques pretenden aplastar la institución de la familia.

En las últimas décadas, la sociedad ha sido víctima de una revolución sexual promovida por una alianza de poderosas organizaciones, fuerzas políticas y medios de comunicación, que atenta contra la propia existencia de la familia como célula básica de la sociedad. Para ello, los militantes de la Ideología de Género intentan implantar sus teorías en la enseñanza básica a fin de deformar, desde la más tierna infancia, la cabeza de nuestros hijos y nietos.

Ideología de Género, feminismo, movimiento homosexual y transexualidad

Según esta teoría, el sexo de una persona no sería determinado por su componente biológico y genérico, sino por la forma como ella se considera a sí misma. Nosotros no naceríamos con una sexualidad psicológica definida. La diferenciación sexual del cuerpo sería apenas un accidente anatómico que “convencionalmente” se tiene por masculino o femenino. Es decir, nuestra “supuesta” identidad sexual es, para tal teoría, una mera imposición del ambiente en que fuimos educados.

El concepto ‘papel sexual’ (o ‘rol’) fue introducido por el psiquiatra americano, John Money, en 1955, para distinguir la identidad sexual biológica del papel social que el individuo escogió representar. Dos corrientes desenvolvieron esa terminología: la feminista y la homosexual. A través de esta teoría se pretende desconstruir la identidad masculina y femenina.
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Trechos del libro escolar del curso denominado “Personal Social” de la Editorial “Escuela Nueva” para alumnos del 6to grado de primaria (niños y niñas de 11 a 12 años). El texto ha sido redactado de acuerdo a la programación curricular del Ministerio de Educación del Perú. En la página 20 de dicho texto el adoctrinamiento es descarado: se les hace creer a los niños que se les “enseñó” (niegan que sea algo natural) a actuar como hombres o mujeres (Fuente: abrelosojoscatolico.blogspot.com).
La feminista Simone Beauvoir afirmaba que nadie nace mujer, sino que se vuelve mujer; y que el objetivo final del movimiento feminista no consiste en la eliminación de los privilegios de la “clase” opresora –la “clase” masculina–, sino de la propia diferenciación entre los sexos. Tal ideología ayudó enormemente al progreso del movimiento homosexual, que tiende a “normalizar” el llamado cambio de sexo. Pues, si el “género sexual” es fruto de una “elección”, de una “orientación” asumida por una persona, entonces ¿por qué no adaptar el propio cuerpo para asemejarlo al sexo escogido?

Ideología contraria a la naturaleza humana

“Es fisiológicamente imposible cambiar el sexo de un persona, una vez que el sexo de cada uno está codificado en sus genes –XX para la mujer, XY para el hombre–”, explican los científicos Richard P. Firzgibbons, M.D., Philip M. Sutton, Ph.D., y Dale O’Leary en un documentado estudio. “La cirugía puede apenas crear la apariencia de un otro sexo”, toda vez que la identidad sexual “está escrita en cada célula del cuerpo y puede ser determinada por medio del test del ADN, no pudiendo ser cambiada”. [The Psychopathology of “Sex Reassignment” Surgery Assessing Its Medical, Psychological, and Ethical Appropriateness, The National Catholic Bioethics Center]

Ideología contraria a la Ley divina

El intento de cambiar el sexo con el que se nació no contraría apenas la realidad biológica; ella va, sobre todo, contra la voluntad de Dios. Nadie nace hombre o mujer por mera casualidad, sino en virtud de los inescrutables designios de la Divina Providencia, conforme lo señala el texto del profeta Jeremías: “Antes de formarte en el vientre materno, yo te conocía” (Jer. 1, 5).