MI HIJO VA A ACTIVIDADES EXTRAESCOLARES

Son tus hijos.-En los últimos años hemos asistido a una creciente actividad extraescolar de nuestros hijos y de nosotros mismos que también lo hemos padecido en los que han influido varios factores. Primero una sociedad del bienestar que ha hecho posible ofrecer a las nuevas generaciones un abanico de actividades extraescolares que daban la impresión de preparar mejor a los hijos para el futuro dentro de un contexto en el que la frase preferida era: “dar a mis hijos lo que yo no he tenido”. Otra de las causas era una manera de entretener a los hijos mientras los padres trabajan y a la vez sacar un rendimiento educativo y estimulador del aprendizaje y de las habilidades según el tipo de actividad extraescolar elegida.
¿Qué actitud crítica tomar antes estas situaciones? Si bien no vamos a negar que las clases adicionales pueden servir a los niños para desarrollar sus capacidades también es cierto que en muchas ocasiones hacemos niños hiperactivos que en la práctica no asimilan todo lo que se les ofrece y desarrollan cuadros de ansiedad, de inseguridad y de rebeldía cuando no sufren cierto síndrome de abandono o de una exigencia que no alcanzan a llevar a término.

Marta del Pino 	enviar a un amigo  imprimir Licenciada en Traducción e Interpretación (idiomas: inglés, francés e italiano). Universidad Pontificia de Comillas (ICADE), Madrid. Intérprete Jurado de Inglés. Ministerio de Asuntos Exteriores. CAP. Universidad Complutense de Madrid. Grado de Maestro en Educación Primaria. UNIR, La Rioja.  Profesora de educación primaria Colegio Eskibel.  Casada y madre de un niño
Marta del Pino enviar a un amigo imprimir
Licenciada en Traducción e Interpretación (idiomas: inglés, francés e italiano).
Universidad Pontificia de Comillas (ICADE), Madrid.
Intérprete Jurado de Inglés.
Ministerio de Asuntos Exteriores. CAP.
Universidad Complutense de Madrid.
Grado de Maestro en Educación Primaria. UNIR, La Rioja.
Profesora de educación primaria Colegio Eskibel.
Casada y madre de un niño

También es verdad, que estas actividades no están al alcance de todos los bolsillos y más en una situación de crisis como la que vivimos quizás esto haga tomar a muchos padres mayor conciencia del esfuerzo personal y familiar que hay que hacer para ayudar a los hijos a responsabilizarse de sus tareas y a motivarlos en el aprendizaje.
Aunque hay padres que por desgracia hoy no tienen trabajo, también los hay ocupados en exceso y que tienen que dejar la formación de sus hijos en manos de terceros, en estos casos los padres deben investigar en las habilidades y preferencias de sus hijos para no causar frustración y agotamiento psíquico y respetar sus gustos aunque siempre bajo la orientación y supervisión de los que mejor conocen a los niños, es decir, los padres.
En este campo una conciliación horaria de los trabajos sería la opción deseable para que teniendo los mismos horarios pudieran los niños ser acompañados y dirigidos en sus actividades extraescolares y no dependieran exclusivamente de otros como abuelos, tíos, cuidadores, etc.
En cualquier caso un niño necesita su espacio de ocio donde desarrollar juegos y en definitiva su imaginación, tomarse sus periodos de descanso y sentirse libre de presiones y retos, y ser capaz de mantener un diálogo abierto y despreocupado en la seguridad de ser escuchado y comprendido por quien más los quieren y crear un clima familiar abierto.
Este ambiente puede ser más importante para el desarrollo personal que un exceso de información que en muchas ocasiones los abruma y desorienta y no solo no los motiva al aprendizaje sino que a veces puede ocasionar el efecto contrario.
Escuchar a los niños es fundamental y observar sus actitudes también, los padres a veces queremos ver en nuestros hijos las actitudes que hubiéramos querido tener nosotros y muchas veces nos podemos equivocar.
En el afán de tener hijos sanos y saludables a veces les inducimos a deportes que nos hubieran gustado a nosotros o bien simplemente son los que tenemos más cerca o asequibles. Recuerdo a mi propio hermano yendo a las clases de judo después del colegio por aquello de que era un deporte que le ayudaría a saber defenderse ya que era muy flacucho además de ser muy movido y molestar mucho a la gente de su alrededor y esto lo mantenía ocupado durante unas horas. Después de varios años practicando este deporte y de llegar a cinturón marrón un día recabó el valor para enfrentarse a mi madre y decirle: “mamá ¿por qué tengo que hacer judo si no me gusta? paso frío, hambre y miedo. A mí lo que me gusta es el fútbol.”
Su carrera futbolística se truncó porque, entre otras cosas, no fue escuchado en su infancia.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.