La noticia: Hisao Tanaka, CEO de Toshiba, dimite después de que un panel de abogados y contables externos a la empresa denuncian una práctica sistemática de manipulación de la contabilidad, para inflar la cifra de beneficios.
¿Falta de ética? Sí, claro. ¿Falta de buenas prácticas de gobernanza? Sí, claro. ¿Mala dirección? Para mí, también. Otros quizás opinen que lo importante es dar buenos resultados económicos. Parece que lo relevante es decir que la empresa gana mucho dinero, no que los resultados sean verdaderos.
Sobre esto habló hace muchos años Milton Friedman (bueno, supongo que otros lo dijeron antes, pero yo se lo leí a él). Hablando de un monopolista que obtiene beneficios extraordinarios por su control del mercado, Friedman hacía notar que el que sale ganando es el accionista que es propietario de parte del capital en el periodo en que la empresa consigue derrotar a sus competidores y aumenta sus beneficios: el valor del capital aumenta. Pero si ese accionista vende sus acciones, ahora a precios más altos, el que las compre no obtendrá una rentabilidad mayor, a no ser que los beneficios vuelvan a aumentar por encima de lo normal. La cifra absoluta de beneficios es muy alta, pero la rentabilidad para el accionista deja de serlo. Dicho con otras palabras: para que el accionista esté siempre contento, los beneficios tienen que ser no altos, sino crecientes. Y si esto no resulta fácil, bueno… habrá que manipular la contabilidad. O dejar de hacer gastos en investigación, cuya rentabilidad es a largo plazo. O despedir trabajadores que, al fin y al cabo, son solo un coste, ¿no?
No sé si esto es lo que le pasó a Toshiba. Pero sí me preocupa esa presión continua por aumentar los beneficios. Algo huele mal en el mundo de las finanzas.