La precariedad del sistema educativo

Recientemente una sentencia del Tribunal Supremo ha creado un gran alboroto en distintos sectores educativos.
No es la primera vez que el TS se pronuncia sobre conciertos con colegios de educación diferenciada. En una sentencia de 2006, se dice textualmente: “no se discute que este tipo de enseñanza es lícito” y “tampoco hay norma expresa que prohíba el sostenimiento público de centros que la practiquen”. Ante este aval tan inequívoco de hace seis años, el TS se ha visto ahora en la obligación de explicar el cambio de criterio. En la sentencia referida al colegio de Cantabria, el ponente explica que entonces (junio de 2006) la LOE aún no estaba vigente, aunque sí aprobada, y por tanto la enseñanza diferenciada no estaba aún vetada para recibir dinero público.
Las manifestaciones de los distintos partidos a esta sentencia, ha puesto de manifiesto la poca consistencia de la legislación educativa, sometida a los vaivenes, de los partidos en el poder, que pueden cambiar las reglas de juego, buscando sus propias conveniencias y no las del bien común. Ya hay CCAA que en virtud de esta sentencia van a denegar la renovación del concierto a todos los colegios de enseñanza diferenciada de su comunidad. Las hay también, que los renovaran.
Esta situación en definitiva a quien perjudica, realmente, es a las familias. Puede darse el caso de que por el hecho de vivir en una comunidad o en otra, tengan la posibilidad de elegir un centro educativo que cumpla con sus preferencias de escolarización o tenerlos que llevar a cualquier otro, al no poder pagar el coste del puesto escolar.
Es difícil comprender como el acceso de una formación política u otra, cambia radicalmente la manera de concebir el sistema educativo. Países como EE.UU o Inglaterra, son referentes de una concepción más liberal de la enseñanza, y no digamos de Finlandia, donde los objetivos se basan en resolver problemas de fracaso escolar y no de ideologizar la educación.
Esta manera de actuar sólo perjudica, a pesar de los discursos demagógicos de igualdad, a los más desfavorecidos a los que necesariamente se les obliga, a llevar a sus hijos a un determinado centro, sin posibilidad de elección.
Imponer un sistema de organización escolar único, sea enseñanza diferenciada o mixta, para todos, si tener en cuenta la libertad de elección de los padres, primeros educadores y responsables de la educación de sus hijos, es volver a otros tiempos no muy antiguos, a los que se recurre, con frecuencia, sin caer en la cuenta de que se está cayendo en lo mismo que se critica.
Estas posiciones difícilmente propician un consenso para conseguir un sistema educativo, “sin colores”, que tenga solidez, calidad y no sea el ”jarrillo de manos” de unos u otros gobiernos.
Debe ser muy difícil dejar los planteamientos ideológicos, a la hora de legislar y utilizarlos, sólo, a la hora de elegir centro educativo para sus hijos en un contexto de igualdad para todos, facilitando la posibilidad real de que todos tengan, por lo menos, las mismas oportunidades de elección.
Hay una norma universal que dice: no quieras para los demás lo que no quieras para ti.
Fernando Villar Molina

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