LA BUENA EDUCACIÓN

Gregorio Luri: «Mi madre era analfabeta y yo agradezco a los profesores que fueran exigentes conmigo»

Gregorio Luri (Azagra, 1955) cuenta que una alumna le entregó una redacción a su profesora y ésta le pidió: «Vuélvela a escribir». La niña la repitió un poco a regañadientes, pero la maestra insistía: «Sigue sin estar clara, redáctala otra vez». Tuvo que rehacer el texto hasta cuatro veces, hasta que por fin el cuaderno estaba impecable. «Ahora compara la primera versión con la última», animó la profesora a la estudiante. «Está mucho mejor», reconoció la niña. «Pues si eres capaz de hacer esto, no te conformes con lo otro», le dijo la profesora. 

«Hacer las cosas bien es un triunfo sobre uno mismo y una de las grandes satisfacciones de la vida. El maestro tiene que lograr que esto lo vea el alumno, y eso no se consigue con palmaditas en la espalda sino haciéndole que compare sus distintos trabajos», apunta este filósofo, pedagogo y escritor navarro, que insiste en la importancia del esfuerzo desde su experiencia en todos los rincones del sistema educativo, pues ha sido maestro de Primaria, profesor de Bachillerato Universidad y formador de docentes. 

En su opinión, medidas derivadas de la Ley Celaá como dar el título de Bachillerato con suspensos o no dar importancia al conocimiento «sobreprotegen a los alumnos para luego dejarlos abandonados a la salida de la escolaridad». El currículo de la Ley Celaá ha vuelto a dar protagonismo a los que desde la Logse de 1990 llevan defendiendo que, más que saber muchas cosas, lo importante es que los alumnos sepan qué hacer con ellas. Las habilidades primarán sobre los conocimientos concretos.No vale con decir que hay que saber hacer; para saber ser competentes, a los alumnos hay que darles herramientas llenas de contenido. Y cuanto más contenido, mejor sabrán manejar esas herramientas. El currículo es ambiguo y está lleno de una moralina que a mí me asusta. Por ejemplo, plantea como un objetivo para los chicos de 15 años «planificar un proyecto de vida personal basado en un buen conocimiento de sí mismos». Quien ha escrito esto no conoce a los adolescentes. Otro objetivo es poner «sus prácticas comunicativas al servicio de la convivencia democrática, la resolución dialogada de los conflictos y la igualdad de derechos de todas las personas desterrando los usos sexistas, racistas y clasistas de la lengua, así como los abusos de poder a través de la palabra». Si quieres que consigan todo esto, primero tienes que enseñarles a escribir. Cada vez hay una mayor psicologización de la enseñanza.Isabel Celaá dice que el aprendizaje es demasiado memorístico.La Lomloe muestra un desprecio por el conocimiento y una creencia de que lo que se puede hacer es independiente del conocimiento en sí. Lo que hay detrás es una interpretación no científica de la memoria, porque la ven como si fuera un fichero de datos aislados. ¿Cuál es la diferencia entre el experto y el aprendiz? No es sólo que el experto sepa hacer más cosas, sino que sabe más cosas y, por eso, sabe hacer más cosas con ellas. Hay una reticencia al conocimiento, como si fuera una fruición de la propia ignorancia, que me parece escandalosa.Lo que se plantea es una distinción entre los «saberes imprescindibles» y los «saberes deseables». Los primeros serán obligatorios y los segundos dependerán de lo que determinen los gobiernos autonómicos.Tras leer el currículo y hablar con unos y otros, he llegado a la conclusión de que la traducción de todo esto va a estar en la norma que cada autonomía apruebe. Parece como si el Ministerio hubiera proclamado: «Tenemos que ser buenos» y les hubiera dicho a las CCAA: «Y vosotras decidme cómo». Sospecho que la Lomloe será la última ley de educación estatal, porque permite una transferencia notable de competencias del Estado a las CCAA. Y nuestra experiencia democrática nos demuestra que aquello que se transfiere se asienta como un derecho adquirido y es irrecuperable. Estamos a las puertas de desarrollos de sistemas educativos distintos en toda España, y asistiremos a ello sin haberlo discutido previamente. Hace poco estuve visitando una escuela francesa en Gavà (Barcelona) y sus responsables me contaban que, se encuentren los alumnos en el país en el que se encuentren, el sistema educativo imparte a todos los mismos contenidos, algo que facilita mucho la integración. Pues en España vamos a tener más dificultad para trasladar a un alumno de una comunidad a otra que la que un estudiante de la escuela francesa tiene para mudarse de El Cairo a Gavà. Hemos caído en el vicio de pensar que para ser autónomos hay que ser diferentes.¿Qué ve positivo en la Lomloe?Es muy necesaria la creación de una base de metodologías con soporte empírico y también son interesantes las evaluaciones de diagnóstico que propone, aunque hay que ver cómo se desarrollan. Y la autonomía de los centros está bien, pero debe ir acompañada de una libertad de elección de las familias.¿Qué no le gusta de la ley?Está diseñada para que los alumnos sean felices en una realidad que no existe, porque no plantea cómo convivir con el conflicto, que es una cuestión esencial por la que todos pasamos a diario. Por otro lado, no aborda el principal punto de fractura del sistema, que es que estamos ya en un sistema educativo que es más amplio que el escolar. Y, a medida que aumenta esta diferencia, crece la falta de equidad.¿A qué se refiere?Hay un momento en 3º o 4º de Primaria en el que los alumnos pasan de aprender a leer a aprender leyendo. Los niños con una competencia lingüística baja en casa tienen que traducir el lenguaje de la escuela a sus criterios familiares y ahí se produce una pérdida. Desde mediados de los 70, las familias de clase media están dedicando cada vez más dinero a las extraescolares de sus hijos. Si en la escuela se baja el nivel, algunos padres lo compensan por su cuenta, como sucede con las clases particulares de inglés y está comenzando a ocurrir con las Matemáticas. Si seguimos en ese camino, hablar de educación gratuita será una quimera, porque tanto si llevas a tu hijo a un colegio público como a uno concertado o privado tendrás que complementar sus estudios. La ley no da solución a este problema porque plantea la educación como si dependiera únicamente de las buenas intenciones del sistema escolar.¿Qué consecuencias va a tener eso para los alumnos?Perjudicará a quienes no pueden aprender en otro sitio lo que no aprenden en la escuela. Y las academias privadas harán el agosto.¿Qué le parece que se dé el título de Bachillerato con suspensos?Estamos asistiendo a un ocultamiento sistemático de la dificultad para no frustrar a los alumnos. Eso los infantiliza. El hombre libre es aquel que no culpa a nadie de sus fracasos. Para educar a niños autónomos y críticos tenemos que hacerles responsables, capaces de enfrentarse a las consecuencias de sus actos y no sobreprotegerlos con sobredosis de buenismo. Esconder la objetividad del conocimiento lleva a sobreproteger a los alumnos en la escuela para luego dejarlos abandonados a la salida de la escolaridad. Mi madre era analfabeta y yo agradezco a los profesores que fueran exigentes conmigo.

NEW DORP HIGH SCHOOL: DE ESCUELA FALLIDA A CASO DE ÉXITO

Los estudiantes de este instituto de Staten Island (EEUU) no sabían argumentar ni desarrollar ideas. Inspirándose en unas monjas de los años 50, el centro buscó elementos comunes en alumnos que sí sabían razonar. Se dio cuenta de que no estaban enseñando a construir bien las frases y que las tres conectivas lógicas ‘pero’, ‘aunque’ y ‘sin embargo’ ayudaban a los críos a expandir las oraciones y ver cualquier problema desde distintas perspectivas. Esta visión, que hace de la Gramática algo esencial en el currículo, ha dado lugar al método Hochman y al movimiento The Writing Revolution.

Fuente: Diario El Mundo