¡Qué difícil es reconocer la verdad!

Blog Antonio Argandoña.-No lo digo yo; lo dice Justino Sinova en el Observatorio de la Libertad de Expresión, a propósito del fallecimiento de Hugo Chávez, el caudillo venezolano. Justino compara algunas informaciones sobre la situación actual en Venezuela y su evolución en los tiempos de Chávez, de un lado, con, del otro, las manifestaciones de dolor y devoción de la población venezolana y los elogios de la prensa de izquierdas. Sinova, como es lógico, pone énfasis en los atropellos de la libertad de expresión, pero no se calla tampoco a la hora de explicar los males de la economía y la sociedad de aquel país, uno de los que más prometían en América Latina y, ahora, uno de los más pobres.

Dentro de un país suelen darse fenómenos de desinformación: si uno ve solo los telediarios de determinadas cadenas en España, sacará una visión muy parcial de lo que ocurre, sobre todo en lo político: Fulanito puede ser un político corrupto o un magnífico representante del pueblo a quien persiguen sus contrarios con malas artes. También sesgos ideológicos: aquí también hay mucha gente que, a la hora de votar, no piensa en lo que han hecho o en lo que prometen hacer los políticos, sino que vota a tal partido “porque eso es lo que debemos hacer” los de tal lugar o clase social.

Las conductas de rebaño se dan también, no menos que en los mercados financieros, incluyendo la presión social (¿cómo: no fuiste a llorar ante el cuerpo de nuestro lider fallecido?) y un no querer separarse demasiado de lo que se hace en su ambiente. En todo caso, Sinova señala también que en la muerte de Franco el ambiente en España no era muy diferente del que ahora se respira en Venezuela (aunque luego muchos afirmemos que nosotros no participamos), pero al cabo de pocos años ese panorama había cambiado considerablemente: las veleidades de la devoción popular. En todo caso, ese cambio depende de los propios venezolanos, de sus medios de comunicación, de sus políticos y de sus gobernantes.

Me preocupa más la actitud con que algunos medios han acogido aquí la noticia de la muerte de Chávez, presentándolo como un gran patriota y un excelente gobernante, en contraste con el hambre, la destrucción de la industria, el monocultivo petrolero, la inflación galopante y la cadena de mentiras que cita Sinova. No me extraña, por otro lado, vista la actitud de muchos medios e intelectuales europeos con la entonces Unión Soviética. Sospecho que los sesgos aquí van por varios frentes. Uno: sí, es verdad, Chávez era un desastre, pero era de izquierdas y antiamericano, y las izquierdas son la verdad; no vayamos a desprestigiarlo. Otro: lo que Chávez intentaba era cambiar el modelo de su país; no lo consiguió, por la cerrada oposición de sus enemigos exteriores e interiores, pero su esfuerzo era honesto, y merece ser continuado; también sabíamos que Stalin o Mao Zedong tenían sobre su conciencia millones de muertes inocentes, pero, ya se sabe, para hacer una tortilla hay que romper algunos huevos. Tercero: los fallos de Chávez fueron fallos de su política personal, no de su modelo o de su ideal; no supo manejarse bien en las circunstancias concretas, pero otro, con sus mismas ideas, lo haría mejor. Y otro argumento más, para no alargar demasiado la lista: no podemos reconocer que Chávez estaba equivocado, porque sería tanto como darle la razón al capitalismo, y eso, nunca (esto no es verdad, pero algunos lo piensan).

Como siempre, me gustaría elevar el nivel del análisis. Lo que se discute aquí no es la política energética, industrial o cambiaria de un gobernante, sino su concepción del hombre y de la sociedad. A juzgar por las acciones de Chávez, sospecho que su concepto de la dignidad y la justicia no eran los míos; que su visión de la sociedad difería mucho de la que yo apoyo y, en definitiva, que no entendía bien qué es la verdad. Quizás, como Karl Marx, estaba más interesado en cambiarla que en explicarla o entenderla. Pero, como antes en el comunismo, la verdad es tozuda. Se puede manipular a mucha gente durante muchos años, con la esperanza de que, al final, cambien, como el gitano del chiste, que estaba enseñando a su burro a vivir sin comer y, cuando ya casi había aprendido, se le murió.

Ahora dejo definitivamente a Chávez y me vuelvo a la realidad española. Debemos hacer más ejercicios del tipo de “¿qué pasará al empleo, a corto y a largo plazo, si aumentamos los costes de despido?”. Si no nos ponemos de acuerdo, no nos quedará otro remedio que ir a preguntas de fondo sobre cómo son las personas, cuáles son sus motivaciones, cuáles son sus actitudes, etc. Y al llegar ahí, empezaremos a estar en condiciones de entender la verdad.

Be the first to comment

Leave a Reply

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.