Para conciliar mejor, mirar primero a las familias

Cuando se habla de promover la conciliación entre trabajo y vida familiar es fácil perderse en los motivos, ya que los implicados a menudo persiguen objetivos distintos. Ante este conflicto de intereses, acentuado en un contexto de crisis económica, el sociólogo Pablo García-Ruiz propone volver a las necesidades de los sujetos más débiles en este debate: las familias. ¿Qué dificultades encuentran para conciliar? ¿Cómo las afrontan? ¿Cómo quieren ser ayudadas?

La conciliación no es un juego de suma cero, en el que lo que ganan unos necesariamente lo pierden los demás. La experiencia de algunas empresas muestra que la flexibilidad de tiempo y espacio de que disfrutan los empleados también es rentable (cfr. Aceprensa, 23-04-2012). Durante muchos años, en Francia los gobiernos de distinto signo han facilitado la vida a las familias con hijos pequeños y, de paso, estimulado la natalidad.

Pero sí es cierto que se trata de un problema con dimensiones distintas, según el punto de vista desde el que se aborda. En un documento publicado por The Family Watch (“¿Qué es lo que de verdad necesitan las familias?”), Pablo García-Ruiz, profesor titular de sociología en la Universidad de Zaragoza, examina la forma en que cada uno de los sujetos implicados en este debate –familias, empresas, Estado y sociedad– percibe la necesidad de conciliar.

Para las familias, conciliar trabajo y vida familiar es un problema de tiempo que provoca estrés

Lógicamente, en función de cómo se perciba el problema se ofrecerán unas soluciones u otras. Una empresa preocupada por cubrir una baja por maternidad no pone en marcha las mismas estrategias que un gobierno alertado por la escasa natalidad; y unos padres con hijos pequeños se apañarán para distribuirse el tiempo según les convenga, por mucho que en la sociedad se aplauda el modelo de familia de dos sustentadores.

Para García-Ruiz, “el riesgo es que cada sujeto persiga solo sus propios intereses: que las empresas busquen solo la rentabilidad; el Estado y los políticos, el equilibrio macroeconómico, o la imposición de un modelo cultural de convivencia, y todos ellos, a costa de los proyectos de vida de las familias mismas, que son los sujetos más débiles y se encuentran cada vez más mediatizadas por condicionamientos ajenos a su propia manera de ser”.

De ahí que, a su juicio, cuando se plantea este debate hay que poner en primer lugar las necesidades y las demandas concretas de las familias.

La Comisión Europea propone establecer deducciones fiscales a las empresas que implanten servicios de ayuda familiar

Falta tiempo y sobra estrés
Según las estadísticas consultadas por García-Ruiz, las dificultades que más agobian a las familias cuando quieren conciliar trabajo y vida familiar son: la escasez de tiempo para cuidar a las personas dependientes (niños, mayores y personas con discapacidad) y atender las tareas domésticas; el aumento del estrés provocado por la sensación de no llegar a todo; el incremento de la tensión y los conflictos familiares como consecuencia del estrés acumulado; y, en ocasiones, el aumento de enfermedades físicas y psíquicas derivadas de esas situaciones de estrés.

Una encuesta realizada por el Instituto Nacional de Estadística ilustra con datos estas dificultades. En 2010, en España 10 millones de personas tenían al menos un hijo menor de 14 años. De ellas, un millón y medio recurrió a guarderías u otros servicios para cuidar a sus hijos; casi 850.000 no trabajaron y renunciaron a buscar empleo para cuidarlos ellos mismos (el 60% de estas personas se quejaron de que los servicios de cuidado eran muy caros); además, otras 300.000 personas (el 95%, mujeres) redujeron su dedicación al empleo para atender necesidades familiares.

Ese mismo año, algo más de dos millones y medio de personas atendían regularmente a personas mayores dependientes. De ellas, casi un millón y medio compaginaba como podía esa atención con el trabajo fuera de casa, donde no siempre encontraban facilidades: el 27% no pudo modificar su horario laboral por motivos familiares, y el 31% no pudo tomarse días libres para atender a sus familias.

¿Cómo resuelven las dificultades?
Las dificultades para conciliar lleva a las familias –sobre todo, a las madres que trabajan fuera de casa– a hacer costosos sacrificios que se ahorrarían de buen grado si contasen con más ayudas: retrasar la maternidad; tener menos hijos de los deseados; reducir la jornada laboral y, como consecuencia, normalmente también los ingresos y las posibilidades de promoción.

En España, también en 2010, casi 700.000 personas (el 85%, mujeres) redujeron su horario laboral para cuidar a un hijo menor de ocho años. Otras 260.000 personas (el 93%, mujeres) tomaron excedencia a tiempo completo para cuidar a un hijo en ese tramo de edad. Casi la mitad de las personas que piden estas excedencias no suelen reincorporarse después al empleo remunerado.

A falta de suficientes medidas políticas y económicas, lo que más ayuda a conciliar a las madres con trabajo remunerado es, por este orden, la ayuda de su madre, la de su marido o la de otros familiares; vivir cerca del trabajo o del colegio de los niños; la ayuda doméstica remunerada; y los servicios que ofrece el centro escolar.

¿Qué se puede hacer?
Durante los últimos años, distintas instituciones de la Unión Europea han dictado recomendaciones a los Estados miembros para que se tomen en serio la ayuda a las familias. El Instituto de Política Familiar acaba de reunir algunas de ellas en una selección de textos, titulada “Documentos de la Unión Europea sobre la familia”.

En materia de conciliación, la Comisión Europea ha propuesto varias medidas para mejorar el permiso de maternidad: aumentarlo del mínimo de 14 a 18 semanas; dar más flexibilidad para que las mujeres decidan cuándo se lo quieren tomar (antes o después del parto); facilitar la reincorporación al trabajo después de acogerse al permiso…

Además, contempla permisos especiales de corta duración destinados a facilitar la crianza y educación de los hijos (permiso por lactancia, permiso por enfermedad de un miembro de la familia…), y otros para facilitar la vuelta al mercado laboral.

Para evitar que la conciliación se convierta en un “problema femenino”, la Comisión insta a los Estados miembros a que faciliten el acceso a los permisos paternales remunerados.

También recomienda el establecimiento de deducciones fiscales en el Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas para las madres trabajadoras jóvenes; y deducciones fiscales en el Impuesto de Sociedades para aquellas empresas que establezcan guarderías en sus centros de trabajo.

Fuente: Aceprensa

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