Nunca malgasté una buena crisis

Durante la eurocrisis, nuestros líderes políticos no han desaprovechado ninguna oportunidad para desaprovechar las oportunidades, como resaltaba Die Zeit. No se trata esperar a que pase la tormenta, sino aprender a bailar en ella.

Con cierta frecuencia los altos directivos de importantes compañías se quejan de que tienen subordinados que son como pesos muertos; sin embargo, lo más relevante no es que sean fardos, sino si lo eran ya antes de ser entrevistados y contratados, o han dejado de remar después de un tiempo en la organización.

Quienes dirigen personas y negocios harían un buen empleo del tiempo si se preguntaran frente a un espejo: ¿hacemos algo para convertir talentos con ganas y trayectoria en talantes inertes? Como advierte un proverbio chino: “Un escultor no añade nada, sólo retira”. Según que retires así sale la obra. Hay modos de dirigir que anestesian o extirpan lo mejor que llevamos dentro.

Las crisis entrañan puntos de no retorno. La actual más si cabe. Por eso intentar resolver nuestros problemas con la misma manera de pensar y de decidir que los creó, está resultando una tarea titánica y fútil.

Si un huevo es roto por una fuerza externa, la vida termina; sin embargo, si es una fuerza interna la que lo fractura, entonces la vida justamente comienza. La necesidad del ahora exige renovarse desde el interior, pues ahí es donde reside la vitalidad de mayores quilates. No importa si hablamos de un país, una empresa, una familia o una persona.

Es el momento de pasar cabalmente a la acción, pues son las acciones serias las que clarifican las situaciones al eliminar hipotéticos “deberíamos haber hecho”. Eso nos va a obligar, ya que los seres humanos somos intrínsecamente reactivos.

Conviene archivar el esquema obsoleto de resolución de problemas asentado en experiencias pasadas, conclusiones cerradas, respuestas a estímulos y reproductor de remedios ya ensayados. Probemos con un esquema que fomenta la actitud descubridora de oportunidades que mira sin ingenuidad pero con frescura al futuro, apuesta por la incómoda flexibilidad, y adelantándose a las respuestas convencionales, produce nuevos enfoques. Debajo de los problemas suelen esconderse las soluciones, y la originalidad no es otra cosa que coger a los problemas y a las personas desde su principio, sin lentes distorsionantes.

Quizá haya que recordar a los líderes que la decisión que marca la diferencia es siempre la siguiente; y lo cuenta el que lo hace.

© Guido Stein. Doctor en Filosofía (Management) por la Universidad de Navarra y Master en Administración de Empresas por el IESE-Universidad de Navarra. También es presidente ejecutivo de EUNSA y EIUNSA así como consultor de empresas en diversos sectores como servicios de finanzas, industria y energía, entre otros, y asesor senior de Corporate Inicia y miembro de la International Academy of Management y del Consejo Consultivo Internacional de MCC (Budapest).
Fuente:Economía con valores.-Diario El País

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