No quiero jugar en primera división | Familia Actual

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Estilo de vidaEn poco más de un mes, los alumnos que acaban el Bachillerato tendrán que decidir sobre su futuro: qué carrera elegir, qué estudios emprender, qué profesión van a desempeñar el resto de su vida. Es quizá la elección más importante que han hecho hasta ahora y la que los marcará para siempre. Claro que hay tiempo para echarse atrás, repensárselo, cambiar, pero el primer paso hay que darlo ya.

Los responsables del área de Admisión de las diferentes universidades se ofrecen a los centros escolares para orientar a los alumnos y alumnas, para darles ideas, mostrarles el abanico de posibilidades que se les abre, etc. Hay que decir que, a parte de la carga promocional que tienen (lo cual es muy lógico), estas sesiones son muy positivas para los y las adolescentes: comienzan a verse en la universidad y eso les anima a recorrer el último tramo de la Secundaria.

En una de esas sesiones, un ponente habló de un mundo muy competitivo, donde sólo los mejores se llevan el gato al agua. Dijo más o menos esto: “El dominio de un segundo y un tercer idioma, un master en el extranjero, una buena preparación en todos los niveles, os permitirá acceder a los mejores puestos de las empresas, a recorrer el mundo, a ser líderes, a jugar en primera división”. Ante esas palabras, a muchos alumnos les brillaban los ojos; otros mostraban sorpresa; algunos, indiferencia.

A la hora del patio hablé con Adrián:

–¿Qué te ha parecido la sesión?

Él me miró como disculpándose y dijo:

–No quiero jugar en primera división.

Me explicó que no se veía viajando por el mundo, sino que quería formar una familia; que no le iba lo de ser un alto ejecutivo, sino tener un trabajo digno en el que no tuviera que pisar a nadie, que había elegido un estilo de vida en el que fuera posible ser feliz y dedicarse a los suyos.

Hace unos días que habíamos visto la película Family man (Brett Ratner, 2000) y habíamos hablado de las dos formas de vida que había podido experimentar Jack Campbell (Nicolas Cage), el protagonista.

–No quiero un Ferrari, ni una vida como la del Jack ejecutivo de Wall Street; prefiero su otra vida, esa que se perdió por excesivamente ambicioso –concluyó.

Volvimos a clase. Yo había aprendido una lección más de uno de mis alumnos. He de decir que Adrián es un alumno excepcional: saca sobresalientes y domina el inglés. Simplemente no quiere jugar en primera división.

Víctor Küppers, en su libro Vivir la vida con sentido (Plataforma, 2013), explica cómo esas empresas multinacionales enormes y agresivas absorben la vida de sus empleados, cómo los meten en una espiral gigante donde muchos se dejan la piel. Se dejan la piel y la vida, la que no pueden vivir porque están literalmente abducidos por la moderna forma de esclavitud. “Ten cuidado –advierte Küppers a uno de sus alumnos–, pueden robarte la vida si no estás atento”.

Y es que realmente no se trata de “jugar en primera” sino de ser una persona “de primera, con criterio propio, que no hace lo que todos hacen, que sabe desmarcarse cuando la situación lo exige, que no quiere meterse en ese torbellino del éxito profesional que puede acabar engullendo todo: la familia, los amigos, la salud…

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