Niñez robada | Familia Actual

Niñez robadaLa niñez es la edad de la inocencia. Necesitamos esta etapa de la vida para llenarnos de esa película protectora que nos permitirá digerir los trasiegos de la existencia. La evolución vital tiene su ritmo propio, querer acelerarlo artificialmente no puede sino traer consecuencias desproporcionadas. Pretender construir una pirámide al revés supone cargar la fuerza sobre el punto más débil, entonces el edificio piramidal se sostiene a base de enterrar en el suelo la punta.

Consciente o inconscientemente (ambas formas son igualmente culpables), por razones ideológicas o comerciales (ambas razones son igualmente detestables), por ignorancia o negligencia (ambas excusas resultan inexcusables), estamos robando a nuestros niños la niñez que se merecen. Estamos recortando su inocencia de manera culpable, detestable e inexcusable como si fuera un gasto superfluo del que pueden prescindir. Aceleramos su entrada en la adolescencia para después, consecuencia paradójica, o no tanto, retrasar su salida. Recogemos, al fin, adultos con poca niñez y mucha adolescencia, personas más desprotegidas, vulnerables e inseguras.

Como muestra de este robo de la niñez sirva un botón. En este caso el broche lo pone la publicidad de unos grandes almacenes. En el catálogo de trajes de baño, distribuido por todo el país, se oferta un biquini para niñas de a partir de nueve años que simula volumen en los pechos. Muchos padres, como nosotros, habrán recibido el catálogo en el buzón o lo habrán visto en el centro comercial. En el interior aparece una niña posando con uno de los modelos, donde se puede leer: “Biquini niña con relleno. Tallas: 9 a 14 años”. Para más inri, la niña aparece con un vaso en la mano que simula un cóctel (lógicamente, en la foto no se puede percibir si la bebida lleva alcohol o no).

La asociación Facua-Consumidores en Acción ha solicitado la retirada del producto por considerar que “potencia una peligrosa erotización de la infancia” (ver). En el comunicado emitido por dicha asociación insiste en que, según los expertos, las “presiones comerciales que fomentan la sexualización prematura de la infancia pueden provocar peligros psicológicos y físicos en los niños” y advierte a la empresa responsable que “denunciará los hechos ante las autoridades competentes si no retira el producto y el catálogo donde lo publicita, y recuerda asimismo que en abril de 2010 Primark se vio obligado a retirar en Reino Unido unos biquinis similares dirigidos a niñas de 7 años”.

La sexualización prematura de la infancia es un robo con violencia, una violencia tan sutil como real, de la niñez. Quizá sea un hurto, porque, a pesar de que nos lo propongamos en el ámbito legal, la realidad es que no guardamos la inocencia de los niños con el mismo celo con el que cerramos nuestro coche. Este robo tiene el agravante de que una vez cometido no se puede restablecer, pues la inocencia perdida nunca se vuelve a recuperar.

Nos corresponde a los padres proteger la inocencia de nuestros hijos y evitar ese prematuro acceso a la adolescencia, cuidando esos detalles que descuida el ambiente que nos rodea y que pueden acabar robándoles la niñez.

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