Navarro-Valls: “Juan Pablo II fue el gran activista de la dignidad humana”

Análisis digital.Pocos días antes de que Juan Pablo II sea canonizado junto a Juan XXIII, el Dr. Joaquín Navarro-Valls, que estuvo a su lado durante 22 años como portavoz de la Santa Sede, ha concedido una entrevista a Jordi Picazo para InfoCatólica, en la que glosa la figura del papa polaco. D. Joaquín asegura que «hay un rasgo que no veo suficientemente subrayado» en las biografías que se han escrito de Juan Pablo II: «la alegría; dicho de otro modo, su sentido del humor». Por otra parte, afirma que si se le puede atribuir algún activismo al pontífice es «el activismo de la dignidad humana».
A la hora en que el sol está en su cénit, a la hora de la Virgen, las 12:00 en nuestro reloj en la Ciudad Eterna, Roma, el último día en que conmemoramos el «dies natalis» de Juan Pablo II antes de su canonización, me concede esta entrevista el Dr Joaquín Navarro-Valls. Navarro-Valls convivió con Juan Pablo II 22 años de su pontificado, además de ser el único laico de la historia en ocupar el puesto de Jefe de Prensa del Vaticano.
– ¿Cuál es la anécdota que lleva más junto a su corazón de sus vivencias con JPII?
Me resulta extraordinariamente difícil sacar un recuerdo de esa masa enorme que conforma una unidad de tantísimos años con Juan Pablo II. Ahora bien, como tema recurrente estaban esas bromas personales que contaba con su buen humor. Normalmente hablábamos en el trabajo en italiano pero cuando él empezaba una conversación en español, en castellano, entonces yo sabía que era porque quería tomarme el pelo en alguna cosa; y eran unos momentos de extraordinaria naturalidad. En general no eran grandes temas de los que se hablaba con toda naturalidad. Esa es un recuerdo que conservo verdaderamente en mi corazón. Fueron muchos esos momentos en tantos años.
– ¿Cuál era el rasgo diferenciador de Karol Wojtyla? Cuál era su carisma, y cuál el de Juan XXIII? ¿Con qué título se canonizará a los nuevos Santos Papas? ¿De qué serán especiales intercesores? ¿Cuáles son los rasgos distintivos de la espiritualidad de JPII?
Yo no sé cuál es el título que adoptará el Papa Francisco el 27 de abril, no conozco el texto de la promulgación de la santidad de estos dos beatos. Sobre lo que me pregunta usted acerca de para qué podría ser especial intercesor Juan pablo II, pienso que podría ser intercesor de la vida, de la vida humana, en todos sus aspectos, en todo su riqueza, en todas sus posibilidades; él era una persona enamorada de la vida, de la vida de cualquier ser humano. Toda, porque toda la vida de un ser humano tiene un sentido profundo, un sentido antropológico, filosófico; por tanto pienso que podría ser intercesor de toda la vida, más que de un aspecto específico de ella.
Sin embargo pienso que hay un rasgo que no veo suficientemente subrayado en la mayoría de las muchas biografías que se han publicado, y que era distintivo, específico de él, que era la alegría; dicho de otro modo, su sentido del humor, su buen humor. Lo he visto cuando hablábamos de temas que eran muy serios sobre la humanidad, la iglesia, las relaciones internacionales, de lo que fuera, y siempre, siempre veía el problema desde una perspectiva que era optimista: era alegre naturalmente.
¿De dónde arrancaba esta alegría? Ésta en la gran pregunta biográfica: no era un hombre simplemente con una psicología festiva, ¡no! Iba mucho más allá que todo eso, es que creía al pie de la letra y con una gran intensidad esas dos primeras líneas de la primera biografía humana que existe, del Libro del Génesis: «Dios creó al hombre a su imagen y semejanza». Lo creía de tal modo que incluso en las situaciones aparentemente más dramáticas no podía olvidar ese hecho. Ahí era donde se fundaba en él esa alegría y ese buen humor que le era tan característico.
– ¿Qué favores ha obtenido a través de su intercesión? ¿Qué milagros han llegado a su conocimiento por el mundo?
Desde luego acudo a él con mucha frecuencia. Me permitirá que guarde para mí lo que le pido o los favores que he obtenido de él. A mí mismo me digo en muchas ocasiones, no lo dejes dormir, naturalmente es un lenguaje alegórico.
Me han llegado y me llegaron ya mientras él estaba en esta tierra, algunas noticias de hecho de personas que decían «me ha ocurrido esto o aquello, yo lo atribuyo a Juan Pablo II. En todos los casos yo les he contestado: reúna usted todo el material, si se trataba de curaciones, y envíelo a la postulación de la causa de beatificación. Era el cauce normal que había. Naturalmente no me paraba a considerar la veracidad de los hechos pues es un tema que pertenecía al Postulador de la Causa.
– ¿En qué se fundaba su amor a la espiritualidad de los místicos españoles? ¿Cómo describiría su amor por España?
Aquí tenemos un tema biográfico. Cuando él en ese momento se disponía a elegir el tema de la propia tesis doctoral, lo cual es un momento crítico en la vida de cualquier intelectual, en la vida de cualquier ser humano que estudia; él no dudó en elegir un santo español, san Juan de la Cruz, y a él le dedicó mucho tiempo y durante toda su vida reflexionó, y giró en torno a las obras históricas de San Juan de la Cruz. Conocía por otro lado perfectamente bien a Teresa de Jesús, y conocía a muchísimos santos españoles pero san Juan de la cruz de algún modo configuró a Juan Pablo II, su interioridad, su identidad.
– JP II dijo a Monseñor Cafarra en una ocasión, «ve a ver a Álvaro del Portillo, encontrarás en él apoyo, como en mí». Cuando murió del Portillo, el Papa fue a rezar ante su capilla ardiente a la sede del Opus Dei en Roma, y al agradecerle el actual Prelado de la Obra, Monseñor Echevarría, entonces Secretario General del Opus Dei, su gesto, el Papa comentó que «era necesario, era necesario». Ahora, el papa Francisco ha dicho que no concibe la iglesia sin el Opus Dei, Comunión y Liberación y los movimientos. Del Portillo seguirá ahora a Wojtyla a los altares, en septiembre, en Madrid. ¿Es una bella coincidencia? ¿Los movimientos dentro de la iglesia dan vitalidad a la Esposa de Cristo?
El primer tema es esa referencia que hace usted al Opus Dei y en general a las instituciones de la Iglesia Católica y que tiene como punto central al mundo laical, el mundo de los laicos. Esto es literalmente Concilio Vaticano II: La centralidad del laico en la misión de la iglesia. Francisco, por citar al último Papa está insistiendo también mucho en esto. No es solamente el final de una reflexión teológica: es un dato práctico de carácter demográfico. En la Iglesia Católica habrá aproximadamente cuatrocientos cincuenta mil o quinientos mil sacerdotes, religiosos y religiosas, pero hay mil doscientos millones de laicos. Ignorar la vitalidad de este hecho en términos puramente demográficos sería absurdo. Juan Pablo II dedicó gran parte de su misión pastoral antes de ser elegido Papa al mundo de los laicos. Primero andaba al monte con chicos y chicas; luego con matrimonios; después ha elaborado libros.
En el caso de Don Álvaro del Portillo y Juan Pablo II lo que puedo decir es que se veían con bastante frecuencia; supongo que el Papa le pediría alguna ayuda o le preguntaría algunas cosas. Le pediría ayuda para algunos objetivos que yo en este momento no conozco, pero esa amistad existía y fue de algún modo subrayada en ese momento excepcional que es que el mismo día que murió del Portillo quiso acudir a la capilla ardiente. Tengo que decir que en todos los años de pontificado solo vi al Papa hacer una excepción análoga; porque ni siquiera cuando moría un cardenal en Roma el Papa iba a la casa. Celebraba un funeral unos días después por él, y esa única excepción además de con Álvaro de Portillo fue cuando murió el médico que lo operó el día del atentado: el Dr Francesco Crucitti. Le dijimos, Santo Padre va a sentar un precedente el ir a ver a una persona a su casa. La respuesta del Papa fue «este hombre me ha salvado la vida, yo voy a su casa». Fueron las dos únicas excepciones que recuerdo en todo el pontificado.
– ¿Cree que hoy se valora lo suficiente el magisterio de Juan Pablo II sobre la familia? ¿Piensa Navarro-Valls que la Teología del Cuerpo de Juan Pablo II se ha difundido mínimamente en las universidades católicas, los seminarios o incluso los cursillos matrimoniales? ¿Qué obstáculos cree que puede haber encontrado JPII?
Un documento como la Familiaris Consortio, la encíclica de Juan Pablo II, sigue siendo un gran documento sobre el amor humano. Un documento que, y a mí me sorprende, cuando a veces se viaja y se va a universidades fuera del ámbito habitual, en ámbitos nada sospechosos de catolicismo o de fe cristiana, vemos que continúa estudiándose y prestándosele atención porque tiene una riqueza extraordinaria. Como usted sabe Juan Pablo II, cuando era todavía Obispo, ni siquiera Cardenal, empezó a elaborar sobre este tema y escribió aquel libro estupendo que se llama Amor y responsabilidad. El libro se difundió pero él mismo, y esto me lo ha contado Juan Pablo II, se dio cuenta que para entender bien amor y responsabilidad había que hacer una reflexión sobre quién es la persona humana. Ése es el déficit antropológico al que me refería. Después escribió Persona y acción, un libro muy difícil pero muy rico desde el punto de vista antropológico, no de antropología cristiana sino simplemente antropología, «kultur». Yo personalmente creo que estamos en esa línea, en lo que Usted llama la teología del cuerpo. En el fondo, plantearse con seriedad filosófica y antropológica, y últimamente también ética, qué es el amor humano; cuáles son esos parámetros del amor humano que hace que el amor humano sea distinto del amor entre animales, que sea específico del ser humano, es un gran tema en el que nuestra época es deficitaria. Sin embargo la biografía para profundizar no falta, gracias a Juan Pablo II.
– El Muro de Berlín cayó en 1989… pero en Asia y Cuba siguen regímenes comunistas… ¿Pensaba Juan Pablo II que allí pudieran durar tanto? Guatemala, Filipinas y otros países abolieron la pena de muerte como gesto de cercanía al Papa. ¿Es exagerado decir que fue el activista número uno contra la pena capital? ¿O el más eficaz? ¿De qué otras maneras influyó en la historia, además de propiciar el final del comunismo totalitario, y la caída del muro de Berlín, o evitar una guerra entre Chile y Argentina?
Si usted quiere llamarlo así yo no tengo inconveniente en aceptarlo, activista, entre comillas al menos, un activismo que se le puede atribuir a Juan Pablo II es el activismo de la dignidad humana. Ése fue su arma, la de hablar, predicar y hacer lo posible por la dignidad del ser humano, y ahí entran guerras, totalitarismo, todo lo que usted quiera. No se sentía un líder político ni siquiera cuando cayó el muro de Berlín y cambió la vida de centenares de millones de personas en todo un ámbito; y no solamente hay que destacar el milagro del cambio: aquel cambio se produjo sin derramamiento de sangre, cosa que ningún historiador pensaba que podía suceder. Ahora, todo eso fue posible porque él era el gran activista, utilizo su palabra, el gran activista de la dignidad humana: aquello convenció. Ha mencionado usted algunos países, Cuba, por ejemplo, cuando estuve con él, bien, el sistema no es que haya cambiado de por sí, pero ha cambiado la Iglesia, ha cambiado mucho su presencia, su reconocimiento social en Cuba. Antes de aquel viaje estaba apartada de todo protagonismo social. De esta forma también se podría analizar Chile, Uruguay, Paraguay.

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