Mi generación no conoce ninguna utopía ||Blog de Antonio Argandoña

Al cabo de un par de años, cae en mis manos el número de septiembre-octubre de 2012 de la revista Profesiones, editada por Unión Profesional. Lo que más me golpea de esa interesante revista es una breve reseña, escrita por Elisa G. MacCausland, de un libro de Meredith Haaf, titulado “Dejad de lloriquear”. Me permito copiar casi literalmente esa reseña.

Antonio Argandoña,profesor del IESE
Antonio Argandoña,profesor del IESE

“Mi generación no conoce ninguna utopía, ni aspira realmente a tener una”. Esta historiadora y filósofa de carrera, de origen alemán, gusta del “nosotros” para señalar cómo los nacidos en los ochenta consideran más importante la individualidad que la solidaridad. “El deseo de refugiarnos en la vida privada es mucho más urgente que el sentido de comunidad”. Una generación pequeño burguesa a la que un cambio estructural le parece impracticable. La competencia es lo natural. Son los tiempos postmodernos y ‘postoptimistas’. A lo único que se puede aspirar es a que la cosa no vaya a peor. Los pragmáticos, como apunta la autora, parecen conformarse con el ‘precariado’ como única ¿salida?
Señala Haaf que esta generación vive atrapada en una ilusión de poder donde el mercado, la comunicación y la optimización de uno mismo rigen el día a día de unos profesionales producto de la especialización -lo que los convierte, según ella, en profesionales sectarios, sin apenas espacio para imaginar-. “El miedo es el motor principal de mi generación y el escepticismo su actitud fundamental”. El idealismo, en este contexto, suena ingenuo; sabe a poco. ¿Qué hacer? “Simplemente tenemos que madurar”, dice Haaf.
No quiero añadir nada más; que el lector saque sus conclusiones.

Be the first to comment

Leave a Reply

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.