los deberes morales en una sociedad abierta y compleja como la nuestra, a partir de las ideas de Friedrich von Hayek.

Un colega del IESE me explicó hace unos días cómo veía él el tema de los deberes morales en una sociedad abierta y compleja como la nuestra, a partir de las ideas de Friedrich von Hayek. En lo que yo llamaría la corta distancia (la familia, el barrio, la comunidad de vecinos) funciona una ética que se basa en las relaciones personales: yo tengo deberes concretos con mi familia, mis amigos, mis vecinos…, porque puedo identificar los impactos de mis decisiones sobre ellos.

Antonio Argandoña.-Profesor del IESE-España
Antonio Argandoña.-Profesor del IESE-España
Por ejemplo, cuando pongo el televisor con alto volumen, he de pensar bien si esto molesta a los del piso de abajo, porque sé muy bien quiénes son los afectados por mi decisión, Y puedo olvidarme del efecto que pueda tener sobre los que viven a un cuarto de hora de mi casa, porque estoy casi totalmente seguro de que no les produzco un daño.

Sin embargo, cuando decido comprar un producto fabricado en Filipinas en lugar de uno fabricado en mi ciudad, no puedo conocer todos los impactos de mi decisión. Conozco los más próximos, claro: el fabricante perderá ventas, quizás tenga que reducir plantilla, traer el producto de lejos provocará contaminación… Pero hay otros efectos que son más difíciles de tener en cuenta: las necesidades de los empleados en la fábrica de Filipinas, su nivel de vida, la oportunidad de que sus hijos reciban una mejor educación, la creacion de empleo en la empresa que transporta los productos…

Mi colega me decía que debemos aplicar dos éticas distintas, según se trate de la corta distancia, donde puedo evaluar las consecuencias de mis decisiones, o de un orden abierto, en el que hay tantas consecuencias, directas e indirectas, que no podré tomar una decisión correcta.

Yo plantearía el problema de un modo distinto. El principio ético es el mismo: no puedo desentenderme de las consecuencias de mis decisiones sobre otras personas, por el daño (o beneficio) que les pueda causar y (algo muy importante para mí), por los efectos sobre mí mismo: si decido despreocuparme de los efectos de mi decisión, estoy convirtiéndome en un egoísta, estoy deteriorando mi calidad moral, estoy aprendiendo a olvidarme de las necesidades de los demás y, ya en el plano puramente material, no tendré derecho a quejarme el día en que un político populista proponga medidas que me harán daño, porque yo habrá contribuido a esa reacción, como parte de los efectos no conocidos y no previstos de mis acciones.

El principio es el mismo, pero cambia su concreción, y esa concreción se va produciendo, en cada caso, con la ayuda de las ciencias (en nuestro ejemplo, de la economía) y de las posturas que la sociedad va tomando (aunque estas pueden ser parciales y aun manipuladas) En el caso del volumen de mi televisor podré concretar mucho mejor lo que debo hacer, porque puedo prever las consecuencias para los demás, y porque tendré argumentos emocionales o sociales para no hacer daño a otro, porque es una persona próxima a mí, porque me imagino lo mal que lo pasará con mi ruido, porque quizás provoque una reacción violenta contra mí, porque adquiriré mala fama en la vecindario… Esto es más difícil cuando los efectos de mi decisión se producen muy lejos. Pero no puedo olvidarme de ellos. La idea del orden abierto me servirá para entender otros efectos, que yo no puedo percibir, que no son próximos a mí, pero que no son irrelevantes. No tendré medios para comprobar si el daño producido al empleado del fabricante próximo son más o menos importantes que los del trabajador filipino, y me tendré que fiar, quizás, de los criterios del mercado, que no son definitivos (no tienen en cuenta los aprendizajes morales, por ejemplo), pero que son relevantes, y que me pueden ayudar a tomar una decisión razonable.

Mi colega lo decía de otro modo: para el trabajador próximo, mi decisión es una violación de su “derecho” a tener un buen trabajo bien remunerado y protegido; para el trabajador filipino, mi decisión de comprar localmente crea un “privilegio” en el trabajador de aquí, a costa del de allá, que no tiene ni un buen trabajo, ni un buen sueldo, ni seguridad alguna. Con otras palabras, mi decisión puede contribuir a fomentar una reacción emotivista que, por tanto, mira mejor el que tengo al lado que al que está lejos, y que puede ser injusta, al menos en el sentido de que no reconoce los mismos derechos para todas las personas. Todos somos iguales, como diria Orwell, pero unos más iguales que otros.

Conclusión primera: no hay varias éticas, sino una sola, que habrá que aplicar a cada caso concreto de acuerdo con las circunstancias. Conclusión segunda: el estado del bienestar, tal como lo conocemos, da respuesta a unos problemas, pero no puede tomarse como la única respuesta, ni siquiera como la más ética. Conclusión tercera: cuando tengas que tomar una decisión, piensa en las consecuencias que tendrá, pero con criterio amplio: no te quedes en las que afectan a los de tu entorno próximo, porque puedes ser injusto (e ineficiente). Conclusión cuarta: y como es muy difícil acertar siempre, en un mundo complejo lleno de sistemas abiertos y de relaciones próximas, acostúmbrate a procurar se justo en todas tus decisiones: esto no garantiza que tus efectos sean socialmente los mejores, pero sí que, al menos, hará de ti una mejor persona. Y son las buenas personas las que toman las buenas decisiones.

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