Libertad, propiedad y contratos voluntarios | Economía, ética y Responsabilidad Social de la Empresa

La Drecera es el boletín del Institut Agrícolala patronal agraria de Cataluña. Suele publicar encendidas defensas de la actividad productiva agrícola y ganadera contra las diversas agresiones que el sector sufre, casi siempre de los políticos, el lobi ecologista y los sindicatos agrarios.

Antonio Argandoña,profesor del IESE
Antonio Argandoña,profesor del IESE

En la editorial del boletín de septiembre-octubre de 2013 recoge una idea de Zygmunt Bauman, el filósofo polaco al que se debe el término “modernidad líquida”. Bauman cuenta la metáfora del jardinero. En nuestras sociedades hay dos tipos de culturas, reflejadas en dos maneras de entender el trabajo del jardinero. Unas culturas están dirigidas, planeadas y diseñadas por alguien (adivine el lector quién es ese alguien); las otras confían en la capacidad del jardín para florecer por sí solo. Quizás nos gustan más las culturas dirigidas, pero, señala La Drecera, no son sostenibles, ni respetan a la persona y, a la larga, son nocivas.

Y explica qué pasa con las políticas agrarias ahora en vigor en Cataluña (pero aclara inmediatamente que también en España y en Europa). “La agricultura y la ganadería, antiquísimos objetos de tributación, son ahora sujetos perceptores de subvenciones que crean dependencia e intervencionismo“. Y aclara que esto se debe a que esas intervenciones olvidan dos cosas que son básicas para la actividad económica: la propiedad privada y los contratos voluntarios.

La propiedad privada ha quedado mermada por todo tipo de intervenciones, limitaciones y prohibiciones, que falsean su función, Desde los tiempos de Locke y Hume, la propiedad privada es la base económica de la libertad personal y de las familias, porque es la garantía de que pueden ganarse la vida decentemente, sin depender del Estado. Esto no es válido hoy, excepto quizás para grandes explotaciones agrícolas, forestales o ganaderas. El poder que diseña nuestros jardines, siguiendo con la metáfora de Bauman, ha desvirtuado esa función: hoy en día la base económica depende de las políticas diseñadas en Bruselas, en Madrid y en Barcelona. En cuanto a los contratos libres, base de una economía eficiente, La Drecera señala la existencia de una ley de contratos de cultivo, que elimina aquella libertad.

Ya sé que defender la libertad económica ahora, en el fondo de una crisis, no está de moda. Pero si no somos capaces de explicar nuestras instituciones, de darles un sentido humano y de arraigarlas en lo más sagrado de la persona y de la familia, estaremos echando a perder esas instituciones, y las personas a las que, se supone, deben proteger.

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