La violencia contra la mujer en Europa: ¿en qué queda la ideología de género?

Los datos sobre la violencia contra la mujer fruto del macro estudio de la Unión Europea responden a causas evidentes que solo la ceguera ideológica impide a a reconocer.
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La sorpresa aún mantiene con la boca abierta a más de uno. La macroencuesta realizada por la Unión Europea revela que la violencia contra la mujer dentro y fuera de la familia es muy alta en los país nórdicos, Gran Bretaña y Francia, y alcanza cotas que mueven a preocupación en Centroeuropa, con unas excepciones que hay que explicar. Por el contrario es, en comparación, baja en los países del sur. Estos datos son absolutamente contradictorios con la explicación política e ideológica, para nada científica, que nos ofrece la ideología de género, que, con carácter general, afirma que la violencia es consecuencia de las estructuras “patriarcales”, la “desigualdad” y la doctrina “machista” de la Iglesia católica. La realidad define todo lo contrario. El maltrato en Finlandia es el doble que el de España, el británico casi dobla a su vecino con quien comparte muchas cosas, Irlanda, aunque difiere en otras tan substánciales con la importancia del hecho religioso. Francia es en peor la excepción latina, mientras que Polonia y Austria son a mejor la excepción centro europea y nórdica. Un país presentado como modelo por el progresismo, como Holanda, con aborto libre hasta las 24 semanas, prostitución legalizada, eutanasia, matrimonio y adopción homosexual, legalización del consumo de ciertas drogas, en fin, toda la agenda, dobla las cifras de Portugal y Grecia. ¿Cómo se explica que la «sangre caliente» griega, la violencia que se observa en sus canchas de baloncesto y campos de fútbol, no tenga un comportamiento equivalente en la relación con la mujer; mientras que la civilidad danesa y sueca, el éxito en conocimientos de los escolares finlandeses, no tienen un correlato en este mismo campo? Porque estos son los hechos puros y duros.

Hay que advertir, sea dicho sin ninguna pedantería, que para FórumLibertas los resultados no son una sorpresa sino una confirmación. Confirmación del estudio publicado hace dos años y medio por el Instituto de Estudios del Capital Social (INCAS) de la Universidad Abad Oliba CEU de Barcelona, que por una vía distinta llegaba a idénticas conclusiones. El estudio utilizaba un dato inobjetable: el feminicidio de pareja, las mujeres muertas a manos de su compañero. El, resultado, si bien con un menor número de países estudiados, era equivalente.

Hay que subrayar que la encuesta no expresa la violencia subjetiva, es decir la simple percepción de la mujer, sino que responde a un cuestionario con preguntas sobre hechos, y son estos los que permiten la valoración. Los profetas del feminismo de género, de sus doctrinas, que son las aceptadas acríticamente por los medios de comunicación, se encuentran sin explicación y ofrecen el silencio, o barrocas e indemostradas teorías. Nosotros les podemos presentar dos que ofrecen el fundamento científico de una elevada correlación estadística, y en este sentido es la mejor explicación que puede darse.

Las causas son dos:

Primera la cultura religiosa. Los países de cultura católica y ortodoxa, con un número de practicantes comparativamente elevado en relación al total de la población, presentan niveles de violencia bajos, con independencia de otros factores, participación de la mujer en tareas directivas, ingresos, nivel de estudios, legislación sobre el aborto, etc. Es necesario subrayar este dato porque muestra la fuerza del hecho religioso real y no formal. La pertenencia efectiva al catolicismo protege a la mujer en una medida extraordinaria. Tampoco es que sea un dato desconocido pero si ocultado. Las encuestas del Instituto de la Mujer en la época Zapatero, cruzando los datos de dicha violencia con la adscripción religiosa que declaraban, señalaban en el mismo sentido. Las mujeres que sufrían mayor violencia eran las que se declaraban agnósticas y ateas y las que menos con una diferencia muy notable superior al 40% eran las católicas practicantes.

Segunda, y sin duda es convergente con la anterior: existe una correlación elevada e inversa entre la violencia y el peso del matrimonio en los vínculos de pareja. A mayor porcentaje de matrimonios, menor violencia.

Ahora, si la objetividad y no el sectarismo habitaran entre nosotros, las enmiendas a las políticas que se aplican y al discurso teórico que las justifica deberían estar al orden del día. Y es que en último término todo es muy sencillo: lo que agrede y mata es la falta de respeto al ser humano en general, a la mujer en particular. La ausencia de compromiso firme con el otro, la desaparición del vínculo principal, el amor entendido como donación gratuita capaz de generar la reciprocidad en el otro; el deber que se impone a toda conciencia. Una historia tan vieja como nuestra propia cultura, que solo la ceguera de extrañas doctrinas ha hecho olvidar y que es necesario recuperar. Sin compromiso solo crece la Sociedad Desvinculada, que maltrata a sus miembros, también -no solo- a sus mujeres.

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