¿La política o la economía?

guidoGUIDO STEIN, profesor del IESE de Dirección de Personas en las Organizaciones

El discurso del Rey ha sido el menos visto de todos los que ha dirigido en su longevo reinado con motivo de la Navidad. De pequeño siempre acompañaba a mi padre, era la Época de la Transición, ahora tan lejana. Sin ser irrespetuoso, ha mejorado mucho. Me gusta ver lo qué dice el Monarca, y aún más, cómo lo dice. No estoy de acuerdo con quienes critican que estuviese casi de pie; se trata de una innovación que le ha favorecido. Es curioso lo difícil que nos resulta adaptarnos a las novedades, la resistencia antropológica íntima al cambio.

En el peor momento económico de la historia reciente de España, con millones de familias arruinadas o casi, nos ha recordado que no todo es economía. Ha tenido el acierto junto a sus asesores de apuntar en una dirección más amplia y profunda: LA POLÍTICA.

Efectivamente, siendo los asuntos de los dineros y su buena marcha una condición de posibilidad para que convivamos adecuadamente en sociedad; sin embargo, no suponen la condición única ni principal.

La empresa como la sociedad es sostenida por aquellos que se identifican con ella, que tienen proyecto de continuidad. Sólo aquellos empleados y ciudadanos que tengan planes de futuro identificados con la empresa y la sociedad, son la base para sacarlas adelante, pues no fallarán a la mínima dificultad. Esa identificación y compromiso excede a la economía.

En realidad, aunque parezca lo contrario, nos la jugamos en el largo plazo, que no es propiamente la suma de plazos más cortos, sino que se identifica con el proyecto esencial. A ese es al que yo creo que se refiere el Rey cuando habla de que es la hora de LA POLÍTICA.

De nuevo fabricaremos mercenarios con nuestros jóvenes que después querremos retener llamándoles “talento”; de nuevo especularemos a la vez que peroramos sobre la “creación de riqueza”; de nuevo hablaremos de valores para maquillar un afán crematístico unilateral…Hay sitios en los cuales se entra deseando irse lo antes posible: ¿volveremos a la andadas en cuanto nos den un respiro o habremos aprendido en cabeza propia?

Para el 2013 deseo que, en primer lugar, tengamos claras las prioridades; en segundo, que respetemos la naturaleza de las cosas; por último, sepamos hacer excepciones justificadas.

Las generaciones se ganan su talla moral, que incluye LA POLÍTICA, con sus decisiones. Aquí no hay realmente progreso, pues en cada momento histórico los hombres y mujeres estrenan plenamente su libertad. Y como dice el poeta, ahí radica tanto el peligro como la salvación.

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