La corrupción, gota a gota | El Sónar

MentirosoEl silencio es el mejor clima de cultivo de la corrupción. Por eso, suele haber más corrupción cuanto menos se habla de ella; y puede que cuando más casos salen a la luz, empiece a estar en retroceso.

La mayor cobertura informativa en los últimos tiempos y la creciente persecución de los casos de corrupción  deben haber influido para que tres de cada cuatro ciudadanos de la Unión Europea crean que las irregularidades están generalizadas, según un amplio estudio difundido por la Comisión Europea.

El estudio se basa en una encuesta sobre la percepción de la corrupción en el sector público. A la pregunta de “¿Cómo de extendida cree que está la corrupción en su país?”, las respuestas son muy variadas: desde un 20% en Dinamarca, que es donde menos huele a podrido,  hasta un máximo del 99% en Grecia, y con una media del 76% para la UE.

Si la percepción ciudadana se correspondiera con la realidad, la corrupción de la UE estaría al nivel de la de Estados dictatoriales, donde los gobiernos no rinden cuentas a los ciudadanos. Afortunadamente no es así. En el Barómetro de Transparencia Internacional, la organización que más ha estudiado la corrupción en el mundo, Europa Occidental, Norteamérica y Australia aparecen como las regiones más limpias en este aspecto.

Cuando de las opiniones se pasa a la propia experiencia de los ciudadanos, el panorama varía. Solo el 8% de los encuestados dice haber experimentado o haber sido testigo de un caso de corrupción en el último año. Lo cual no es óbice para que la mitad de los europeos piense que la situación ha empeorado en los últimos tres años, con España a la cabeza de los pesimistas con un 77% de los encuestados.

Pero quizá lo que ha aumentado en España es la sensibilidad social hacia la corrupción. En los últimos tiempos, lo más probable es que haya bajado el grado de corrupción, aunque solo sea porque con la caída de la vivienda hay menos oportunidades para el compadreo entre constructores y autoridades municipales. También el hecho de que se hayan destapado prácticas corruptas que han sido moneda corriente en Cajas de Ahorros, en la financiación de partidos y sindicatos, en adjudicaciones de la contratación pública y en proyectos faraónicos despilfarrados, ha movido a tomar más medidas de control y habrá frenado a los aspirantes a defraudadores.

El estudio de la Comisión Europea hace recomendaciones para abordar los típicos focos de corrupción, en la financiación de los partidos políticos, la contratación pública, y el control en la rendición de cuentas de los políticos.

Pero el clima ético de un país no depende solo de lo que hagan las instituciones políticas y las grandes empresas. La corrupción penetra por capilaridad en todo el cuerpo social. Y las pequeñas corrupciones acentúan el grado de toxicidad del conjunto. Si pensamos solo en el terreno económico, la tasa de economía sumergida en España oscila, según diversas estimaciones, entre el 20% y el 25% del PIB, lo cual es un buen índice de prácticas irregulares.

Nos rasgamos las vestiduras porque un partido político haya pagado en negro parte de la reforma de su sede, como si nadie hiciera lo mismo en las obras de su casa. Clamamos contra el fraude fiscal, pero la pregunta ¿con IVA o sin IVA? nos parece normal. Denunciamos el aprovechamiento ilícito, pero España es el paraíso de las descargas ilegales en Internet. Protestamos contra los que se lucran con comisiones ilegales, pero cobrar el paro y trabajar en negro no es inusual. Dentro de un clima de relativismo moral, cada uno puede pensar que su caso está justificado.

Cuando se cree que la corrupción está generalizada es fácil escudarse en el “los demás también lo hacen”. Pero el modo más asequible y eficaz de luchar contra la corrupción es renunciar a beneficiarse personalmente cuando en nuestro entorno surge la oportunidad.

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