El tiempo libre y los estudios de los hijos

The Family Watch.-15-12-2013

Pudiera parecer, a simple vista, que no existe ninguna relación entre el éxito en los estudios de los hijos y el modo en que estos emplean su tiempo libre. Es erróneo creer que carece de importancia, que no influyen el uno sobre el otro. Veamos por qué.
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Buenos estudiantes. Muchas familias presumen, y con razón, de tener hijos que sacan buenas notas, que estudian y hacen los deberes todos los días, que dedican diariamente y con gusto a leer, un rato. Se acuestan pronto, a su hora, para levantarse descansados y bien dormidos.
Ven muy poca televisión y, si lo hacen, los fines de semana, en familia, con sus padres y hermanos y con algunos amigos que se añade a esas tertulias (con merienda incluida), previa elección de aquellas programas o películas adecuadas a su edad e intereses, que comentan participando todos, sobre todo, los hijos. Alternativamente, los fines de semana, programan excursiones al campo, a la montaña, conectando con la naturaleza, descubriendo sus misterios y retos, conociendo la historia, arte y cultura de las regiones que visitan. Y, a veces, descubriendo sus potenciales habilidades para la fotografía, la pintura o la literatura (hacer descripciones, narraciones, etc.) O bien, acompañando a sus hijos en actividades deportivas (baloncesto, futbol, balón-mano …)
Hemos descrito, hasta ahora, los hábitos de familias con hijos pequeños, hasta los 11 o 12 años. Pero, ¿qué ocurre en la edad de la pre-adolescencia y la adolescencia? Lo que ocurre es que se comienzan a romper dichos hábitos. Los hijos, en estas edades, por imperativo de su desarrollo personal: físico, psicológico y social, en primer lugar, pero, sobre todo, por las influencias que reciben del exterior, desean descubrir lo nuevo, lo distinto, aquello que oye y ve que es diferente, lo que hacen los mayores, y quieren conocerlo. Aparecen los enamoramientos, los intereses y secretos de la sexualidad, las incógnitas del tabaco, el alcohol y las drogas. Pero, frecuentemente, lo que no saben es los peligros que esconde todo anterior. Y se vuelven imprudentes.
Aparecen las rebeldías, las mentiras o medias verdades, la desobediencia, el desorden, sobre todo mental. Saben que no son niños, pero también saben que no son mayores. En consecuencia, no saben qué son ni cuál es el papel que les toca desempeñar en la vida. Y, presentan una extensa gama de razonamientos para escaparse de la tutela familiar. Los más frecuentes: “todos mis amigos lo hacen”,” todos mis amigos tienen éste o aquél móvil o video juego”,” usan el ordenador”,” les dejan salir hasta tal o cuál hora”,” no hacemos nada malo”… Claro está, todo ello para, en un principio, realizarlo en el tiempo libre (viernes por la tarde, sábados, domingos, vacaciones). Hasta que estas actividades e inquietudes comienzan invadir el tiempo que deben dedicar a su estudio diario.
En definitiva, ¿qué es lo que ha pasado?
Lo que ha pasado es que el ambiente y las influencias del exterior, de la sociedad, han llegado a infeccionar a las familias, trastocando un proyecto educativo familiar,que inicialmente fue bueno, en otro que es propio de familias imprudentes.. Y, esto ¿porqué? Por ir consintiendo, poco a poco, hábitos de comportamiento que perjudican claramente a los hijos.
Es verdad que, a una determinada edad, los hijos no tienen porqué estar “pegados, siempre, a las faldas de su madre”. Reclaman la autonomía propia y natural de todo ser humano. Deben comenzar a vivir su propia vida, aunque sin olvidar que ésta será en función de su libertad y responsabilidad personal. Por ello, si no se ha alcanzado el necesario nivel de libertad responsable, las decisiones que tome pueden estar impregnadas de imprudencia. Sin embargo, si antes han conocido el modo de abrirse al mundo exterior en el ámbito de la familia, de forma que han llegado a comprender la finalidad real de su vida, han vivido y compartido objetivos claros, han aprendido a usar los recursos materiales con sobriedad, en un ambiente de alegría, esfuerzo, amistad y servicio a los demás, cuando comparen entre un estilo y otro, podrán deducir qué es lo mejor, lo que les hace estar contentos y felices. Y, como así ocurre en tantos jóvenes hoy, serán ellos mismos los que, con iniciativa personal, organizarán las actividades y ocupaciones de su tiempo libre más acordes con un proyecto personal coherente y autónomo.
Por todo ello, merece la pena reflexionar serenamente sobre el espacio por donde transcurre la propia vida: el tiempo. Vivimos en el tiempo y en él nuestros hijos deben llevar a cabo su propio proyecto como personas.
Podemos clasificar al tiempo en dos tipos: aquel en el que llevan a cabo su proyecto personal: preferentemente asistir a las clases, estudiar y aprender, y los llamados tiempos libres. Pero, es evidente que las actividades de tiempo libre deben facilitar y no ser un obstáculo para la realización de lo que es más importante: en concreto, su estudio. Pensemos en los lunes: más cansancio, tareas sin hacer, malestar físico, mal humor, etc.
Y, no digamos nada sobre el tiempo que se pierde en casa: TV, ordenador, vídeojuegos, móviles… No estudian bien porque esas actividades distraen su atención, les desconcentran. Y no son conscientes del tiempo que pierden. Estudiar lo dejan para el final o la van alternando con otras cosas más placenteras, que no les cuesta esfuerzo. Pero ¿por qué ocurre esto?
En primer lugar, hay que saber que estudiar les suele resultar aburrido, que no les gusta estudiar. No le encuentran sentido, porque no han caído en la cuenta que lo más importantes de su vida son sus estudios. Y, si no han caído en la cuenta, hay que hacérselo ver, de no ser que se esté de acuerdo con ese criterio, bien porque se crea que “no es tan malo que se diviertan un poco”, o bien por no complicarse la vida… y se deja hacer. Es una verdadera imprudencia, cuyos efectos no suelen tardar en presentarse. El más corriente: que aparezcan las urgencias en los estudios.
Pues bien, cuanto más tiempo dedique a aquellas actividades que no corresponden a lo que para ellos es lo determinante, mayor peligro corre su proyecto personal (entre otras cosas aprender, aprobar…) Y, para evitar ese despilfarro es importante que ordenen el tiempo de estudio diario en casa.
¿Qué ha ocurrido cuando aparecen las urgencias? Sencillamente, que se deja para el final, para antes de los exámenes, estudiar y aprender lo que debían haber hecho todos los días, sin prisas y con intensidad. Y, ¿cuál es el resultado? Normalmente, se suspende. Sin embargo, aún hay algo peor: lo estudiado a presión, con la exclusiva finalidad de aprobar las asignaturas, es incrementar, de modo continuado, las faltas de base tan comunes hoy en muchos estudiantes. Este defecto en el aprendizaje ocurre muy a menudo, dada la poca exigencia existente, propiciada por algunos padres y profesores (estudiar los mínimos, sólo lo que va a entrar en los exámenes…) Además, la posibilidad de pasar de curso por imperativo legal (no poder repetir curso, aunque no se sepa) lo que hace es dilatar el problema hasta un momento en el que es de difícil solución, aunque no imposible.
Pero es que, además, la autoestima del alumno depende del tiempo que dedica a hacer cosas importantes; lo contrario será hacer lo superficial, lo vulgar, lo que apetece más y cuesta menos. Por el contrario, estudiar bien, lo mejor posible, programando y organizando sus estudios diarios con tiempo, atendiendo en clase, ayudando en casa, leyendo, interesándose por el quehacer de sus padres, hermanos, amigos y compañeros, por los problemas de la sociedad, etc. son actividades importantes. Dicha persona tiene importancia y se siente importante.
Pues bien, hay que volver a redescubrir el papel que corresponde desempeñar a padres y profesores como protagonistas imprescindibles de la acción motivadora en la educación de hijos y alumnos. Habrá que ayudarles paraqué estos descubran lo que es valioso, lo que realmente tiene valor, para que encuentren el verdadero sentido de su vida: con esfuerzo, alcanzar la excelencia personal.

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