El comienzo del curso escolar es buen momento para hablar de educación.

Scriptor.-“PISA, la asignatura pendiente de la educación española. La evaluación de la OCDE suele dejar a España en los peores lugares de la lista”. Así titulaba Diario de Navarra una crónica el pasado 14 de septiembre, con motivo de la presentación del último estudio sobre la capacidad académica de nuestros estudiantes: “El sistema español no solo es malo, sino también caro”, reza la desalentadora conclusión.

Con la misma regularidad con la que España se apunta a la zona baja de la clasificación, Finlandia ocupa los puestos de cabeza. Ya es un tópico hablar del “milagro finlandés”. Expertos y autoridades educativas de todo el mundo –Navarra incluida– peregrinan a Helsinki para intentar averiguar las claves de su éxito.

Aquí mencionaré tan solo uno de los factores responsables de ese extraordinario rendimiento escolar: la libertad con que trabajan colegios y profesores. Es verdad que el sistema escolar finés es eminentemente público y apenas hay colegios privados. Pero su gestión deja una notable autonomía a los centros docentes y a los profesores. Para refrendar esa apuesta por la libertad, el Gobierno suprimió hace tiempo la inspección educativa.

¡Qué contraste con nuestro país, donde el abandono de la docencia para convertirse en inspector constituye el ideal de tantos enseñantes del sistema público! Hacer méritos para poder evitar el aula: triste horizonte, el de nuestros profesores. Suecia nos da otra gran lección en materia de libertad educativa: el cheque escolar. Cada familia recibe 10.000 euros por hijo y curso y elige colegio, público o privado, con total libertad. Alrededor de un veinte por ciento de los alumnos van a colegios privados.

El Gobierno de Carl Bildt implantó la revolucionaria medida hace ya veinte años y la satisfacción es general. Esta política tiene especial mérito si consideramos los antecedentes. Durante más de cincuenta años de gobierno socialdemócrata Suecia llegó a convertirse en el paradigma de Estado social y del bienestar: “el modelo sueco”.

El estatismo acabó sofocando todo espíritu de iniciativa y la voracidad fiscal expulsó del país a empresas y profesionales valiosos, y no solo a artistas y deportistas de élite. La burocracia estatal creció de forma desmesurada y se volvió ineficiente. La lucha contra el elitismo derivó en una campaña contra el talento y a favor de la mediocridad.

En palabras del ministro de Educación (1979): “Queremos que el sistema escolar parezca un césped cortado con absoluta regularidad. No queremos que aquí y allá destaquen algunas flores, el césped debe mostrar una perfecta uniformidad”.

A comienzo de los noventa el modelo sueco estaba agotado y se imponía un cambio de rumbo. Es mérito de la socialdemocracia haberlo reconocido sin ambages: el pragmatismo desplazó al sectarismo ideológico.

Al cabo de veinte años de libertad, nadie –tampoco la izquierda— añora el socialismo anterior. La política del cheque escolar ha dinamizado el sector educativo. La variedad de la oferta incrementa la competencia por los mejores alumnos y, en consecuencia, la totalidad del sistema gana en calidad. Los colegios privados obtienen mejores resultados en las pruebas PISA (por cierto, ¿cuándo harán públicos nuestros Gobiernos los datos por colegios? ¿Cómo se justifica este miedo a la transparencia?).

Los centros privados no pueden cobrar ni una corona de más a sus alumnos, pero eso no les impide obtener beneficios. La clave está en que se gestionan con mayor eficiencia que las escuelas públicas. Alrededor de dos tercios de esos colegios se guían por el afán de lucro y la sociedad lo ve bien. Este nuevo marco ha influido igualmente en la actitud de los docentes. Su sueldo depende de la evaluación a la que se someten por parte de los alumnos y de sus padres: se acabó el convenio sectorial que uniformaba las remuneraciones. Ahora los profesores se sienten más motivados y trabajan con mayor entrega.

“Solo la tiranía del status quo hace creer a la gente que el monopolio estatal es el mejor camino para educar a nuestros hijos”, escribió en 2004 el anciano Milton Friedman, el padre del cheque escolar. La Declaración Universal y la Convención Europea de los Derechos Humanos, así como nuestra propia Constitución, reconocen expresamente que los padres son los primeros educadores de sus hijos.

El estatismo -de derecha y de izquierda–, típico de la Europa continental ha marginado a los padres en esta tarea crucial. Mientras la izquierda europea ha aprendido la lección y se abre a la libertad, el PSOE sigue aferrado al espíritu de la LOGSE. Es una pena que el PP no se haya atrevido con su reforma educativa más que a retocar algunos detalles de la LOE. ¿Qué grupo político español se atreverá a incluir el cheque escolar en su programa? ¿Qué padres se movilizarán para hacer valer su derecho?
– See more at: http://www.scriptor.org/2013/09/a-navas-y-la-libertad-educativa-a-la-escandinava.html?utm_source=feedburner&utm_medium=feed&utm_campaign=Feed%3A+scriptor%2FMjkN+%28+Scriptor.org%29#sthash.xDVu9Wxl.dpuf

Be the first to comment

Leave a Reply

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.