El arte de vivir amargados

Hay personas que disfrutan con los fracasos de los demás. Esto suele ser por dos motivos. O bien porque no toleran no ser los mejores en lo que hacen, o bien porque se plantean tan pocos retos vitales que sus únicas alegrías son ver cómo los demás fracasan.

Hay un tipo de personas que se plantean retos importantes y no soportan el no ser los mejores en lo que hacen. Como muchas veces no logran sobresalir, remedian su frustración alegrándose de los fracasos de los demás. Me da la impresión, aunque puedo estar equivocado, que esto se da más entre los hombres que entre las mujeres. Otro tipo de personas son los que no tienen empuje para plantearse retos. Son los que en vez de vivir sobreviven. Su único consuelo es ver cómo a los demás les salen las cosas mal.

En ambos casos la raíz de esta actitud es la envidia. Mal vicio que no deja vivir. Yo aconsejo tener una actitud más positiva ante la vida. Consiste en alegrarse ante los logros de los demás y tener un deseo sincero de que tengan mejor suerte cuando algo les sale mal. Pasarse la vida compitiendo es agotador. Esta actitud marca la diferencia entre ser un amargado y ser una persona alegre y optimista. He conocido gente con mucha pasta que están amargados y que lo tendrían muy fácil para estar satisfechos consigo mismos.

El lunes pasado publicamos el Índice IESE de Incertidumbre Económica. La incertidumbre ha bajado en noviembre de 114 a 94 en una escala 0 – 200. Hasta el jueves que viene.
Fuente:Toma de Decisiones. Miguel Angel Ariño profesor del IESE

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