Dale la vuelta a la tortilla

Un conocido show televisivo arrancó la nueva temporada con un vídeo optimista y divertido en el que más de una veintena de famosos cantan la canción Dale la vuelta a la tortilla. Como es sabido, no se puede hacer una tortilla sin darle la vuelta, porque entonces se quemaría por un lado y quedaría cruda por el otro. Así, la canción propone darle la vuelta a aquellos pensamientos erróneos, negativos y limitadores, que acaban quemándonos, y tomarnos las cosas con humor, alegría y optimismo –“tómate un pincho de felicidad”–.

El vídeo y la canción cumplen la función de cargarnos de optimismo e invitarnos a cambiar; ahora queda hacerlo. Pero, ¿cómo darles la vuelta a esos pensamientos negativos y limitadores que a menudo nos asaltan? Por de pronto, conociéndolos. A base de no girar la sartén, nuestra mente acaba albergando ideas como éstas, que si no se les da la vuelta, pueden quedársenos pegadas en nuestro interior y quemarnos:

Generalización. Cuando sacamos conclusiones generales de cosas concretas: “Todo el mundo piensa eso de mí”, “Nadie me hace caso”, “Siempre me ocurre lo mismo”…
Pesimismo. Cuando nos fijamos sólo en lo negativo: “Todo me va mal”, “Todo me sale al revés”, “Esto va a peor”…
Globalización. Cuando nos simplificamos a nosotros mismos: “Soy un desastre”, “Soy muy débil”, “Soy demasiado condescendiente”…
Maniqueísmo. Cuando vemos las cosas como enteramente buenas o enteramente malas: “Eso es totalmente injusto”, “Es una persona totalmente intransigente”, “Esa oportunidad es única”…
Hipercontrol. Cuando queremos controlarlo todo: “Yo me encargo de todo”, “Déjalo en mis manos”, “Yo lo haré”…
Hipocontrol. Cuando creemos que no podemos controlar nada: “No puedo hacer nada por evitarlo”, “Pasará lo que tenga que pasar”, “Yo no soy quién”…
Autoculpabilidad. Cuando nos sentimos culpables de todo lo que sucede: “Siempre acabo estropeándolo”, “Si yo hubiera estado allí”, “Eso pasa por mi culpa”…
Autoproyección. Cuando creemos que los demás tienen que ver las cosas como nosotros las vemos: “Te va a gustar la película porque a mí me encantó”, “Seguro que al igual que a mí te caerá mal”, “Ponte el jersey que hace (tengo) frío”…
Filtrado emocional. Cuando valoramos la realidad con el prisma de nuestros sentimientos o emociones. “No tiene razón porque no me cae bien”, “Seguro que lo dice con buena intención porque es muy amable”, “Es verdad porque me emociona”…
Personalización. Cuando todo lo que ocurre lo relacionamos con nosotros. “Seguro que está hablando de mí”, “Se refería a mí”, “Lo ha dicho por aquello que hice”…
Para romper con estos pensamientos negativos y estas ideas limitantes, para darle la vuelta a la tortilla, hemos de ejercitar esta disciplina mental:

Desenmascarar el mecanismo que los ha generado.
Hacer un análisis realista de las distintas situaciones que los provocan.
Tener en cuenta los diferentes matices que presentan esas situaciones.
Hablarnos a nosotros mismos en los términos contrarios a los que lo hacemos. Sustituyamos “siempre” por “alguna veces”, “todos” por “algunos”, “soy” por “estoy”, “no puedo” por “voy a intentarlo”…
Pensar más en lo que tenemos que en lo que nos falta.
Llenarnos la mente de pensamientos positivos que nos permitan ver el lado bueno de las cosas o, como dice la canción, tomarnos “un pincho de felicidad”.
No dejemos que esos pensamientos negativos entren en nuestra familia. Cuando notemos que se empiezan a pegar a la sartén, démosle la vuelta a la tortilla.

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