Cuando al profe le llamas papá

El 99% de los niños en España están escolarizados. Algo nada extraño si se tiene en cuenta que esta medida es obligada a partir de los seis años y hasta los 16. Sin embargo, unas 2.000 familias -no existen estadísticas oficiales- prefieren que sus hijos no vayan a ningún colegio y reciban toda la educación en casa. Es lo que se denomina enseñanza familiar.

Los defensores de este sistema alternativo aseguran que de esta manera los menores desarrollan sus habilidades más y mejor, conforme a sus gustos. Los detractores de la misma les acusan de aislar a los pequeños así como de adoctrinarlos. Además, quienes opten por este modelo educativo se arriesgan a una denuncia de la administración por “abandono familiar”, ya que este tipo de educación no está regulada en España.
Ahora, la UE ha acordado que los países miembros fijen unos criterios antes de 2018 para evaluar este tipo de “aprendizaje informal”.
España es uno de los pocos países de la UE en el que no existe regulación alguna sobre la educación en casa. En otros países este modelo está reconocido y regulado a través de exámenes que permiten a la administración realizar un seguimiento de la evolución de los menores. Es decir, el Estado obliga a examinarse a los menores de unas materias básicas para comprobar que los niños aprenden y no están abandonados.
Y eso es lo que reclaman desde los colectivos favorables a este tipo de educación. “En España hay una laguna legal. Si hay una denuncia no tenemos ninguna base legal para defendernos”, explica Sergio Saavedra, portavoz de la Asociación por la Libre Educación (ALE).
Es precisamente la ausencia de legislación lo que provoca sentencias dispares, aunque en la mayoría de los casos, favorables a las familias. Eso fue lo que ocurrió con unos padres de Alicante cuyo hijo no estaba escolarizado pero seguía un curso impartido a distancia por el centro West River Academy de California. La Fiscalía de Menores pidió al juez que obligara a su escolarización. Sin embargo, el magistrado dio la razón a los progenitores al no hallar una “situación de abandono o aislamiento” y comprobar que realmente seguía un programa académico.

Una manera especial
“En las escuelas se impone a los niños unas reglas y horarios que les producen desidia e inapetencia a la hora de estudiar”, confiesa Saavedra. En su opinión, la principal ventaja del estudio familiar es que los menores se forman en función de sus gustos y su ritmo. “Los niños que se forman en casa lo hacen de manera especial. Se van definiendo a sí mismo”, asegura.
Uno de los principales problemas llega a la hora de homologar los conocimientos adquiridos fuera del ámbito escolar para poder cursar una carrera universitaria o ponerse a trabajar. Y es que para acceder a esos estudios superiores en España es necesario tener los títulos de ESO y Bachillerato, requisitos de los que carecen los menores no escolarizados. Para poder lograrlos pueden presentarse a un examen que convoca la administración para mayores de 18 años, pero eso significa acceder a un título con dos años de retraso. Saavedra advierte que esos problemas provocan que muchos jóvenes prefieran marcharse al extranjero, principalmente Estados Unidos, donde no encuentran problemas a la hora de homologar su conocimientos.

Establecer criterios
Ayer, los veintisiete ministros de Educación de la UE abordaron esta problemática. Acordaron que los países miembros establezcan un sistema de reconocimiento del aprendizaje fuera de los centros escolares que facilite su inserción laboral. En este sentido diferencian el denominado aprendizaje informal, que incluye la formación desarrollada en los hogares o el trabajo, y el aprendizaje no formal -conocimientos adquiridos en cursos, talleres o conferencias-. Desde el Ministerio de Educación consideran complicado establecer unos criterios para los casos de niños que estudien en su hogar, ya que haría necesaria una regulación en profundidad que no consideran prioritaria en estos momentos.
Sin embargo, no todos los aspectos de este modelo son positivos. Muchos expertos denuncian que este tipo de educación aísla a los niños al privarles de la posibilidad de relacionarse con chavales de su edad en su escuela, impide inculcarles valores como el compañerismo y facilita su adoctrinamiento.Fuente_ Family Watch

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