¿Cuál es la ideología de las élites de la ONU?

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Los 51 países que fundaron la Organización de las Naciones Unidas (ONU) el 24 de octubre de 1945 en San Francisco (California) al finalizar la Segunda Guerra Mundial probablemente no imaginaron que aquel organismo derivara en lo que es hoy en día: un mecanismo burocrático plagado de funcionarios y altos cargos en su mayoría ideologizados por lobbies de presión.

 

Y es que es en la ONU donde numerosos lobbies han encontrado un canal adecuado para imponer sus ideas gracias a la permeabilidad que este organismo internacional ha tenido con las denominadas minorías, que se han acabado convirtiendo en mayorías y acaparando algunos comités de la propia ONU.

 

El lobby del homosexualismo político, el del aborto, el de las farmacéuticas, el de la ideología de género, el armamentístico… todos han intentado posicionarse en un organismo que representa un escaparate internacional. Basándose en la premisa de que “si lo dice la ONU es verdad”, los ciudadanos del mundo han visto cómo desde su sede central en la isla de Manhattan este organismo ya no es un foro de debate entre las diferentes naciones del mundo, sino un altavoz desde donde implementar una ingeniería ideológica al servicio de determinados lobbies de presión.

 

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Un ejemplo es la reciente censura del 5 de febrero que el Comité para los Derechos del Niño hacía en un informe a la Iglesia católica sobre los casos de abusos sexuales por parte de sacerdotes, recriminándole que no había hecho nada para paliar esta lacra. Una lacra que se demuestra mucho más extendida en otros ámbitos de la sociedad, incluida la propia ONU. Un ejemplo del partidismo ideológico de esta organización.

 

La masonería, en el origen de la ONU

 

Cabe recordar que la masonería estuvo (y con toda certeza sigue estando) en el origen de la creación de Naciones Unidas. El ejemplo más palpable es que el segundo secretario general de las Naciones Unidas Dag Hammarskjöld, era masón.

 

Hammarskjöld fue secretario general entre 1953 y 1961, momento en que falleció en un viaje. Y se le atribuye ser el artífice de la famosa sala de meditación de la ONU, de la que se ha hablado mucho por su carácter extrañamente agnóstico y simbólicamente esotérico.

 

La sala de meditación de la ONU

 

Esta sala de meditación consiste en una planta trapezoidal de 9 metros de largo, con paredes paralelas desiguales (una mide 3 metros y la otra 6). El eje está orientado hacia el noreste y en su centro se encuentra una mesa metálica de 1×2 metros, construida en magnetita (imán). El bloque de piedra imán está soportada sobre una columna cuadrangular de cemento armado que se hunde en la tierra. En la pared que mide 3 metros hay un fresco de estilo abstracto -del pintor sueco Bo Beskow (amigo del masón Hammarskjöld): de 2,60 metros de alto x 1,80 de ancho.

 

Hay muchos autores que vinculan la sala al carácter masónico y esotérico de los primeros secretarios generales de la ONU. En todo caso quien ha estado sabe que es una sala poco acogedora porque es tétrica, más cercana a una sensación gótica que no a un espacio luminoso que cante a la humanidad.

 

Pero además de estos aspectos que pueden ser circunstanciales lo que llama la atención es que Naciones Unidas tenga una sala deliberadamente atea o agnóstica donde no hay consciencia de ninguna trascendencia religiosa cuando el porcentaje de religiosos en el mundo es de el 84% de la población mundial, según reconocía el diario El País un año atrás. Aunque teniendo en cuenta que el 16%, unos 700 millones, de la población vive en China, un país que precisamente no se puede decir que sea comprensivo con la religión, lo más probable es que haya muchos más ciudadanos que profesan una religión. Sí lo estimaba la Enciclopedia Británica de 2007, una prestigiosa publicación que precisamente no se caracteriza por su simpatía religiosa: el 2,3% de la población se consideraba atea, mientras que el 11,7% no profesaba ninguna religión.

 

A pesar de esta realidad evidente. Naciones Unidas no tiene una sala multiconfesional como tienen los aeropuertos o los grandes centros públicos. Detrás de la ONU hay una ideología soterrada, atea muy vinculada a creencias que ni son mayoritarias, ni la humanidad las ha considerada nunca sanas.

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