Cómo ayudar a los niños (y a los adolescentes) a regular sus emociones

Figure of man with brain and red heart. Love and intelligence.

Fuente: Padres y colegios.
Todos tenemos emociones. Aunque recibimos muchos mensajes del ambiente que nos invitan a ocultarlas, no debemos minimizar las de los niños porque para ellos son importantes, es su realidad. Por naturaleza los niños son compasivos, solidarios y empáticos.

Por Eva Carrasco

Aprendemos de ellos todos los días tal y como se puso de manifiesto en el I Congreso Criar y Educar en Positivo organizado por BabyTribu en el que se puso el foco en la disciplina positiva, la educación activa y la psicología adleriana con la participación de psicólogos y expertos en la materia.

Una buena estrategia para ayudar a los niños a regular sus emociones es ponerse a su altura y mirarlo a los ojos con una mirada tierna y cálida. “Las amígdalas inmediatamente se bajan y se empieza a liberar oxitocita y hace que el niño poco a poco comience su regulación emocional. Necesita que validemos sus emociones nombrándolas por su nombre y sintonicemos con sus sentimientos. Tenemos la responsabilidad de encargarnos del mundo emocional de nuestros hijos” expuso Ana María Barrera Ortiz, psicóloga y Especialista en Neurodesarrollo. “No podemos regularlos a ellos si no estamos regulados nosotros y si no somos consistentes y constantes.”

Los colores del cerebro

Barrera profundizó en la importancia de entender cómo funciona el cerebro de nuestros niños según la Teoría del Psicólogo Rafael Guerrero que lo divide en cuatro zonas a las que se les asigna un color.

La zona roja es el cerebro reptil, donde está dosificado el pensamiento de alerta y se ponen en marcha conductas reflejas e impulsivas. Está localizado en el cerebelo. Las reacciones son la lucha, la huida o la parálisis.

La zona verde es la emocional y se implica el sistema límbico. Sigue siendo involuntario y reactivo, es como un volcán. Se va fortaleciendo a medida que los padres van estableciendo el vínculo y el apego.

La zona azul corresponde al cerebro racional, es decir, los pensamientos de los primates. Es el neocórtex, se mueve por necesidad y forma parte del placer, de la curiosidad y la creatividad.

La zona amarrilla es la ejecutiva y seria. Se sitúa en el frontal y es el voluntario consciente. Se va entrenando y se va desarrollando en los niños poco a poco hasta los 25 años. La función ejecutiva es la que permite planear e inhibir impulsos.

Las pataletas en la infancia

La pataleta activa el cerebro rojo y perdemos el tiempo cuando intentamos razonar en ese momento. A mayor conexión de los padres con el niño, mayor desarrollo de las conexiones neuronales. Además, las neuronas espejo nos hace ponernos en el lugar del otro y conectar con sus emociones. También nos contagiamos de las pataletas del niño, se contagia el nerviosismo.

¿Qué ocurre a nivel neurocerebrar cuando el niño tiene pataletas? La adrenalina le lleva a luchar y el cortisol le impide pensar. Esto ocurre en los primeros siete años del niño que es cuando se está formando la plasticidad cerebral. El cerebro es un músculo que si no se ejercita se atrofia como el resto de los músculos. La disciplina positiva nos descubre que los errores son oportunidades de aprender. El cerebro puede reaprender.

Conectar con el adolescente

La psicóloga certificada en Disciplina Positiva, Diana Jiménez se lamenta de lo denostada que está la adolescencia cuando es una de las etapas más bonitas de la vida. “Es un momento mágico y muy vulnerable y tenemos que conectar con ellos y sostenerles, no controlarles. Tenemos que influir, y para influir hay que disminuir el control”.

Jiménez sostiene que la adolescencia actualmente puede comenzar a los 8 años en las niñas y 9 en los niños. “Se empiezan a notar cambios y nos entra mucho miedo porque no estamos preparados para la adolescencia de hoy. Las nuevas tecnologías van muy rápido, y los padres somos una generación que todavía tenemos un pie en la época analógica. Ellos tienen una rapidez visual que les da mucha agilidad mental.”

Sin embargo, asegura que los problemas propios de la adolescencia son los mismos de siempre, aunque la manera en que se les está presentando el mundo es muy distinta.

Es necesario que los hijos se separen de los padres, no les pertenecen. Al llegar a la adolescencia la relación cambia porque están en un momento de transición, no es que les hayan dejado de querer. “Tenemos que poder conectar con un cerebro que está cambiando y aplicamos la disciplina positiva igual que en los pequeños.”

Están en un momento en que tienen que decidir y para eso hay que irlos entrenando en la niñez. Las oportunidades en las que los niños toman decisiones a lo largo de su vida son muy pocas. Todo va muy estructurado. Y de repente tienen que decidir su futuro.

A la hora de intentar dialogar con ellos aparecen los monosílabos y las respuestas cortas e inmediatas. Es muy típico que ni siquiera escuchen a los padres antes de contestar.  Es importante sembrar la confianza del diálogo en la infancia antes de llegar a la adolescencia, y no llegar a la sensación de chocar contra un muro, porque generalmente cuando esto pasa es que la relación no viene bien desde la niñez. “Están en su mundo y van a lo suyo, pero no es maldad, es su fase evolutiva”, aseguró la psicóloga.

La familia es un equipo

Es imprescindible que asuman una responsabilidad en casa para hacer una sensación de equipo en la familia. “Como padres tenemos que llegar a acuerdos y hablar con ellos para que se esfuercen en hacer cosas con la familia. No sirve decir ‘tengo un hijo independiente que se hace lo suyo’, tenemos que hacerlos independientes y colaboradores, no independientes y egoísta. Que haga también para los demás”. Para facilitar esta responsabilidad, Jiménez sorprendió afirmando que “los padres de adolescentes tenemos que tener un hobby. Porque si no, estamos encima y no respetamos su espacio ni su tiempo. Pero tampoco nos podemos ir de la vida de nuestro adolescente porque nos necesita más que nunca.”

Establecer límites

Educar es un proceso que comienza en la familia donde se aprende a convivir. “Los que actualmente somos padres hemos querido dejar atrás el modelo autoritario y no hemos sabido poner límites sin utilizar la fuerza y la autoridad como hicieron con nosotros” reflexionó Bibiana Infante, psicoterapeuta de niños y adolescentes.

“Los padres necesitamos entender y conocer a nuestros niños, para eso tenemos que observar y estar muy atentos. Saber poner en marcha una firmeza amable, poner límites sin usar la fuerza, ayudar a que los niños tomen decisiones saludables, utilizar herramientas pedagógicas, crear bien estar emocional y practicar el respeto mutuo. Todo esto nos lleva a la disciplina positiva”.

Pero al llegar la adolescencia tenemos que elegir nuestras batallas a la hora de establecer límites. Los expertos afirman que tenemos que reducir el “no” a uno al mes. Escucharles antes de decir que no y preguntarles con curiosidad. Si directamente decimos NO, cerramos todos los sistemas de comunicación y con los adolescentes tenemos que tener mucha paciencia.

Debemos interesarnos por lo que le atrae para compartir cosas con ellos. Están construyendo su personalidad y las cosas que les gustan ahora son sus señas de identidad que les dan seguridad y autoestima.


Fundamentos de la Disciplina Positiva

Principios que preparan a los niños para la vida definidos por el médico y psicoterapeuta Alfred Adler.

1 Necesitamos pertenencia (conexión), sentir que somos útiles y que somos necesarios, contribuir. Todo lo que hacemos busca ese objetivo de pertenencia y contribución, porque si no somos útiles en nuestro grupo no vamos a sobrevivir.

Los niños desde muy pequeños quieren ayudar. Sin embargo, no sabemos por qué, con 9 o 10 años pierden estas ganas de ayudar.

2 Entender el poder de la percepción e interpretación, lo que se llama la lógica privada. Los niños son grandes observadores y perciben todo. Pero, por su condición de niños son malos intérpretes, se equivocan en la interpretación de lo que ven. Su proceso será pensar, sentir y actuar. Por lo que siempre están tomando decisiones.

3 Generar relaciones horizontales: contextos en que cada persona tiene derecho al mismo respeto y dignidad para afianzar el sentimiento de comunidad.

4 Poner el foco en los objetivos a largo plazo, lo que potencia habilidades para la vida. Educar es que los niños hagan lo correcto independientemente de que se les esté mirando o no.

5 Enfocarse en alentar (motivación intrínseca describiendo, agradeciendo, empoderando). Se basa en animar y motivar.

6 Amabilidad y firmeza a la vez. Vamos a ser amables y a respetar al niño que está en crecimiento y a la vez que él respete las necesidades del grupo. Yo amablemente pongo en marcha el límite, pero esto nos falla porque no sabemos poner límites sin usar la fuerza.

7 Respeto mutuo (por uno mismo, por los demás y por las necesidades de la situación). Tenemos que cuidarnos para poder cuidar bien.

8 Asumir que los errores son oportunidades de aprendizaje. Deben entender que el error es una maravillosa herramienta de aprendizaje.

9 Enfocarse en soluciones, no solo en consecuencias. Se pone el foco en las soluciones y qué hacer para que no vuelva a pasar y no centrarnos en el castigo o los culpables.