Anteproyecto de ley de mejora de la calidad educativa: ¿tiene aspectos positivos?

El último texto conocido (3 de diciembre) del anteproyecto de ley orgánica de mejora de la calidad educativa auspiciado por el ministro José Ignacio Wert ha desencadenado una gran polémica, sobre todo en Cataluña, por la cuestión lingüística relativa al catalán. También ha extrañado que todo el contenido de la asignatura de historia deba ser fijado por el gobierno del Estado. Unos planteamientos que ni siquiera comparten muchos miembros catalanes del partido en el que milita el actual Ministro de Educación. En la última semana, se ha hablado y escrito mucho sobre estos temas y no es mi deseo volver aquí sobre ellos. Mi deseo es más bien destacar algunos aspectos que considero éticamente positivos del borrador ahora en discusión, y que pueden pasar un tanto desapercibidos, ocultos por las anteriores cuestiones.

Uno de esos aspectos es la preocupación general por mejorar la calidad de la enseñanza. Es una preocupación muy lógica, ya que tenemos uno de los índices más altos de Europa en fracaso escolar. Por otra parte, con frecuencia, maestros y profesores de primaria y secundaria se quejan de la apatía de los alumnos, de su falta de disciplina y de la escasa autoridad del profesor, la cual acertadamente se quiere reforzar.

Mejorar la calidad de la enseñanza tiene muchas dimensiones, pero una de ellas, sin duda importante, es intentar fomentar una cultura del esfuerzo, al menos con incentivos negativos, como las restricciones impuestas para pasar curso y la necesidad de exámenes de reválidas. Es verdad que esas medidas no son suficientes, pero deben ser valoradas positivamente, si al mismo tiempo es verdad que “todos y cada uno de los alumnos serán objeto de atención en una búsqueda de desarrollo del talento.”

Mejora un poco la libertad de los padres para elegir escuela de acuerdo con sus deseos y convicciones, aunque sigue habiendo bastantes restricciones. Tampoco varía excesivamente la libertad de los centros educativos para actuar de acuerdo con sus respectivos idearios y tener más autonomía organizativa. La necesaria coordinación no debería llevar a un excesivo intervencionismo educativo, como el que tenemos actualmente. Y no parece que vaya a mejorar demasiado con este anteproyecto.

Hay que aplaudir que la nueva ley quiera ser respetuosa con la inclusión de centros que opten por la educación diferenciada por sexos a recibir subvenciones, o pertenecer al sistema de centros concertados. Me cuesta entender a los críticos que niegan la libertad de elegir esta opción y que, de modo sectario, siguen hablando de centros con “segregación por sexo”

Otra propuesta destacable del borrador es la inclusión de una asignatura que denominan “Valores Culturales y Sociales” en Primaria y “Valores Éticos” en secundaria, como alternativa para quienes no elijan religión, que también incluye ética. Veremos en qué queda pero, en principio, es positivo formar en valores, y mejor aún en valores éticos. Especialmente, si se hace realidad la voluntad de que “el aprendizaje en la escuela debe ir dirigido a formar personas autónomas, críticas, con pensamiento propio”. Estas indicaciones, si son aplicadas por buenos profesores, pueden contribuir a que las nuevas generaciones tengan más sensibilidad por el bien, valoren más el carácter moral como elemento clave de una personalidad madura y tengan más recursos para enfrentarse a una cultura que, en gran medida, viene caracterizada por su materialismo, individualismo y hedonismo.

En cuanto al acceso a la educación universitaria, me parece bien la supresión de la selectividad universal y única. En su lugar, se deja que sea cada universidad, con sus respectivas facultades, que determine su propio sistema para la admisión de alumnos. Aunque respeto la opinión contraria, pienso que esta autonomía universitaria para la selección de alumnos es más respetuosa con la libertad y más adecuada con la realidad de cada centro. Una selectividad única, que sirve lo mismo para estudiar ingeniería que arte o lenguas clásicas, parece poco ajustada a la realidad. Parecen mucho más plausibles unas pruebas para determinar capacidades específicas de cada escuela o facultad, lo cual no excluye convenios de cooperación entre diversas facultades. Este sistema podría estimular, además, una sana competencia entre universidades y centros que entiendo muy necesaria para combatir el riesgo de mediocridad. En todo caso, las reválidas asegurarán unos mínimos necesarios para los estudios universitarios.

En fin, confiemos que se logre mejorar el anteproyecto potenciando los aspectos positivos y eliminando los negativos. Mi deseo, con esta entrada muy sucinta, es colaborar a un debate constructivo.
Fuente:Profesionales por la Ética

Be the first to comment

Leave a Reply

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.