Acoso mortal || Blog Familia actual

Acoso escolarEl acoso escolar es un problema real en las aulas de nuestros centros educativos, un problema de gran magnitud, no sólo por las consecuencias a largo plazo en la salud mental de las víctimas, sino porque socava las condiciones mínimas de confianza, respeto y motivación que deben darse para aprender.

Tan grave nos parece este problema, más aún que la falta de medios, las altas ratios alumnos/profesor o la merma de autoridad, que, mientras no pongamos freno de verdad al acoso en la escuela, no reduciremos las preocupantes tasas de fracaso escolar y no sacaremos al sistema educativo del pozo donde se halla. Nos lo están pidiendo los propios alumnos. Por desgracia, algunos llevan su grito al extremo de quitarse la vida. El último caso: una adolescente de dieciséis años se suicidó, según parece, por no soportar más el acoso al que estaba siendo sometida en un instituto de enseñanza secundaria en Madrid (ver). Cuando la denuncia se firma con la propia vida, cuando el acoso es mortal, entonces nos echamos las manos a la cabeza, buscamos responsables, revisamos estadísticas y hacemos como si hiciéramos algo.

Para un niño acosado su vida se convierte en un infierno y sobrevivir pasa a ser algo mucho más importante que aprender. En una clase o en un centro educativo donde “se permite” el acoso, porque nadie hace nada, donde se ha hecho habitual, porque se le quita importancia, el ambiente se enrarece de tal manera que aprender es una misión imposible o un sálvese quien pueda.

Detectar el acoso no es difícil, pasa por no mirar hacia otro lado, como denuncia la joven Nadia Represa en su novela Bajo mi piel, donde explica su experiencia; lo complicado es que las víctimas activas y pasivas lo reconozcan, y, sobre todo, que no se queden indiferentes los que sólo son testigos. Para ello deberíamos adoptar el programa KiVa (acrónimo de las palabras finlandesa Kiusaamista Vastaan, “contra el acoso escolar”), que en Finlandia está dando tan buenos resultados. De hecho, han conseguido reducirlo drásticamente, con lo que ha aumentado de forma inmediata el buen ambiente y la motivación.

La clave de KiVa, aparte del protocolo que propone de concienciación y vigilancia, es que hace hincapié en “los otros”, los alumnos que no acosan, pero que observan, que son testigos y que simplemente se ríen de lo que pasa. Con su indiferencia o silencio, el resto de alumnos está protegiendo a los acosadores y con su risa los están alentando. Por eso, el método insta a influir en los testigos para que no participen con su pasividad o su rol de simples espectadores, una forma indirecta de colaborar con el acoso.

Quizá nuestro hijo o hija no sea acosado ni acosador, sino que forme parte de ese resto del grupo conformado por “simples testigos” de lo que pasa. Hagámosle ver que en una situación de acoso ninguna posición es del todo neutral, que reírse es una forma de colaborar y que lavarse las manos deja a la víctima en las de su agresor.

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