La participación de los padres en la educación comienza en casa

El Consejo Escolar del Estado (CEE) ha elaborado un informe sobre la participación de los padres en la educación de sus hijos. El objetivo era comparar la situación en España con la de otros países, evaluar los distintos modos de implicación paterna y sus consecuencias en el rendimiento escolar de los alumnos, y proponer algunas recomendaciones para toda la comunidad escolar.

Porque esta es una de las premisas del informe: hace falta convencer a los padres –y para eso, primero a los colegios– de que les corresponde jugar un papel fundamental en la comunidad educativa. En concreto, deben pasar del modelo “clientelar” –meros espectadores pasivos que solo se implican directamente cuando hay algún problema– a acompañar a la escuela en la tarea de formación del alumno/hijo. Para ello es necesario romper algunas barreras administrativas, pero sobre todo culturales: la sensación todavía frecuente entre muchos profesores de que, a pesar de que los padres (y no los colegios) sean los titulares del derecho a la educación de sus hijos, no deben “entrometerse” en una tarea que no les compete y de la que no saben. La otra cara de la moneda es que hay que luchar contra la tendencia a delegar en el colegio su responsabilidad en la formación del hijo (Aceprensa, 18/3/2011 y 8/11/2000).

En los últimos años se percibe en Europa una tendencia a reforzar el papel de los padres en la escuela

El objetivo de la plena implicación familiar no se limita simplemente a que los padres estén adecuadamente representados en el Consejo Escolar del centro, o a que la Asociación de Padres de Alumnos sea muy numerosa; aunque ambos son buenos indicios; la mera representación institucional no siempre garantiza una participación efectiva por parte de las familias.

Cómo intervienen los padres en las decisiones escolares

Dentro de la primera parte del informe, que también incluye una aproximación terminológica al concepto de participación familiar y una breve historia de la legislación española al respecto, el capítulo más interesante es el que compara cómo intervienen los padres en las decisiones escolares, tanto de derecho como de hecho.

El texto se centra en la representación de este colectivo en los órganos ejecutivos a todos los niveles: desde el Consejo Escolar del centro a su equivalente a nivel nacional, pasando por las administraciones locales. Deja a un lado, por tanto, las asociaciones de padres que funcionan de forma autónoma: aunque en algunos países es necesario pertenecer a una de ellas para representar a los padres en las instituciones educativas, lo normal es que su papel sea el de promover el intercambio de ideas con el mundo pedagógico, u ocuparse de organizar las actividades extraescolares o de ocio.

Las familias europeas no participan en la educación todo lo que les permite la ley, aunque la tendencia parece estar cambiando

Hablando ya de la representación en las instituciones de gobierno, la tendencia general en Europa es que la cuota de padres vaya disminuyendo según se asciende desde el nivel del centro a los organismos nacionales. Los países donde esta es mayor en los órganos regionales o nacionales son Suecia, Alemania y Austria. Otra cosa es la capacidad real de decisión sobre asuntos importantes del colegio (currículum, plantilla o presupuesto): según este criterio, los primeros de la lista son Holanda, Reino Unido y Dinamarca, además de Austria y Alemania, donde los representantes de la familia conservan estas funciones incluso a nivel regional. En España los padres están representados en todos los niveles, pero su influencia se suele reducir a cooperar en la redacción de los principios rectores del centro y a organizar las actividades complementarias.

Tendencia a una mayor participación

Los estudios sobre la participación familiar en Europa han detectado una importante brecha entre lo que dice la ley y la implicación real: en general esta es baja, pese a la presencia en los consejos escolares. Una excepción es Dinamarca: aunque no hay legislación que regule la intervención de los padres, estos están habituados a interesarse por todo lo relacionado con el funcionamiento de los colegios (y los colegios a escucharlos).Un informe realizado por el IPPE (un observatorio europeo sobre la papel de los padres en la educación), que se centraba no solo en la representación institucional sino también en manifestaciones de interés real como la elección de escuela, situaba a Reino Unido como el país con más “implicación real”, y a Italia como el que menos.

Otro estudio, centrado en una decena de países europeos, concluía que el perfil socio-económico del centro no es determinante para la participación familiar, pero sí se aprecian diferencias entre los padres de más y menos nivel cultural dentro del mismo colegio.

Los hábitos educativos familiares tienen más influencia en el rendimiento escolar que la disponibilidad de recursos materiales

El informe del CEE explica que en los últimos años se percibe en Europa una tendencia a reforzar el papel de los padres en la escuela. Comoejemplos concretos de buenas prácticas señala a Escocia, donde desde 2006 las autoridades educativas de cada nivel están obligadas a diseñar una estrategia para implicar a los padres (de cuyo cumplimiento debe informar la inspección escolar), y a Holanda, que en los últimos años ha reforzado la capacidad de elección de centro y ha aprobado una reforma educativa (2011) que concede más influencia a los representantes de los padres en los organismos de decisión.

Lo que sirve y lo que no

La segunda parte del informe revisa 37 estudios sobre el impacto de la participación de los padres (entendida en sentido amplio) en el rendimiento académico del alumno. En general, se aprecia una influencia moderada o poco significativa, aunque difiere según el tipo de intervención paterna y la etapa escolar. Una de las investigaciones concluye que los beneficios más fuertes “se encuentran cuando las familias tienen altas expectativas académicas, y desarrollan y mantienen la comunicación con sus hijos”; también hay una relación claramente positiva entre desempeño educativo y hábitos familiares de lectura.

En cambio, no hay conclusiones claras en cuanto a que los padres ayuden con las tareas escolares. Unas investigaciones señalan un beneficio nulo o incluso una influencia negativa, aunque los autores explican que esto puede deberse a que los estudiantes que precisan de esta ayuda suelen acarrear peor rendimiento académico. Otros estudios concluyen que la “supervisión” de los deberes sí tiene un efecto positivo.

La ayuda de los padres en los deberes escolares de los hijos tiene un efecto nulo en el rendimiento, aunque la supervisión sí es positiva

En resumen, las intervenciones más productivas son aquellas que contribuyen a crear en casa un “clima” de aprovechamiento educativo (se cita, por ejemplo, el hábito de reservar un tiempo para conversar, quizá durante alguna de las comidas principales), y no tanto las relacionadas directamente con la vida de la escuela. Otraconclusión interesante es que el beneficio de mantener altas expectativas académicas respecto a los hijos es superior al asociado a un mayor nivel socio-económico de la familia. Undato significativo es que el rendimiento del alumno está más relacionado con el número de libros que hay en el hogar que con los recursos materiales de la familia.

En cuanto a la titularidad del centro, no se aprecian diferencias significativas en las etapas de infantil o primaria. Sin embargo, en secundaria, cuando la implicación familiar desciende drásticamente, se observa que el modelo de participación activa y efectiva sigue siendo predominante entre las familias que llevan a sus hijos a colegios concertados, pero no así en los públicos.

Entre las conclusiones del informe hay una invitación general a estrechar la cooperación entre familias y colegios, desterrando la mentalidad clientelar de muchos de los padres y la desconfianza respecto a ellos por parte de muchos profesores.

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