Diez claves para crecer en pareja

El amor no es algo abstracto. Quizá comenzó como un corazón grabado en el tronco de un árbol (un icono es el dibujo de la abstracción), pero sólo se hizo real cuando conformó un proyecto de vida común que va creciendo a base de pequeñas hazañas cotidianas. Son tal vez minúsculas, pero decisivas para mantener encendida la llama de ese amor que nació con vocación de ser para siempre.

La vida en pareja es de esas realidades que, si no crecen, mueren. No basta con repasar de vez en cuando con la punta de la navaja aquel corazón tatuado, aunque también hay que hacerlo, sino, sobre todo, hay que ir regando el árbol todos los días, abonándolo periódicamente, podándolo en temporada y cuidándolo siempre.

El cuidado es esencial: ese estar pendiente para no descuidarnos de lo que tenemos entre manos, pues de ello depende nada más y nada menos que nuestra felicidad y la de nuestros hijos. Por eso, vale la pena tener presente estas diez claves:

Tener objetivos vitales comunes. Desde que nos unimos iniciamos un mismo proyecto de vida que no crece si cada cual va por su lado. La vida en pareja no es un juego de sokatira, sino una barca con dos remos que hay que acompasar.

Gozar de momentos juntos. La vorágine cotidiana nos puede llevar a un cierto distanciamiento si no aprovechamos momentos para estar solos, salir a cenar o pasar unos días juntos donde poder dedicarnos el uno al otro.

Consensuar un estilo educativo. Aunque hayamos recibido educaciones diferentes, hemos de tener muy claro cómo educar a nuestros hijos, ir a una y que no nos vean discutir por ellos.

Gestionar las relaciones con la familia molecular. La familia nuclear (padres e hijos) está inscrita en una familia molecular (suegros, abuelos, tíos, primos) que puede ser fruto de conflictos si no se toma la distancia pertinente, pero también puede generar grandes beneficios afectivos y de apoyo.

Respetarse siempre. No hay amor sin respeto. Si falta este pueden saltar las chispas de los celos, evaporarse la equidad, generarse la incomprensión e, incluso, ir naciendo la sombra del maltrato.

Cuidar las relaciones íntimas. La salud de una relación se decide en la intimidad de la alcoba, la cual nunca ha de ser testigo de dos extraños en la noche; allí el diálogo deber ser trasparente y profundo.

Administrar el tiempo libre. Muchos problemas de pareja tienen su origen en una mala administración del tiempo libre, el cual puede ser, si no la causa, sí la ocasión para que se produzca un enrarecimiento del ambiente.

Admirar al otro. La costumbre hace que demos cosas por sabidas o sentidas, que nos cueste soltar un “te quiero” o un “qué guapo/a estás”, por considerarlos redundantes. Se mira con los ojos, pero se admira con las palabras.

Repartir las tareas domésticas. El reparto equitativo del trabajo es una pieza importante para convertir la casa en un hogar donde todos colaboren en una tarea común.

Comunicación. Es la clave de toda relación: saber escuchar y hablar con franqueza. Para ello hay que colaborar en la comunicación, es decir, esforzarnos por entender y hacernos entender.

No dejemos que ese corazón deje de palpitar.

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