Banca, finanzas y ética

Hace diez años que falleció Rafael Termes, compañero mío en las tareas del IESE, en cuyo equipo fundador estuvo ya en 1958; excelente profesor de Dirección Financiera, Consejero Delegado del Banco Popular, Presidente de la Asociación Española de Banca (AEB), gran economista, liberal, buena persona… El lunes 14 de diciembre hubo en la sede del IESE en Madrid una sesión del Programa de Continuidad dedicada a recordarle, con participación del Ministro de Economía en funciones, Luis de Guindos, el Director General del IESE, Jordi Canals, el profesor Juan José Toribio y yo. Allí dijimos muchas cosas bonitas sobre él que, además, son verdad. Aquí quiero fijarme solo en un aspecto, al que dediqué muy poco tiempo, pero que me parece muy importante.

Antonio Argandoña.-Profesor del IESE-España
Antonio Argandoña.-Profesor del IESE-España

Daré un rodeo. Cuando yo estudiaba Económicas, y de esto hace más de medio siglo, la manera de entender la empresa en Europa contrastaba considerablemente con la anglosajona. A este lado del Atlántico hablábamos de la función social de la empresa, de sus relaciones con los gobiernos, los sindicatos, los clientes y la comunidad local, de sus fundamentos humanísticos… Algo de eso ha quedado en nuestra cultura, sobre todo centroeuropea, pero desde los años setenta los modelos anglosajones se han impuesto. Hoy, la función social de la empresa es la eficiencia, entendida en el sentido, preciso y útil pero restringido, de la eficiencia económica, cuya manifestación palpable es la maximización del beneficio. Todo lo demás está al servicio de esa función económica.

Los que predicamos la Responsabilidad Social de la empresa intentamos mostrar que esa eficiencia es relevante, pero no es toda la realidad; que hay dimensiones humanas, sociales y morales, cuya omisión convierte a la empresa en una máquina de eficiencia sin alma. Pero no se trata de añadir a la dimensión económica esas otras dimensiones, sino de reinterpretar aquella dimensión económica. Como ya he explicado otras veces, la empresa es una comunidad de personas, que vienen a ella con motivaciones distintas, que la dirección debe atender, no, o no solo, por razones culturales, morales o sociológicas, sino también, y principalmente, por razones económicas. Dirigir una empresa es conseguir aunar los esfuerzos de todas esas personas (propietarios, directivos, empleados y también proveedores y clientes, en muchos casos) para conseguir un propósito común. Y esto es mucho más que igualar el coste marginal al ingreso marginal, como dicen los manuales de microeconomía elemental.

Los que nos dedicamos a la teoría de la dirección de organizaciones debemos tener en cuenta todo esto, llevando esa teoría más allá de lo que dice la ciencia económica. Y aquí me viene bien hablar de Rafael Termes y su manera de explicar la banca. Profesor de Dirección Financiera, Doctor Ingeniero Industrial, manejaba todos los indicadores económicos con rigor: “se creía” lo que dicen los manuales de finanzas, y él mismo escribió uno, recogiendo sus experiencias docentes. Pero veía en un banco “algo más” que una máquina de eficiencia financiera. Recuerdo una conferencia en la que habló sobre las virtudes del banquero, y en la que mencionó la prudencia (“la virtud característica del banquero”, dijo), el recto ejercicio del poder, la liberalidad, la magnificencia, la veracidad, la transparencia, la austeridad, la templanza, la justicia (de la que, dijo, dependen la fiabilidad y la lealtad), la fortaleza, la diligencia y la laboriosidad, y sospecho que no continuó porque tenía un tiempo limitado para su exposición.

He recordado muchas veces esa conferencia, sobre todo a la vista de los desaguisados que la profesión de banquero ha cometido en las últimas décadas. Pero quiero insistir en que Rafael no hacía un elenco de virtudes que debe vivir un profesional de las finanzas más allá de sus condiciones técnicas, sino como parte de ellas: un banquero no puede ser un buen banquero si no vive esas virtudes, aunque sea elevada su remuneración, altos los beneficios de su empresa y reconocido su prestigio. Y lo mismos se puede decir de cualquier otro empresario.

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