La Navidad, tiempo para hacer buenos propósitos. Blog Antonio Argandoña

23 diciembre, 2015

Navidad y fin de año. Ocasión para mirar hacia el pasado. O mejor, para mirar hacia el futuro, con un recuerdo del pasado. Hay gente que no entiende esto. Cuando algunos afirman, por ejemplo, que la contabilidad sirve para presentar la imagen de la empresa que los mercados quieren, están falseando las cuentas. A mí me enseñaron que la contabilidad consiste en reflejar, de forma fidedigna, el presente y el pasado, pero que no sirve si no se utiliza para sacar conclusiones y planes para el futuro. Hace unos años, cuando el IESE se presentó por vez primera a un proceso de evaluación internacional, el entonces Decano nos dijo a los que trabajábamos en los documentos que había que presentar que estos debían servir, no para convencer a unos revisores externos, sino para detectar lo que no hacíamos bien y corregirlo, y para reconocer nuestras fortalezas y potenciarlas. Si no, el proceso era inútil.

Lo mismo pasa con la Responsabilidad Social (RS). Al final del año hacemos una bonita Memoria… ¿para fingir que lo hemos hecho muy bien? Así piensan algunos. Pero también la RS debe ser una mirada al pasado, una definición del presente y un proyecto para el futuro. ¿De verdad trabajamos así?

Quizás dirá el lector que esto no se lleva. Bueno, muchos lo llevan, y les va bien. Cometen errores, claro, pero los superan, aprenden y mejoran. Y cuando los empleados, clientes y proveedores ven cómo reaccionan, su reputación mejora y la confianza que tienen en la empresa se incrementa. Es verdad que esto no es suficiente para revalorizar las acciones en bolsa, pero sí para definir una buena empresa, con unos directivos, empleados y propietarios excelentes.

Ahora, cada uno debe hacer su pequeño (o grande) examen de conciencia. ¿Qué he hecho bien este año? ¿Qué he hecho mal? ¿Qué podía haber hecho mejor? Introduce en este análisis a tus colaboradores, porque esta debe ser una tarea colectiva -sin perder su dimensión personal, muy personal. Y, al final de todo esto, un propósito para el año que viene. Sí, ya lo hicisteis hace unas semanas, cuando preparasteis el presupuesto de 2016. Pero aquí no me refiero a los proyectos económicos, sino a los personales y corporativos, a los de contenido ético y de RS. ¿En qué vamos a jugarnos el tipo el año que viene? Pero, ¡ojo!, no basta hacer propósitos, sino que luego hay que cumplirlos. Sabiendo que no todo va a ser un paseo triunfal. Y si, al final del nuevo año, nos llevamos otra desilusión, pues volvamos a hacer examen, y a sacar nuevos propósitos.

La Navidad se presta a ello, porque nos habla de nueva vida: la vida de un Niño que nació hace algo más de veinte siglos, y que revolucionó el mundo. ¿Con la ciencia, con las armas, con el poder? No: con el amor. Vuelve a esos propósitos que menciono más arriba: ¿cuánto amor vas a poner en su implementación? El Papa Francisco acaba de inaugurar un Jubileo de la Misericordia. Saca tus conclusiones: ¿a quiénes vas a perdonar este año que viene? (bueno, ¿para qué esperar unos días?: empieza a perdonar hoy, ¿no?). ¿A quiénes vas a pedir perdón? ¿Con quiénes vas a mostrar que eres una persona misericordiosa? No, no, no es cuestión de dar dinero o bienes materiales; es cuestión de poner amor en lo que haces. ¿Vas sacando ya tus propósitos? Y recuerda lo que decía San Juan de la Cruz: al final de la vida, se nos juzgará por el amor. Porque, como decía San Agustín, ama y haz lo que quieras. Si pones amor, pero amor de verdad, no de boquilla, no de quedar bien, no de zalamerías y palabras bonitas,… todo lo que hagas será bueno.

Feliz Navidad a todos, y feliz año nuevo. Y si alguno de vosotros no celebra la Navidad, no pasa nada: como yo la celebro, quiero haceros partícipes de ella. ¡Ah!, y hacedme llegar vuestras críticas y sugerencias a mi blog.

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