Necesaria libertad de las familias

24 enero, 2020
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El pin paretal, última polémica que sacude al Gobierno

Tener como apellido «Pin» da mucho juego. Desde que se puso como barrera para entrar en cualquier instrumento electrónico el «código pin» cuando digo mi apellido y me repreguntan ¿cómo? me basta con decir: pin, como en el móvil o, si estoy en Sudamérica, como en el celular (que así lo llaman allí). Pero desde la semana pasada el concepto Pin está más de moda. La gente ha aprendido que «el Pin» sirve para evitar el paso de una información a una persona o desde una persona a otra. Así que el «pin parental» significa que los padres pueden impedir que a sus retoños se les trasmitan determinadas ideas, consignas, razonamientos o ideologías. Informaciones que estos padres consideran inadecuados para su recta formación.

Ante su aparición representantes del gobierno progresista (como se autodenominan) se ha puesto en contra del «pin parental» porque consideran que los hijos no son propiedad de los padres (así lo dijo la ministra de Educación). Mientras que los partidarios de ese «pin parental» opinan que es responsabilidad de los padres la educación moral que deben recibir. Unos y otros afirman estar defendiendo la Constitución y acusan a la parte contraria de quererla vulnerar !Menudo lío se ha armado!

Por razón de apellido y profesión quisiera terciar en el asunto. Como explico en las clases de ética empresarial, a veces, los razonamientos morales se aclaran cuando se aplican a situaciones extremas. Hagámoslo: Algunos lectores recordarán que una dirigente de la extrema izquierda catalana propuso que la educación de los infantes debería corresponder a la «tribu» quitándosela a la familia. En ese caso el recién nacido se separaría de sus progenitores para llevarlo a un establecimiento encargado de su desarrollo. Una especie de gran orfanato de la Administración Pública, que hoy en día es el Leviatán que sustituye a la «tribu», el común (de los comunes). Aparte de las contraindicaciones antropológicas que el sistema tiene ¿les gustaría a los que que lo proponen haberlo experimentado personalmente?

Por contra, las leyes de todos los países dicen que si una familia impide que su prole se eduque aprendiendo a leer o, como se decía antes, hacer cuentas, el Estado tiene que separar esos infantes de su familia retirándole la patria potestad. Nadie está en contra de ello. Se defiende al menor porque se le está hurtando un derecho a saber que será decisivo en su futuro.

En resumen que, como siempre pasa, la solución está en encontrar un punto medio como dice el aforismo latino (in medio virtud). La autoridad de la familia sobre los hijas/os no es absoluta. Pero si tiene una amplitud que, además, es buena para la sociedad por varias razones.

Una de esas razones es económica. Ninguna sociedad ha encontrado un sistema más barato que la familia para alimentar educar y desarrollar a sus futuros ciudadanos. Las pocas veces que se ha intentado hacerlo han acabado en fracasos y eso que nunca ha sido aplicado de manera absoluta. Incluso en esas sociedades las familias líderes se han reservado la educación de sus retoños.

Pero, además, la razón más poderosa está ligada con la diversidad de opciones y, por tanto, a la libertad. Si todas las familias pensasen lo mismo estaríamos en el régimen dictatorial más sutil de la historia, que los ha habido. Regímenes como el nazismo lo intentaron. Pero el ser humano tiene dentro de sí el germen de la libertad y basta que se le quiera imponer algo para que nazca la semilla de la rebelión. Afortunadamente es así y cuando cada ciudadano es educado por familias diferentes con diferentes ideas la sociedad es plural. Plural porque son los ciudadanos los que forman esas alternativas de elección.

Así que no se cual es ese término medio que da la virtud. pero si se que cuando se intenta uniformar el pensamiento aparece siempre esa rebeldía. Rebeldía que toda sociedad sana debe permitir e, incluso, fomentar para mantener la riqueza de pensamiento. Por eso, unos y otros, los de los dos extremos deben ser conscientes de que son ellos los que se retroalimentan. No se engañen, aparecen sus contrarios cuando intentan uniformar la sociedad con su pensamiento que deriva en ideología y acaba en adoctrinamiento. Por contra, aparecen radicales de sentido opuesto cuando se niega que haya algo común que garantice la convivencia social. Por eso el «pin parental de pin» (que soy yo) debería tener en cuenta el sentido común y la libertad.

Fuente: El Economista.


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J. R. Pin Arboledas

Profesor del IESE

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