Leopoldo Abadía :”el matrimonio tiene que hacer el amor todos los días del año”.

6 abril, 2019

Hoy 3 de abril Leopoldo Abadía celebra haber tenido la primera cita en solitario con su mujer, este mismo día allá por 1957, cuatro días después de haberse conocido. La declaración llegó el 18 de abril, y ella le pidió seis días para pensárselo. «Nunca he sabido por qué tenían que ser seis», se ríe ahora. 

Pero el caso es que dijo que sí. Y doce hijos, once yernos y nueras, y cuarenta y un nietos después, próximamente celebrará también su sesenta aniversario de boda. Hemos entrevistado a Abadía en el Edificio Cuzco IV, durante los ciclos de conferencias organizadas por el edificio en exclusiva para sus arrendatarios, donde hemos charlado sobre su libro «Treinta y seis cosas que hay que hacer para que una familia funcione bien» (Espasa).

Cada vez se tienen menos hijos… ¿cree usted que ahora es más difícil, que son más caros, cuestan más?

Nunca se ha podido. No sé si son excusas… Yo tengo doce y he procurado educarles bien. Entre mi mujer y yo, está claro, la responsabilidad es de los dos. Pero tener un hijo nunca ha sido una inversión, siempre ha sido un gasto. Uno piensa: lo recuperaremos. Es mentira. Es una tontada. Si acaso, lo recuperas en forma de cariño. Hace relativamente poco mi mujer estuvo enferma e ingresada durante tres meses. Nosotros somos unos  setenta y cinco de familia «directa». Bueno, pues los setenta y cinco aparecieron por allí, los hijos hacían turnos para estar con su madre…

¿Usted siempre supo que quería tener 12 hijos?

Un amigo mío dice que yo de soltero un día dije la siguiente frase: «Yo tendré doce hijos». Pero no lo recuerdo. Otras veces me preguntan que ¿cómo ha tenido usted doce hijos? Siempre contesto lo mismo: uno detrás de otro. Lo que sí que recomiendo a la gente es que hable antes de casarse de estos temas, porque es bueno ponerse de acuerdo en algo tan importante. Yo reconozco que todavía no lo he hecho. El otro día Jordana (mi mujer) me dijo que no habíamos hablado del número de hijos que queremos tener. Lleno de buena voluntad le pregunté: «¿quieres que hablemos?» Y ella, con una cara muy especial me dijo: «¿Para qué?». Pero la realidad es que tienes que saber con quién te casas. Planearlo un poco. 

Muchos matrimonios fracasan. ¿Puede ser que la gente hoy se casa sin creer en el para siempre?

Parece que sí. A mi eso no me pasa. Llevo sesenta años con mi mujer. ¿Es mucho esfuerzo? No. Hay que mantenerse joven, en el sentido de no hacer el idiota. lo he visto en señores que se enamoran y dicen: voy a aprovechar el último tren del amor. Idiotas. Una de las cosas que digo en el libro  «Treinta y seis cosas que hay que hacer para que una familia funcione bien» (Espasa), es decir una cosa que puede sonar un poco rara: que el matrimonio tiene que hacer el amor todos los días del año. El amor no se tiene, se fabrica día a día, con alegrías, con tristezas, con algunos éxitos, con muchos fracasos, con la idea clara de que «aunque me canse, aunque no pueda, aunque reviente, aunque me muera, ese matrimonio lo saco adelante, pase lo que pase». Eso es el matrimonio, eso forma la familia. Eso hace que los hijos presuman después de ser de esa familia. Eso hace que los hijos, después formen familias así.

Otra cosa en la que insiste usted es que al otro hay que quererle tal y como es, no como nos gustaría (en teoría), que fuera. 

Claro. Cuando yo era joven me gustaba mucho Rita Hayworth. Hace poco pusieron una película suya en televisión y me quedé a verla, para comprobar si yo tenía buen gusto o mi entusiasmo era una locura de juventud. ¡Y tenía muy buen gusto! Esa chica era una monada. Pero la Hayworth era una persona, y mi mujer, otra. Mi mujer tal como es. No tal como, en sueños, yo la pintaría. Porque si yo dijera que ojalá mi mujer fuera como es, pero con el aspecto de Rita Hayworth, mi mujer diría que ojalá fuera yo como soy, pero sin mal genio y con la cara de Brad Pitt. Es decir, ella y yo estaríamos enamorados de dos personas inexistentes, en vez de preocuparnos por querer a las existentes. 

Perdonar al otro suele resultar bastante complicado también. 

Hay otra cosa que es más difícil aún que perdonar. Y es olvidar. Si olvidas, no hay nada que perdonar. No me creo nada a esa gente que dice: perdono pero no olvido. Entonces, no has perdonado. Saber perdonar las pequeñas ofensas, que no son tan terribles… La felicidad del matrimonio está en las pequeñas cosas. Y en una familia, hay miles de pequeñas cosas.

Hoy en día, con las redes sociales, internet… ¿resulta más difícil ser padre?

Sí creo que ser padre ahora es más difícil, por estas cosas de las redes sociales, que los viejos no entendemos. Pero los padres hoy no pueden decir: no quiero saber nada. Hay que informarse para saber qué pasa, hay que estar al día. Y hablar con ellos siempre (con los hijos, con tu marido, o tu mujer…), cosa que normalmente quieren cuando tú estás más cansado. Pero no hay más remedio, hay que interesarse mucho. El otro día Gay de Liébana, que es una persona muy divertida, comentaba que hoy los hijos están sobreprotegidos.

Antes educaban los padres. Ahora a los chavales se les sobreprotege, y son pequeños monstruos, por lo que me cuentan. Por tanto, sí, ser padre es más difícil. La generación de ahora son un poco blanditos. Mi mujer dice que hace falta una posguerra. Mejor no, digo yo, porque eso significa que ha habido antes una guerra. Pero antes éramos más austeros. No gastábamos en móvil, ni en gasolina… Creo que hay que ser más austero, gastar más con la cabeza, no con los pies… Queremos el último móvil, pero seguramente podemos aguantar con el que tenemos un poco más.

Hace un tiempo monté una empresa con cuatro chavales jóvenes. Cuando nos reuníamos preguntaba: ¿cómo ha ido el día? Y me contestaban: «Estoy agotado. He tenido una reunión de 9:00 am. a 11:00, tres llamadas, otra reunión…». ¿Has trabajado? Preguntaba yo. Es que trabajar cansa, sí. Pero está prohibido agotarse. Trabajar es lo mejor para la salud. ¿Es que usted no se cansa? Mira, hoy me he levantado en Segovia, he hecho mal la maleta, he comido… A mi edad estoy cansando, casi siempre me duele algo… pero no se puede dar la tabarra.

Comparta con nuestros lectores uno de sus consejos preferidos para educar a uno, a dos, o a doce hijos, por favor.

Bueno, lo que me ha funcionado a mi, no tiene por qué funcionar al resto. Tengo matrimonios amigos que se dicen uno al otro: «Es que Leopoldo dice». En tu casa, Leopoldo no dice nada.Dicho lo cual, en principio libertad absoluta, y luego matizamos un poco. Hay que enseñar a los hijos a distinguir entre el bien y el mal. Los hijos no mienten nunca. Hay que confiar en los hijos. Si yo tengo doce, todavía me están engañando seguro. Me creo todo lo que me dicen. Si el periódico dice no sé qué raro, por supuesto se ha equivocado el periódico, si me lo dice un hijo mío. Te dejas manipular. Hay que querer a la gente de tu casa tal como son. Hay que amarles con sus problemas, con su ingenio, con sus ambiciones… y decirlo en voz alta. Totalmente. E intentar mejorarla, igual que intentas dejarte mejorar tú también.

ABC-Familia.

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