La gente que me gusta

3 enero, 2019

Me envió un colega economista, hace pocos días, un texto de Mario Benedetti, poeta uruguayo. Se titula “La gente que me gusta”. Me senté (mentalmente) en la mesa del gerente de una empresa, y empecé a leer y a sacar mis conclusiones:

“Me gusta la gente que vibra, que no hay que empujarla, que no hay que decirle que haga las cosas, sino que sabe lo que hay que hacer y que lo hace”. O sea, los buenos profesionales.

“Me gusta la gente con capacidad para asumir las consecuencias de sus acciones”. Aquellos que no le echan la culpa a los de arriba, a los de abajo, a la competencia, a los políticos… Los honestos.

“… la gente que arriesga lo cierto por lo incierto para ir detrás de un sueño”. Yo diría que son los que se creen la misión o propósito de su organización, que es su sueño. Que, además, probablemente tendrán su propio sueño personal, y habrán sido capaces de alinearlo con el de la organización, porque, habitualmente, no son incompatibles.

“… quien se permite huir de los consejos sensatos dejando las soluciones en manos de nuestro padre Dios”. ¿Los insensatos? No: los que tienen esperanza.

“Me gusta la gente que es justa con su gente y consigo misma, la gente que agradece el nuevo día, las cosas buenas que existen en su vida, que vive cada hora con buen ánimo dando lo mejor de sí, agradecido de estar vivo, de poder regalar sonrisas, de ofrecer sus manos y ayudar generosamente sin esperar nada a cambio”. Un buen listado de virtudes: la justicia, absolutamente necesaria cuando vivimos en sociedad -o sea, siempre. La que sabe dar las gracias, la que sabe poner la alegría en el trato con los demás, aunque las cosas le vayan mal…

“Me gusta la gente capaz de criticarme constructivamente y de frente, pero sin lastimarme ni herirme”. Ser un amigo no significa decir cosas agradables a los amigos, sino aquello que necesitan, aunque sea duro. Porque les quieren.

“Me gusta la gente que con su energía, contagia. Me gusta la gente sincera y franca, capaz de oponerse con argumentos razonables a las decisiones de cualquiera”. Los que dicen la verdad, aunque duela, o aunque no les convenga. Los que saben dialogar, que no significa imponer las ideas propias a los demás.

“Me gusta la gente de criterio, la que no se avergüenza en reconocer que se equivocó o que no sabe algo. La gente que, al aceptar sus errores, se esfuerza genuinamente por no volver a cometerlos”. A esto se le llama perseverancia, una parte de la virtud de la fortaleza. Y humildad.

Me he saltado otras frases, y he pasado a la última: “Con gente como ésa, me comprometo para lo que sea por el resto de mi vida, ya que por tenerlos junto a mí, me doy por bien retribuido”.

Y entonces me hice una pregunta: ¿son así tus colaboradores, tus jefes o tus subordinados, tu marido o tu esposa, tus hijos, tus cuñados, tus suegros…? ¿No? Entonces… ¿los descartas? Tendré que buscar otro texto de Benedetti, o de quien sea, que me sirva para trabajar con los que tienen defectos, con los tristes y desangelados, los criticones y cobardes, los que echan las culpas a los demás… Porque, ya lo he dicho, no me queda otro remedio que trabajar con ellos, y tirar de ellos hacia arriba.

Blog Antonio Argandoña, profesor emérito del IESE

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Qué es el amor humano?

Matrimonio natural. Profesor Andrés Ollero

¿Qué son los vientres de alquiler?

Contador

  • 159337Total de lecturas:
  • 0Visitantes conectados: