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18 octubre, 2018

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A la caza de los estereotipos
Publicado el 18 octubre, 2018 por El sónar

El Parlamento andaluz ha aprobado una reforma de la ley de Igualdad de 2007 que, entre otras innovaciones, prevé revisar todos los libros de texto para detectar y erradicar los estereotipos de género que perjudican a las mujeres.

Impresiona la confianza de los políticos en el poder de los libros de texto, a pesar de que los índices de fracaso escolar sugieren que no pocos alumnos son inmunes a sus contenidos. En cualquier caso, una comisión de expertos va a revisar todas las imágenes, lenguaje y contenidos de los libros de texto, desde enseñanza infantil a bachillerato, para asegurar que respetan la igualdad y corregir lo que sea necesario.

Es curioso que lo que antes se llamaba comité de censura ahora se califique de comité de expertos, aunque su labor sea la misma: revisar lo que quieren publicar otros y asegurarse de que no hay nada que se aparte de la línea oficial correcta, para que los lectores –en este caso, el alumno– no sufran influencias desorientadoras.

Con la revisión de los libros de texto se trata de desentrañar el “modelo de masculinidad hegemónica” que ha imperado hasta ahora, según dice la nueva ley andaluza. Sin duda es muy conveniente, como pretende el legislador, “la integración del saber de las mujeres y su contribución social e histórica al desarrollo de la humanidad”. Pero la historia es la que es, y tampoco te puedes inventar un protagonismo en campos donde no ha existido. Lo que puedes hacer es explicar las causas sociales e intelectuales de que esto haya sido así en otras épocas.

El afán de erradicar los estereotipos de género en los libros de texto pretende hacer ver que las mujeres pueden desempeñar cualquier profesión, sin limitarse a tareas que en el pasado se consideraban propias de mujeres y sin aparecer en papeles subordinados a los hombres. Un objetivo irrebatible. Pero también hay que plantearse si los estereotipos son ideas de mera construcción social o si tienen algo que ver con la realidad.

Por ejemplo, al hablar de la educación, un libro de texto puede presentar la imagen de una clase dirigida por un maestro y otra por una maestra. Pero lo que está viendo el alumno de educación infantil, de primaria y de buena parte de secundaria es que en la tarima de su clase hay una profesora. Aquí habría que hablar de un “modelo hegemónico femenino”, y, a la hora de elegir carrera, esta experiencia influirá más que lo que digan los libros de texto sobre la profesión docente.

Si un libro de matemáticas plantea un problema que tenga que ver con la construcción de una casa, puede poner una imagen con tantos hombres como mujeres trabajando en la obra. Pero lo que ve el alumno a la salida de clase es que nueve de cada diez trabajadores del sector son hombres.

Quizá esto vaya cambiando con el tiempo. Pero mientras tanto puede ocurrir que los libros de texto reflejen un mundo imaginario de perfecta igualdad, donde hombres y mujeres desempeñan las mismas tareas en el trabajo y en casa, aunque tenga poco que ver con la realidad. Y es que la idea de que toda diferencia se debe al “modelo de masculinidad hegemónica” puede ser otro estereotipo.

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