Polonia ya está en marcha por la natalidad ||Aceprensa

16 mayo, 2018

Mientras en España los políticos se lanzan los trastos en discusiones sobre quién es más rácano con los jubilados y quién posee la varita mágica para garantizar las pensiones de 2050, los polacos no se han liado demasiado: como para que haya pensiones tiene que haber… ¡personas!, su gobierno ha fijado unas considerables ayudas monetarias a la maternidad, concretamente a quienes tengan más de un hijo.
La medida del gabinete conservador es un programa denominado 500+, en vigor desde 2016, y contempla la entrega a las familias de 500 zlotys (115 euros) mensuales por el segundo hijo –y el tercero, y el cuarto, y los que vengan–, una ayuda que se extiende hasta que el chico cumple 18 años.

Transcurrido un tiempo, un repaso a la implementación de la medida arroja que al menos el objetivo primario –aumentar la natalidad– se ha ido consiguiendo: si en la primera mitad de 2016 nacieron 185.000 bebés en el país eslavo, en igual período del siguiente año ya fueron 200.000. Solo en enero de 2017 vieron la luz 2.300 niños, un 10% más que en el mismo mes del año anterior.

Hasta que comenzó a aplicarse el 500+, solo las familias con ingresos por debajo de 574 zlotys (137 euros) tenían derecho a recibir subsidio. Ahora, todas las que tengan más de un hijo lo reciben –así como quienes tienen solo uno, pero ingresan menos de 182 euros–, con independencia de su estatus económico. Y como la picaresca no es asunto solamente español, se ha implementado un sistema de monitoreo para impedir que algunas familias hagan un mal uso del dinero, para lo que se prevé que, en caso de infracción, se les suspendan los pagos o se cambien a entregas en especie.

La pobreza infantil, a la baja

Para que se tenga una idea de la dimensión de la ayuda, se puede ilustrar diciendo que esos 115 euros suponen casi el 40% del salario mínimo polaco. Por supuesto que no alcanzan para que la familia se compre el añorado Mercedes, pero sí que contribuyen a paliar sus desventajas económicas.

De hecho, en muchísimos casos sí que están siendo decisivos en la lucha contra la pobreza infantil. Un análisis del Banco Mundial lo ilustra con un gráfico: para una familia monoparental con dos hijos, la antigua ayuda estatal por estos –poco menos de 500 zlotys entre ambos–, quedaba por debajo de la línea de pobreza extrema, ubicada en los 1.100 zlotys, mientras que ahora los ingresos familiares remontan a los 1.600 zlotys.

De resultas, según el análisis, la reducción de la pobreza infantil ha sido espectacular. Si al momento de la introducción del programa los menores afectados por la pobreza extrema eran el 11,9% de la población de su franja de edad, se considera que el número se ha reducido hasta el 2,8%.

Con tan buenas noticias, ¿puede surgir alguna pega? Parece que sí, y va de gente desanimada: si el Estado garantiza el pan, ¿para qué ir a trabajar?, piensan algunos. Con apenas un 4% de desempleo, el país excomunista necesita brazos y cerebros puestos a la labor, y ya algunos le notan cierto efecto perverso a la ayuda.

Mujeres que abandonan el trabajo

Jacek Padee es un joven exdiplomático residente en Varsovia, que ha heredado una empresa de su padre y hoy se dedica de lleno a ella. Próximamente tendrá a su segundo hijo, pero nos confiesa que no le hacen falta los 115 euros que le hará llegar el Ministerio de Familia y Seguridad Social, por lo que los destinará a alguna ONG.

“El programa es sin duda el mayor éxito del gobierno actual, y es en gran parte gracias a él que mantiene un apoyo significativo –nos cuenta–. Pesa mucho en el presupuesto de Polonia, pero parece ser sostenible, gracias a la muy buena situación económica, aunque creo que la verdadera prueba vendrá cuando el ciclo se revierta”.

Asimismo, le ve beneficios claros: “Primero, que está creando una presión sobre los empleadores para que aumenten los salarios, y ello redunda en favor de toda la sociedad, y en segundo lugar, que prácticamente ha eliminado la pobreza en las familias con muchos niños”.

“Ahora bien, tiene dos aspectos negativos, en mi opinión. Para empezar, limita la posibilidad de introducir otros programas más necesarios, que beneficien, por ejemplo, a las familias con niños discapacitados. Estas reciben muy poco apoyo del Estado, lo que no va a cambiar, porque no habrá más dinero en el presupuesto”.

“Además –prosigue–, el programa complica la situación económica de las mujeres a más largo plazo, pues está creando incentivos para que salgan del mercado laboral, y cuando pasen 20 años y sus hijos crezcan, les resultará difícil regresar, lo que afectará su jubilación y las hará aun más dependientes de sus maridos”.

Según nos cuenta Padee, entre 300.000 y 500.000 mujeres han abandonado su trabajo a raíz de la implementación del 500+.

¿Un dinero necesario para todos?

Si el programa tiene visos de sostenibilidad no está claro, aunque, según le comento al joven empresario, “más valdría” que los tuviera, pues algunas fuentes hablan de una verdadera revolución social si algún gobierno se atreviera a quitarlo. Pero quizás el germen de su eventual desaparición no esté en la voluntad de un partido que llegue al poder, sino en lo inviable de entregar dinero a quien lo precisa y a quien no.

“Esto nos lleva a un aspecto ético del programa: se benefician muchas familias ricas y de clase media. Por ejemplo, tengo un amigo que gana como 10.000 euros al mes, tiene 4 hijos y recibe 1.500 zlotys del Estado. Pero también tenemos una amiga que es madre soltera y gana como 800 euros, y no recibe nada, porque está por encima del nivel de ingresos como para recibir apoyo por su primer hijo”.

Padee tira aquí de cuentas: manteniendo durante 10 años este nivel de ayudas –se calcula que el programa se traga unos 4.000 millones de euros al año–, el costo de cada niño adicional les saldrá a las arcas estatales en unos 200.000 euros. “Me parece bastante elevado”, dice.

Con seguridad varias de sus observaciones deberían ser tenidas en cuenta, y ya algunos las habrán hecho notar en Varsovia. De momento, sin embargo, el hecho es que ya se incrementan los nacimientos. Por el camino se podrán ajustar algunos detalles, alterar un poco el rumbo, hacer alguna parada. Pero lo importante es que los polacos han puesto el tren en marcha.

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