Munilla desgrana 12 malos hábitos del matrimonio y ofrece también las recetas para poder sanarlos

9 mayo, 2018

Ante las ideologías que pretenden destruir la familia, y especialmente el matrimonio, es necesario reforzar este sacramento frente a los ataques furibundos que ya están haciendo estragos en la sociedad actual. El divorcio, el individualismo o la ideología de género son solamente algunas de estas manifestaciones.

El pasado 21 de abril, el obispo de San Sebastián, José Ignacio Munilla, impartió una interesante conferencia en el seminario diocesano que se titulaba Sanación de malos hábitos en el matrimonio, donde citaba concretamente 12 malos hábitos que pueden llevar, si uno no actúa, a la destrucción del matrimonio. Pero a su vez, el prelado ofreció con cada uno de estos puntos, una sanación, un consejo para poner en práctica y así afianzar a la familia con cimientos profundos.

Estos son los 12 malos hábitos y la sanación que ofrece para cada uno de ellos el obispo de San Sebastián:

1. Criticar continuamente
El primer mal hábito en el matrimonio al que hace referencia monseñor Munilla es “hacer de la crítica nuestro estilo de expresión, expresar quejas en vez de tener pensamientos motivadores”. Estas personas ven siempre las cosas negativas, y “cuando uno hace eso en el matrimonio lo suele hacer en el resto de su contexto social. Las quejas son como un agujero negro donde se desintegra la energía”.

Según el obispo, detrás de esta tendencia se suele escudar el “perfeccionismo”. No hay que confundir “santidad con perfeccionismo”, pues “se puede ser santo teniendo defectos, y precisamente para hacernos santos, Dios no nos hace perfectos”.
Cómo sanar este hábito? “Hay que cultivar el ejercicio de la intuición para percatarnos de que Dios ha puesto junto a mí a la persona que necesito para mi santificación. Dios quiere servirse de las virtudes y defectos de mi cónyuge para ser santo”, explica Munilla.

2. Dividir entre “lo mío” y “lo suyo”
Un segundo mal hábito que se puede dar también en el matrimonio es el de hacer una especie de división entre lo de él y lo de ella, las cosas de uno y de otro, sus amigos, sus aficiones, y hasta la cuenta corriente.

Donde esté tu tesoro allí estará tu corazón. El obispo recuerda esta frase del Evangelio para recordar que “si en el matrimonio se ve que hay territorios privados, personales, que no llegan a formar parte de la comunión, quiere decir que el corazón todavía tiene falsos tesoros que impiden vivir esta plena comunión. Lo propio del matrimonio es ser una sola carne y esto es compartirlo todo”. Por ello, advierte que quien vive así se enfrenta “a un riesgo muy grande de fractura”.

¿Cómo sanarlo? La sanación de este mal hábito, según Munilla, pasa por la “elevación”, es decir, “somos de Dios y en Dios somos todo el uno para el otro. No me poseo en propiedad, si lo que tengo es de Dios ya no hay ni mío ni tuyo”.

3. Poner el matrimonio en espera mientras se cría a los hijos

El obispo vasco afirma que muchos de los matrimonios que acuden a los Centros de Orientación Familiar van con este problema de fondo. Es un mal hábito que se puede dar habitualmente porque “el reto de la educación de los hijos es tan grande que lo llega a absorber todo”.
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