Lavapiés: lo que logra la mentira.Contra las noticias falsas, medios periodísticos serios.

21 marzo, 2018

ACEPRENSA.El fenómeno de las fake news está causando una preocupación creciente, mientras las grandes compañías de Internet no acaban de ofrecer soluciones prometedoras. Ante este panorama, la Unión Europea reunió un grupo de expertos para estudiarlo. Sus conclusiones son claras: se debe trabajar por la educación de los ciudadanos y apoyar el periodismo serio.

Quien dijo “la verdad triunfará” no sabía cómo corren las fake news. Hace unos días en España se vivió el proceso completo: desde la construcción de la noticia hasta su difusión por las redes y sus consecuencias en la calle. El pasado jueves, un vendedor ambulante de origen senegalés, Mame Mbaye, sufrió un ataque de epilepsia en el barrio madrileño de Lavapiés. Dos policías municipales acuden a atenderle tras el aviso de su acompañante, y llaman a los servicios médicos de urgencia. Sin embargo, pese a las labores de reanimación de esos y otros agentes, el hombre muere de una parada cardíaca.

Al poco tiempo, comienza a correr en las redes sociales una versión de los hechos que aseguraba que el hombre había fallecido por causa de una persecución policial. Algunos grupos protagonizan disturbios: se enfrentan a la policía, lanzan adoquines, queman contenedores, saquean algunas sucursales bancarias… La noche acaba con una veintena de heridos. Al día siguiente, la información contrastada comienza a surgir: todos los disturbios se han originado por una noticia falsa.

Los bulos se propagan rápido

Un estudio sobre Twitter, realizado por investigadores del MIT y publicado por la revista Science, descubrió que en promedio las informaciones falsas reciben un 70% más de retuits que las veraces. Y no solo llegan más lejos sino también más rápido: a la información verdadera le toma 6 veces más tiempo llegar al mismo número de personas que a las noticias falsas. Los bulos se propagan como un virus, especialmente si son de tema político, donde las mentiras llegan a más de 20.000 personas a una velocidad casi tres veces mayor que el resto de información falsa. Las consecuencias son graves: las noticias falsas diseminan la ignorancia y fomentan la polarización, la radicalización y el extremismo en quienes las leen y las difunden.

Hasta ahora, las propuestas por parte de las plataformas para resolver la cuestión no parecen muy prometedoras: Facebook anunció que marcaría como “discutida por terceros” aquellas noticias que hubieran sido revisadas y anteriormente catalogadas como falsas por otras organizaciones; sin embargo, no financiará a quienes se dediquen a estas catalogaciones. YouTube colgará un enlace a Wikipedia en aquellos videos con teorías de conspiración. Pero estos esfuerzos parecen débiles intentos frente a la aplastante fuerza de las fake news.

Fortalecer el periodismo de calidad

La Comisión Europea está estudiando la manera de atajar el problema de las noticias falsas de una manera eficaz y, para eso, ha iniciado un proceso de consultas con todas las partes interesadas: plataformas tecnológicas, medios de comunicación, sociedad civil… De momento, se inclina por evitar soluciones drásticas, consciente de que las multas pueden tener efectos adversos: la retirada de publicaciones “dudosas”, por ejemplo, podría dar pie a la censura y amenazaría la libertad de expresión.

En esta misma línea se manifiesta el informe de un grupo de expertos convocado por la Comisión para estudiar este asunto. El documento recela de las soluciones simplistas: la censura, ya sea pública o privada, debe evitarse. Y aboga, en cambio, por buscar medidas voluntarias, como “crear una coalición contra la desinformación que elabore un código de buenas prácticas para plataformas digitales, periodistas y poderes públicos”.

La propuesta que más ha llamado la atención es la de ayudar a los medios que trabajan con rigor periodístico. A su juicio, el modo en que se debe prestar ese apoyo no es a través de subvenciones directas –que pueden ser percibidas como intromisiones en la línea editorial– sino más bien con otro tipo de ayudas, como la exención de IVA a algunas actividades periodísticas (innovación, formación, etc.).

El informe también pone el acento en la educación de los ciudadanos, de manera que logren distinguir entre la información veraz y la falsa. Esta tarea, aunque más lenta y ardua, es quizá el mejor antídoto contra las amenazas que la desinformación plantea a la democracia. En cualquier caso, las medidas de la Comisión deben dirigirse a buscar respuestas a largo plazo para aumentar la resistencia social ante las noticias falsas, y crear un marco que asegure una eficaz respuesta al problema.

Queda claro que no bastan “marcadores” ni recuadros de Wikipedia: se necesita un enfoque multidisciplinar y profundo, que integre a todos los sectores de la sociedad y afronte el problema desde sus causas. Así lo recomiendan también varios investigadores en un comentario al estudio de Science: “Tenemos que rediseñar nuestro ecosistema de la información en el siglo XXI y responder a una pregunta fundamental: ¿cómo podemos crear una cultura de la información que valore y promueva la verdad?”.

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