La bomba demográfica puede revertir las tres tendencias que dominan la economía de Occidente

19 marzo, 2018

Se desatará un choque entre generaciones por mantener sus ingresos
Los salarios subirán con fuerza a medida que los trabajadores escaseen
Los tipos de interés reales y la inflación resurgirán con fuerza en el futuro

El economista.En los últimos 35 años, los países avanzados han sufrido tres tendencias que han ido ganando peso y que han modificado la economía: una caída de los tipos de interés reales, un descenso de la participación de los salarios en el PIB y un incremento de la desigualdad de renta (se puede añadir la desinflación). Puede que estas tres tendencias estén cerca de tocar techo y comiencen a revertirse de forma violenta en las próximas décadas, a medida que el envejecimiento de la población gana fuerza. El fuerte incremento que se espera en la tasa de dependencia (personas menores de 16 y mayores de 64 años respecto a la población en edad de trabajar) reducirá el crecimiento potencial, el capital humano disponible para producir y el ahorro respecto a la inversión deseada, lo que culminará en un incremento de salarios nominales, la inflación y de los tipos de interés reales. Esta tendencia podría comenzar a dar signos de vida a partir de 2020, cuando la población activa comience una cuesta abajo sin freno en Occidente y, en menor medida, en los países emergentes.
Las tendencias hasta hoy
En un trabajo publicado por el Banco Internacional de Pagos (BiS por sus siglas en inglés) hace unos meses, los economistas Charles Goodhar y Manoj Pradhan muestran como la vasta generación del baby boom y la entrada de China en la economía global han deprimido los tipos de interés y han creado un ‘exceso’ de ahorro durante años. Esta situación también ha servido para impulsar el precio de los activos, tanto financieros como reales.

“La caída de la tasa de dependencia fue un factor fundamental para crear un momento dulce para la economía global”, destacan estos economistas. Se produjo una combinación inigualable, una generación muy amplia (baby boom) que iba a tener pocos hijos (personas dependientes) y que van a vivir muchos años con calidad de vida y trabajando.

Es decir, una sociedad con cientos de millones de personas que pueden formar parte de la población activa y del proceso productivo, junto con una población pequeña de población dependiente (niños y ancianos). Además, la propensión a ahorrar de esta generación ha sido importante con el objetivo en mente de mantener su nivel de vida durante la vejez, una propensión que ha sido incluso mayor en países de Asia, que cuentan con unas redes de protección públicas mucho más pequeñas que las de Occidente.

“Este momento dulce se hizo mucho más dulce gracias a China y los países del este de Europa… La fuerza laboral de China se unió a la economía global, pero sus fronteras financieras siguieron cerradas, permitiendo así que sus tipos de interés reales fuesen bajos para acumular capital dentro del país”, señalan los expertos del BiS.
Los números de este crecimiento del mundo globalizado son asombrosos. La fuerza laboral de los países industrializados en 1990 era de 685 millones de personas, a los que se le unieron de golpe 820 millones procedentes de China y de los países de Europa que abandonaron el comunismo y se sumaron a la economía global.

Con un incremento de este calado de la fuerza disponible para trabajar y colaborar en el mundo se produjo un fuerte aumento del factor trabajo respecto al capital disponible: “Con la oferta de trabajadores al alza, no sólo los salarios crecieron más despacio, sino que la productividad marginal del trabajo se redujo. Esto es por lo que hemos estado viendo caer los salarios reales en los países avanzados de forma consistente. Estos factores han incrementado la desigualdad dentro de estos países”.

Todo empieza a cambiar “rápido”
Sin embargo, Poco a poco la demografía irá revirtiendo esta situación. “Las proyección demográficas indican que el momento dulce se agriará rápidamente. En particular la tasa de dependencia empeorará con velocidad”, destaca el documento del BiS. El número de jubilados crecerá con fuerza, lo que ejercerá una fuerte presión bajista sobre la población en edad de trabajar. “Lo que es más, los ancianos necesitan cuidados que son intensivos en mano de obra (cuidados personales), lo que agudizará la escasez de la fuerza laboral. Las enfermedades relacionadas con la vejez son intensivas en factor trabajo, como puede ser el caso de la demencia”.
Además, estos economistas creen que el envejecimiento de la población reducirá el ahorro y la inversión, pero más lo primero que lo segundo, lo que supondrá un incremento del tipo de interés de equilibrio (el coherente con el pleno funcionamiento de la economía) y por tanto de los tipos de interés reales (descontada la inflación). Por un lado, el gasto de las personas en su parte final del ciclo vital puede incrementarse (en detrimento del ahorro) por el gasto en servicios médicos y demás atención necesaria, como pueden ser las residencias de ancianos.

El ‘poder’ político de los jubilados
Segundo, los gobiernos de los países desarrollados tendrán que incrementar su gasto público con fuerza para mantener la red de seguridad (sanidad y transferencias sociales) que ayuda a las personas mayores que no pueden permitirse la atención sanitaria o de cualquier tipo que necesiten.

El trabajo de estos economistas asume que los gobiernos mantendrán su red de protección social a medida que las personas mayores ganan peso y, por ende, poder de decisión en las democracias. “De forma casi inevitable, el gasto en sanidad subirá con fuerza, mientras que la edad de jubilación aunque suba no lo hará al ritmo que la esperanza de vida”.

También es relevante los cambios culturales que se están produciendo en las economías desarrolladas. “A medida que los países se hacen ricos, los mayores se mantienen todo lo posible en sus propias viviendas en lugar de volver a casa con sus hijos. Mientras que esto sucede, los jóvenes seguirán independizándose y buscando nuevas casas”. Esto mantendrá viva la inversión en vivienda y probablemente ayude a que la inversión total deseada caiga menos que el ahorro, generando una subida real de los tipos. A esto se une que las empresas tendrán que invertir más en capital para compensar la caída de la población en edad de trabajar. Ambos factores pueden mantener ‘caliente’ la inversión.

Por otro lado, los ancianos que no estén capacitados para vivir solos por su avanzada edad tendrán que costearse una residencia, ya sea pública o privada. Al final, el gasto en este tipo de cuidados tendrá que ser asumido por el Estado o por el bolsillo de los afectados, lo que presionará a la baja el ahorro, ya sea el privado, el publico o ambos a la vez.

“La demografía también reducirá el exceso de ahorro en China. Hace años, los mayores chinos se repartían entre los hijos para recibir los cuidados necesarios. Pero la política que ha impedido tener más de un hijo ha durado demasiado, lo que sin duda ha erosionado esta red familiar. Ante la ausencia de protección social, los chinos han ahorrado para su vejez”, explica el documento. Ahora, todos esos ahorros se tendrán que convertir en consumo para mantener un nivel de vida digno.

El efecto en el mercado laboral y los precios
La elevada tasa de dependencia dejará disponible una fuerza laboral relativa mucho más pequeña que la actual. Esta escasez de trabajadores impulsará el crecimiento de los salarios a medida que los mercados laborales se vacían. Por otro lado, las empresas intentarán amortiguar esta escasez de capital humano incrementando su inversión en capital físico y tecnología, cuyo resultado será un crecimiento de la productividad superior que ayudará a las empresas mantener esos salarios al alza.

Esta tendencia podría devolver a los salarios la participación dentro del PIB que mostraban hace décadas, lo que podría desembocar en una sociedad más igualitaria. Una fuerza laboral escasa y necesaria podría ganar poder de negociación, aunque esta tendencia puede encontrar límites a medida que las máquinas reemplacen a los trabajadores con menor formación.

La inflación podría volver por todo lo alto: “La inflación será la inevitable consecuencia del envejecimiento…. si la red de protección social se mantiene, el consumo se mantendrá a lo largo del ciclo vital. Es inevitable que los impuestos para los trabajadores sean más altos para pagar estas transferencias a los mayores… a su vez, los trabajadores sabiendo su posición de poder reclamarán unos salarios mayores, lo que recrudecerá la presión al alza de los precios”, reza el trabajo del BiS.
Según los datos recopilados en 22 países entre 1955 y 2014 demuestran que tanto los menores de edad como los jubilados (dependientes ambos) son sectores ‘inflacionarios’ para la economía, mientras que la población en edad de trabajar ejerce una presión ‘desinflacionaria’. Esto se explica con un razonamiento sencillo: las personas dependientes son consumidores netos (consumen mucho más de lo que producen porque viven de las ‘transferencias’ de otros), mientras que los trabajadores suelen producir más de lo que consumen. Igual o mayor consumo con menor capacidad de producción, se traducirá en unos precios más altos.

Por último, pero no menos importante, los economistas del BiS creen que toda esta reversión de tendencias puede conducir a un choque de generaciones. “Los trabajadores en edades más tempranas y los ancianos se encontrarán en una batalla política. Los mayores se convertirán en una fuerza política muy importante a medida que su cohorte vaya ganando tamaño. Los trabajadores en edades tempranas irán perdiendo tamaño pero poseerán algo importante, su ‘precio’ como fuerza laboral seguirá al alza… el futuro político se dividirá entre unos ancianos que defenderán su red de protección social y la población en edad de trabajar que luchará por mantener sus salarios netos”.

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