Los valores se pueden cambiar?

13 marzo, 2018

Blog Antonio Argandoña. En una entrada reciente expliqué que los valores se pueden cambiar, a propósito de una conferencia que pronuncié ante el Grupo Catalán del Club de Roma. En esa entrada expliqué que hay dos maneras de entender los valores personales: como ideales y como prácticas, como virtudes. Lo primero exige información y formación, y lo segundo, entrenamiento.

Como es lógico, los asistentes querían saber cómo se hace eso. He aquí algunas de las ideas que les transmití (hay muchas más, claro):

Aprende a evaluar correctamente la realidad, porque lo que te gusta no siempre coincide con lo que te conviene. Muy claro en la comidd y la bebida, pero también en nuestra manera de vivir en sociedad.
Conoce tus motivaciones: ¿por qué hago esto? No te dejes enredar, no racionalices tus decisiones, diciendo que lo haces por los demás, por servicio… Anda, di la verdad; si no, es como hacer trampas en el solitario.
Ten en cuenta las consecuencias de tus acciones sobre ti mismo. Todas. Una mentira te ahorra un mal trago (consecuencia positiva), pero te hace mentiroso y facilita que digas más mentiras en adelante (consecuencia negativa).
Y las consecuencias para los demás. Mentir al cliente te permite una venta cómoda, pero, ¿te gustaría ser tú el cliente engañado?
Esfuérzate por descubrir las necesidades de los demás y tenerlas en cuenta. “Yo ya sé lo que les conviene”. A ver: ¿estás seguro?
Sal de la dualidad “bueno o malo” y piensa “lo mejor”.
Elimina las actuaciones tuyas que muevan a otro a actuar egoístamente, y habrás mejorado tu entorno moral.
Ayuda a los otros a conocer los motivos de sus actuaciones, como hiciste con las tuyas. Para que ellos mejoren, claro, pero también para que mejores tú.
Ayuda a los demás a conocer los efectos de sus acciones sobre ellos mismos y sobre los demás, por las mismas razones por las que lo pensaste para ti mismo.
Fíate de los demás. Dales confianza, y que lo sepan. Si te preguntan ¿qué hago?, contéstales: tú mismo, piensa lo que debes hacer.
Y deja que se equivoquen. Házselo notar, pero no les quitas responsabilidad: si no, nunca mejorarán como personas -y tú nunca mejorarás como líder.
Sé ejemplar. Los valores no son abstractos: se aprenden en las conductas de las personas. Y esta vez te toca a ti ser el modelo.
No confíes en tu instinto ético: estudia, pregunta, pide consejo…
Entrénate para hacer el bien. ¿Cómo? Haciendo siempre lo que debes hacer, pero bien hecho.
Proponte actuar por motivaciones superiores, no solo por el premio o el castigo.
Vence la tentación de hacer lo que te gusta.
Si te equivocas, reconócelo, pide perdón y vuelve a empezar. No perderás la apreciación de los demás.
Complícate la vida. Vivir de acuerdo con los valores no es garantía de vida cómoda.

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