Principios éticos para las finanzas Blog Antonio Argandoña,profesor del IESE

7 marzo, 2018

Con un buen amigo y experto financiero, Luis Torras Consolación, estamos trabajando en un papel sobre principios éticos en el mundo de las finanzas. Los principios éticos son reglas o normas de conducta que ayudan a la toma de decisiones éticamente correctas, porque recogen algo que se considera bueno. Hay muchas colecciones de principios éticos, que responden a diversas teorías y tienen distinto alcance. Los principios éticos en las finanzas se derivan de la ética y de la comprensión de la función social de las finanzas.

Son generales en su enunciado, porque orientan en situaciones y entornos muy distintos: en cualquiera de los departamentos de un banco comercial, en un fondo de pensiones, en un exchange-traded fund (ETF), en banca privada, en el mercado de futuros o en la bolsa de valores. No son normas técnicas, derivadas de la teoría económica o financiera, sino criterios éticos, que se derivan de principios de la ética general, como el de respeto de la dignidad de la persona o el de justicia. Pero deben ser aplicables específicamente al mundo de las finanzas: hay una jerarquía de principios y, por tanto, habrá principios de diversos niveles de amplitud o concreción.

Es posible que, a la hora de aplicarlos, haya una cierta contradicción entre principios. Habrá que resolverlos dando prioridad a uno u otro, a veces con carácter general y, más frecuentemente, analizando, para cada caso concreto, cuál debe prevalecer –lo que exige practicar la virtud de la prudencia.

Los principios no son algoritmos de aplicación automática, sino que necesitan una reflexión previa, orientada por la virtud de la prudencia, que contemple también las circunstancias. En sentido positivo, inspiran el trabajo del financiero; en sentido negativo, señalan los límites morales a su actuación.

Seguidamente presentamos un listado de los principios éticos que nos han parecido más relevantes para las finanzas.

Justicia, lealtad. La justicia es una virtud y un principio social básico de la persona: de alguna manera, viene a ser como el primer principio, del que dependen casi todos los demás, porque la actividad de un financiero debe estar orientada siempre a sus clientes, de activo y de pasivo.
Este principio se concreta de diversas maneras, según las circunstancias: por ejemplo, en el reconocimiento de los derechos de los clientes, o en el trato equitativo a los distintos clientes, sin discriminación injusta.
La justicia también se ha de ejercer ante otras personas: por ejemplo, los propietarios, empleados y directivos de la entidad financiera, otras entidades (competidores, socios, colaboradores o relacionados en la cadena de valor) y la sociedad en general. No ponemos énfasis en esos otros aspectos de la justicia, porque con comunes a todas las empresas, for profit o sociales. En todo caso, la función social de las finanzas exige que se dé prioridad a la justicia ante el cliente, como regla general
En la actividad financiera, la justicia se relaciona directamente con la asimetría de información que se produce habitualmente, ya que una de las partes suele tener información relevante que la otra parte no tiene, y que puede usar en perjuicio de esta.
Paralelamente a la asimetría de información se produce una asimetría de poder, que puede dar una ventaja injusta a una de las partes (por ejemplo, en los procedimientos por incumplimiento del deber de devolver un crédito).
La lealtad concreta la prioridad de los intereses del cliente en el cumplimiento de lo acordado (también de lo que está implícito en el acuerdo), siempre dentro de la ley. Y, como la justicia, no es un principio absoluto: la prioridad del cliente puede ceder ante, por ejemplo, el bien común de la sociedad.
Objetividad, imparcialidad, independencia, integridad, veracidad, transparencia, honestidad, buena fe. Una batería de principios relacionados, que se refieren a la forma de desempeñar las tareas, también dentro del principio de justicia.
Objetividad en la apreciación de los hechos y en los juicios. Imparcialidad en las actitudes ante las personas, evitando el trato injustamente discriminatorio.
Independencia ante los distintos intereses que se presenten, tanto por las presiones de sus clientes como por las de terceros y los propios intereses del agente, evitando, por ejemplo, los conflictos de intereses.
Integridad, que consiste en la coherencia de las decisiones entre sí y con los valores.
Veracidad es la equivalencia entre lo que se dice y lo que se piensa, a partir de la información disponible.
Transparencia es compartir la información y actuar de forma abierta.
Honestidad en manifestarse con coherencia y sinceridad, sin atender a consensos o hacer acepción de personas.
Buena fe, que parte de la confianza en el otro para aceptar la veracidad de la información que el otro proporciona y servir a sus intereses (siempre moderada por la prudencia).
Los estándares técnicos y éticos de la profesión servirán de orientación sobre el alcance de estos principios.
Confidencialidad. Respetar el carácter confidencial de la información que conozca en razón de su actividad y no utilizarla en beneficio propio o de terceros, ni divulgarla, ni permitir que otros lo hagan, salvo en los casos contemplados por la ley o con el consentimiento de cliente.
Legalidad. Actuar conforme a las normas legales y a los códigos de conducta de la profesión y a las normas de la entidad en que trabaja.
Diligencia, competencia, capacitación. Aplicar la diligencia debida en el desempeño de sus obligaciones para con los clientes, de acuerdo con los mejores estándares técnicos y éticos. Supone la adquisición de competencias y el desarrollo de capacidades, previas al ejercicio de la profesión y durante esta.
Responsabilidad, rendición de cuentas. Asumir en todo momento la responsabilidad por sus propias acciones y por las de sus colaboradores, y estar siempre dispuesto a dar cuenta de sus decisiones y criterios ante quienes tengan derecho a conocerlas.
Prudencia. Antes que un principio, es una virtud, la principal en un banquero, y, en general, de un financiero, que está administrando fondos que no son suyos, de manera que debe entender siempre qué consecuencias pueden tener sus decisiones sobre sus clientes de activo y de pasivo, los propietarios de su entidad, los participantes en los mercados y los demás afectados por sus decisiones.
Fortaleza, constancia, paciencia. Virtudes, más que principios, que recuerdan que el financiero debe estar dispuesto a hacer frente a sucesos contrarios y no debe tener prisa en conseguir los resultados económicos de sus decisiones.
Hay, sin duda, otros principios aplicables a las finanzas: por ejemplo, todos los referentes a la persona, a la empresa y a la economía. Pero me parece que estos pueden servir para empezar a pensar en la ética financiera.

Los Comentarios de la Cátedra son breves artículos que desarrollan, sin grandes pretensiones académicas, algún tema de interés y actualidad sobre Responsabilidad Social de las Empresas.

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